Nota de los editores.

- Nam Myoho Rengue Kyo - Nam Myoho Rengue Kyo - Nam Myoho Rengue Kyo - Nam Myoho Rengue Kyo - Nam Myoho Rengue Kyo - Nam Myoho

1 de febrero de 2026

Gosho - La única frase esencial

 


La única frase esencial

El siguiente material ha sido extraído de Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 1, págs. 225 a 228.
Ante todo, el hecho de que usted haya tenido inquietudes y preguntas sobre el Sutra del Loto es fuente de gran buena fortuna. En esta época, el Último Día de la Ley, los que preguntan el significado de aun una sola frase o verso del Sutra del Loto son muchos menos que los que podrían arrojar el gran monte Sumeru a otro mundo, como si fuese una piedra, o los que podrían lanzar toda la galaxia a lo lejos de un puntapié, como si fuese una pelota. Son, incluso, menos que los que pueden abrazar y enseñar otros incontables sutras para lograr que los sacerdotes y laicos que los escuchen obtengan los seis poderes místicos. Igualmente raro es el sacerdote que puede explicar el significado del Sutra del Loto y responder con claridad preguntas referidas a él. El capítulo “Hoto”, del cuarto volumen del Sutra del Loto, establece el importante principio de los seis actos difíciles y los nueve actos fáciles. El hecho de que usted me haya preguntado sobre el Sutra del Loto es uno de los seis actos difíciles. Esto es indicio seguro de que, si abraza el Sutra del Loto, sin falta logrará manifestar la Budeidad. Ya que el Sutra del Loto define nuestra vida como la vida del Buda, nuestro corazón, como la sabiduría del Buda y nuestras acciones, como la conducta del Buda, todos los que abracen aun una sola frase o verso de este sutra y crean en él estarán dotados del beneficio de estas tres propiedades. Nam-myoho-renge-kyo es sólo una frase, pero contiene la esencia del sutra entero. Usted me preguntó si uno podía alcanzar la Budeidad con sólo invocar Nam-myoho-renge-kyo, y ésta es la pregunta más importante de todas. Es el corazón de todo el sutra y la sustancia de sus ocho volúmenes.
La estatura de una persona varía entre un metro cincuenta y un metro ochenta, pero su corazón se refleja en el rostro, de apenas treinta centímetros. Y el espíritu del rostro, a su vez, puede expresarse tan sólo en los ojos, que son mucho más pequeños. En la palabra “Japón” está todo lo que integra las sesenta y seis provincias de la nación: todos los habitantes y sus animales, los arrozales y los campos de labranza, las personas de alta y de baja estirpe, los nobles y los plebeyos, las siete clases de gemas y todos los demás tesoros, sin que falte nada. Del mismo modo, en el título, Nam-myoho-renge-kyo, se encuentra incluido, sin excepción, todo el sutra, que consta de ocho volúmenes, veintiocho capítulos y 69.384 caracteres. Por eso, Po Chü-i señaló que, para el sutra, el título es fundamental así como, para el Buda, los ojos son lo primordial. En el octavo capítulo de su Hokke Mongu Ki, Miao-lo señaló que el Hokke Gengi de T’ien-t’ai explica sólo el título, pero que allí está incluido el sutra entero. Con eso quiso decir que, aunque el texto se había resumido, la totalidad del sutra estaba incluida en el título en sí. Todo posee su punto esencial, y el corazón del Sutra del Loto es su título, Nam-myoho-renge-kyo. Por esa razón, si usted invoca esto por la mañana y por la tarde, está leyendo correctamente todo el Sutra del Loto. Invocar daimoku dos veces es lo mismo que leer todo el sutra dos veces; cien daimoku equivalen a haber leído el sutra un centenar de veces, y mil daimoku son mil recitaciones del sutra. Así pues, si usted invoca daimoku incesantemente, estará leyendo el Sutra del Loto en forma constante. Esto es lo que revelan los sesenta volúmenes de la doctrina de T’ien-t’ai. El Buda expuso esta Ley tan fácil de abrazar y tan fácil de practicar, en bien de toda la humanidad, en la época perversa del Último Día de la Ley. Un fragmento del Sutra del Loto dice: “Durante el Último Día de la Ley...”. Otro dice: “En el Último Día, cuando la Ley esté por perecer, la persona que abrace, lea y recite este sutra...”. Un tercero afirma: “En el Último Día de la Ley, el que abrace este sutra...”. Un cuarto fragmento señala: “En el quinto período de quinientos años después de mi muerte, lograd el kosen-rufu mundial...”. La intención de todas estas enseñanzas es advertir que en el Último Día de la Ley hay que abrazar el Sutra del Loto y creer en él. Los eruditos heréticos del Japón, la China y la India no pudieron comprender este obvio significado; siguieron y practicaron las enseñanzas de las escuelas Nembutsu, Shingon, Zen y Ritsu, del Budismo Hinayana o del Mahayana provisional, y desecharon el Sutra del Loto. Se equivocan en su comprensión del Budismo y no advierten su error. Como aparentan ser eruditos respetables, la gente confía en ellos sin dudar y sin saber que ellos confunden las enseñanzas del Budismo. Por eso, sin darse cuenta, se han convertido en enemigos del Sutra del Loto y en adversarios del buda Shakyamuni. El sutra afirma, con toda certeza, que sus aspiraciones no llegarán a concretarse, que tendrán una vida corta y, después de esta existencia, se verán condenados al infierno del sufrimiento incesante.
Aunque uno no lea ni estudie el sutra, el solo hecho de invocar su título es fuente de una inmensa buena fortuna. El sutra enseña que las mujeres, los hombres perversos y los que se encuentran en los estados de Infierno y de Animalidad —es decir, las personas de los Diez Estados— pueden manifestar su Budeidad. Esto es fácil de comprender, si imaginamos que cierta piedra extraída del fondo del río puede producir fuego, y que la llama de una vela es suficiente para alumbrar un sitio que ha estado a oscuras durante miles de millones de años. Si encontramos tales prodigios aun entre las cosas más simples de este mundo, ¡cuánto más prodigioso será el poder de la Ley Mística! La vida de los hombres y mujeres comunes está presa en los grilletes del karma negativo, los deseos mundanos y los sufrimientos innatos del nacimiento y la muerte. Pero debido a los tres potenciales inherentes a la naturaleza de Buda —la Budeidad innata, la sabiduría para tomar conciencia de ella y la acción de manifestarla—, nuestra vida puede llegar a revelar, sin ninguna duda, las tres propiedades. El gran maestro Dengyo declaró que el poder del Sutra del Loto le permite a cualquier persona manifestar su propia Budeidad. Lo señaló, porque hasta la hija del Rey Dragón pudo lograr la Budeidad mediante el poder del Sutra del Loto. No dude de esto en absoluto. Dígale a su esposo que se lo explicaré en detalle cuando lo vea.
Nichirenz

De mi puño y letra.


En el tercer día del séptimo mes, en el primer año de Koan (1278).
Antecedentes:
Un año antes de que Nichiren Daishonin inscribiera el Dai-Gohonzon, Myoho-ama le preguntó si se podía lograr la iluminación invocando sólo Nam-myoho-renge-kyo. La respuesta de aquel, fechada el 3 de julio de 1278, se dio en llamar “La única frase esencial”.
Se conoce muy poco acerca de Myoho-ama. Vivió en Okamiya, provincia de Suruga. Una carta escrita para ella, apenas once días después de ésta, alude al reciente fallecimiento de su esposo. Cabe suponer que éste debe de haber estado muy enfermo cuando Myoho-ama escribió la primera vez. Probablemente hizo la pregunta en nombre de su esposo enfermo, como también lo sugiere la frase final de esta carta. Cualquiera haya sido el caso, la mujer sobrevivió a su marido y a su hermano, y, evidentemente, fue una creyente sincera que disfrutó plenamente de la confianza de su maestro.
El Daishonin la alaba por preguntar eso y declara que Nam-myoho-renge-kyo es el corazón del sutra y que éste conduce a todas las personas a la iluminación. Concluye diciendo que aun cuando uno no tuviera la sabiduría para discernir el profundo significado del sutra, podría obtener inmensa buena fortuna y lograr la Budeidad invocando su título: Nam-myoho-renge-kyo.

Gosho - El exilio a Izu

 


El exilio a Izu

El siguiente material ha sido extraído de Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 2, págs. 57 a 62.
He recibido bollos de arroz envueltos en hojas de bambú, sake, arroz seco, pimientos, papel y otros artículos, del mensajero a quien se tomó la molestia de enviar. Él también me trans-mitió su mensaje de que esta ofrenda debía mantenerse en secreto. Lo comprendo.
El duodécimo día del quinto mes, tras ser exiliado, arribé a una playa de la cual nunca antes había oído hablar. Cuando me bajé del bote —todavía en condiciones lamentables—, usted gentilmente me tomó a su cuidado. ¿Cuál fue el destino que nos unió? Tal vez usted haya sido un devoto del Sutra del Loto en el pasado. Ahora, en el Último Día de la Ley, nació con el nombre de Yasaburo y se dedicó al oficio de botero, para apiadarse de mí. Quizá haya sido natural que se comportase así, puesto que es hombre. Pero su esposa podría haber sido más reacia a ayudarme. Sin embargo, ella me brindó alimentos, agua para lavarme las manos y los pies, y un trato sumamente considerado. Sólo puedo decir que fue algo prodigioso.
¿Qué lo llevó a creer en el Sutra del Loto y a hacerme ofrendas durante los treinta y tantos días que pasé allí? El administrador y la gente de ese distrito me han odiado y repudiado más que los de Kamakura. Los que me veían fruncían el entrecejo; otros, con sólo oír mi nombre, daban rienda suelta al desprecio. Pero, así y todo, a pesar de que me tocó estar allí durante el quinto mes, cuando el arroz escasea, usted me alimentó en secreto. Parecería casi como si mis padres hubieran renacido en Kawana, cerca de Ito, en la provincia de Izu.
El cuarto volumen del Sutra del Loto señala: “[Enviaré...] hombres y mujeres de fe pura, para entregar ofrendas a los maes-tros de la Ley”.1 El significado de este pasaje del sutra es que las deidades celestiales y las deidades benevolentes adoptarán diversas formas, como las de hombre y de mujer, y darán ofrendas para ayudar al que practica el Sutra del Loto. No puede haber dudas de que usted y su esposa nacieron como tales personas de fe pura, y ahora hacen ofrendas a Nichiren, el maestro de la Ley.
Puesto que ya le escribí con más detalles en otra oportunidad,2 esta carta será breve. Pero quisiera mencionar una cosa en particular. Cuando el administrador de este distrito me envió una petición, a fin de que yo orara para que él se recuperase de su enfermedad, me pregunté si debía aceptar. Pero ya que mostró cierto grado de fe en mí, decidí apelar al Sutra del Loto. Si yo lo hacía, no veía ninguna razón para que las diez demonios no sumaran sus fuerzas en mi ayuda. Por ende, me dirigí al Sutra del Loto, a Shakyamuni, a Taho y a los demás budas de las diez direcciones, a la deidad del Sol, a Hachiman y a las demás deidades, menores y mayores. Estaba seguro de que considerarían mi petición y me responderían. Por cierto, no es que me fueran a abandonar, pero quiero decir que su respuesta iba a ser tan intensa como cuando uno se frota una llaga o se rasca a causa de la picazón. Como era de esperar, el administrador se recuperó. Como muestra de gratitud, me obsequió con una estatua del Buda que habían sacado del mar junto con la redada de peces. Lo hizo porque, después de tanto tiempo, su enfermedad había desapareci-do; estoy seguro de que su dolencia le había sido infligida por las diez demonios. El beneficio de su recuperación se transmitirá a usted y a su esposa.
Los seres humanos hemos habitado en el mar de los sufrimientos del nacimiento y la muerte desde el tiempo sin comienzo. Pero ahora que decidimos ser devotos del Sutra del Loto, sin falta lograremos la entidad del Buda, indestructible como el diamante; comprenderemos que nuestro cuerpo y nuestra mente, que han exis-tido desde el tiempo sin comienzo, están dotados en forma intrínseca de la naturaleza eternamente invariable y así, con nuestra sabiduría mística, tomaremos conciencia de nuestra realidad mística. Entonces, es imposible que seamos distintos, en ningún aspecto, del Buda que apareció desde el mar. El buda Shakyamuni, maestro de las enseñanzas, quien declaró en el remoto pasado de gohyaku-jintengo “Yo soy la única persona [que puede rescatar y proteger a los demás]”3 no es otro que cada uno de nosotros, los seres humanos. Esta es la doctrina contenida en el Sutra del Loto sobre los tres mil estados presentes en cada instante de la vida; nuestra conducta es una demostración personal de la frase “Siem-pre estoy aquí, predicando la Ley”.4 ¡Qué valiosos, entonces, son para nosotros el Sutra del Loto y el buda Shakyamuni! Pero las personas comunes nunca tomamos conciencia de ello... Este es el significado del fragmento del capítulo “Duración de la vida” que afirma: “Lo hago para que los seres vivientes, en su perplejidad, no me vean ni siquiera cuando están cerca”. La diferencia entre la ilusión y la iluminación es como las cuatro perspectivas diferentes que se tienen del bosque de árboles sal.5 Sépase, entonces, que el Buda de los tres mil estados presentes en cada instante de la vida es cualquier ser vivo, en cualquiera de los planos de la existencia, que manifiesta su Budeidad innata.
El demonio que se presentó ante Sessen Doji era Taishaku disfrazado. La paloma que buscó la protección del rey Shibi era la deidad Bishukatsuma.6 El rey Fumyo,7 prisionero en el castillo del rey Hanzoku, fue el buda Shakyamuni, maestro de las enseñan-zas. Los ojos de los mortales comunes no pueden percibir sus verdaderas identidades, pero estas sí se ven con los ojos de la Budeidad. Como señala el sutra, el cielo y el mar poseen sendas por las cuales van y vienen las aves y los peces. Una estatua de madera [del Buda] es, en sí, un Buda de oro; y un Buda de oro es una estatua de madera. El oro de Aniruddha primero se vio con la forma de una liebre y, luego, como un cadáver.8 La arena que había en la palma de la mano de Mahanama se convirtió en oro.9 Estas cosas están más allá de la comprensión corriente. Un mortal común es un buda, y un buda es un mortal común. Éste es el significado exacto de los “tres mil estados presentes en cada momento de la vida”, y de la frase: “Yo, en verdad, logré la iluminación”.10
Por lo tanto, es muy posible que usted y su esposa hayan aparecido aquí como reencarnaciones del maestro de las enseñanzas, el Gran Iluminado Honrado por el Mundo, para ayudarme. Aunque la distancia entre Ito y Kawana es corta, no se nos permi-te comunicarnos abiertamente. Estoy escribiéndole esta carta para su futura referencia. No hable de estos asuntos con otras personas; en cambio, medite sobre ellos a solas. Si alguien supiera tan sólo que esta carta existe, usted se vería en graves problemas. Guárdela en lo profundo de su corazón y jamás hable de estas cosas. Con mi profunda consideración, Nam-myoho-renge-kyo.
Nichiren


En el vigésimo séptimo día del sexto mes, en el primer año de Kocho (1261).
Para ser enviada a Funamori Yasaburo.
1. Sutra del Loto, cap. 10.
2. Se conoce poco acerca de la carta a la que se hace referencia aquí, porque en la actualidad no existe otra que “El exilio a Izu”.
3. Sutra del Loto, cap. 3.
4. Ib., cap. 16.
5. El bosque de árboles sal fue el lugar en que el buda Shakyamuni expuso su última enseñanza, el Sutra del Nirvana, y donde falleció. El Sutra Zobo ketsugi define el sitio de cuatro maneras, según la capacidad y el estado de vida de las personas: 1) como un bosque compuesto de tierra, árboles, plantas y muros de piedra; 2) como un lugar adornado con siete clases de tesoros, por ejemplo, oro y plata; 3) como un sitio en el que todos los budas practican el Budismo y 4) como la tierra eterna e iluminada del Buda.
6. Bishukatsuma sirve a la deidad Taishaku, que vive en el monte Sumeru. Cuando Shakyamuni practicó austeridades en una existencia pasada con la identidad del rey Shibi, Taishaku adoptó la forma de un halcón, y Bishukatsuma, la de una paloma, para poner a prueba la sinceridad del Rey. Para salvar a la paloma, Shibi entregó la vida, pues ofreció su carne al hambriento halcón. La historia aparece en el Daichido ron.
7. Rey Fumyo fue uno de los nombres que adoptó Shakyamuni cuando se dedicaba a la práctica de observar los preceptos, en una existencia previa. Capturado por el rey Hanzoku, Fumyo casi fue ejecutado. Al lamentarse porque había prometido hacer ofrendas a cierto monje, y la muerte lo obligaba a romper su promesa, recibió un período de gracia de siete años. Entonces, regresó a su país, hizo ofrendas al monje y transfirió el trono a su hijo. Después de proclamar que cumplir las promesas era el precepto más importante, regresó para entregarse a su captor. Hanzoku quedó tan impresionado por la sinceridad de Fumyo, que lo liberó y se convirtió al Budismo.
8. Aniruddha fue uno de los diez discípulos principales de Shakyamuni, conocido como el primero en discernimiento divino. La historia figura en el Hokke mongu. Mucho tiempo atrás, un pratyekabuddha llamado Rida se dedicó a la práctica de pedir limosna, pero sin tener resultados. Al ver esto, un hombre pobre le ofreció mijo. Más tarde, cuando este indigente fue a buscar mijo, un conejo saltó sobre su espalda y se convirtió en un cadáver. Atemorizado, intentó quitárselo de encima, pero fue en vano. Sin embargo, tan pronto como regresó a su casa, el cadáver cayó y se transformó en oro. Al enterarse de lo sucedido, hombres perversos intentaron robárselo, pero sólo encontraron un cadáver. Sin embargo, a los ojos del hombre pobre, era un genuino tesoro que lo hizo rico. Noventa y un kalpas después, esta persona nació con la identidad de Aniruddha.
9. Mahanama fue uno de los cinco sacerdotes a quienes el padre de Shakyamuni, el Rey, les ordenó que acompañaran a su hijo cuando éste abandonó el mundo secular e ingresó en la vida religiosa. Lo siguieron y practicaron con él, pero lo abandonaron cuando éste renunció a las prácticas ascéticas. Sin embargo, poco después de que Shakyamuni logró la iluminación, les predicó su primer sermón, en el Parque de los Ciervos, y entonces ellos se convirtieron en sus primeros discípulos. Según el Sutra Zoichiagon, Mahanama poseía poderes ocultos. La historia de la “arena que (...) se convirtió en oro” se encuentra en el Tendai sandaibu hochu de Ts’ung-i.
10. Sutra del Loto, cap. 16: En lo que respecta a esta frase, Nichiren Daishonin dice en sus enseñanzas transmitidas oral-mente que “yo” indica a todas las personas, en cualquiera de los Diez Estados, mientras que “lograr la iluminación” significa que las personas de los Diez Estados pueden abrir su naturaleza de Buda inherente.
Antecedentes:
En el octavo mes de 1260, un grupo de seguidores de la escuela Nembutsu, enfurecido por la refutación al Budismo de la Tierra Pura que el Daishonin había efectuado en el “Rissho ankoku ron”, atacó su cabaña situada en Matsubagayatsu, en la región de Kamakura. Nichiren Daishonin, a duras penas, pudo escapar y refugiarse en la casa de su leal discípulo Toki Jonin, en la provincia de Shimosa. En la primavera de 1261, no obstante, regresó a Kamakura y reanudó su tarea de propagación.
En el duodécimo día del quinto mes de ese año, el gobierno obvió cualquier investigación oficial y lo sentenció sumariamente al exilio en Ito, localidad situada en la península de Izu y uno de los baluartes de la escuela Nembutsu. Los oficiales encargados de acompañarlo hasta Ito en una barca no se preocuparon de completar el trayecto y, sin más, lo abandonaron en una playa de Kawana, pequeña aldea de pescadores en la costa noroeste de la península de Izu. Allí, recibió el cobijo y el alimento que le brindaron Funamori Yasaburo y la mujer de éste. Yasaburo, pescador de oficio, era conocido como Funamori (literalmente, ‘administrador de barcas’); tanto él como su esposa se convirtieron en firmes seguidores del Daishonin. Al cabo de un mes, su presencia llegó a oídos de Ito Sukemitsu, administrador del distrito de Ito, quien lo convocó para que orara por la recuperación de su salud, pues estaba aquejado por una grave enfermedad. Sukemitsu se recuperó y pasó a ser un nuevo discípulo del Daishonin.
Cuando Nichiren Daishonin concurrió a Ito para orar por la mejoría del administrador, tanto Yasaburo como su esposa sintieron gran inquietud por la seguridad de aquel. A raíz de esto, Yasaburo envió un mensajero con diversas ofrendas. “El exilio a Izu”, escrito en el vigésimo séptimo día del sexto mes de 1261, es la respuesta que el Daishonin remitió por intermedio del mismo mensajero. El exilio tocó a su fin el vigésimo segundo día del segundo mes de 1263, ocasión en que el Daisho-nin retornó a Kamakura.