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miércoles, 5 de agosto de 2026

Gosho - Respuesta a Hoshina Goro Taro



UNA noche, el emperador Ming de la dinastía Han soñó [con un hombre de oro y despachó emisarios a la región occidental],1 tras lo cual los dos venerables, Kashyapa Matanga y Chu Fa-lan, viajaron a la China y llegaron por primera vez a las puertas de Ch’ang-an. Desde aquel momento hasta el reinado del emperador Hsüan-tsung, de la dinastía T’ang, las enseñanzas budistas de la India se propagaron por toda la China. Durante la dinastía Liang, el rey Syǒngmyǒng, del reino coreano de Paekche, introdujo el budismo por primera vez en el Japón. Esto sucedió durante el reinado de Kimmei, trigésimo emperador de nuestro país. De allí en adelante, todos los sutras y tratados se difundieron ampliamente, y en todo el Japón surgieron diversas escuelas budistas. Por ende, ¡qué gran fortuna es poder oír las enseñanzas predicadas en el Pico del Águila aun habiendo nacido en el Último Día de la Ley, y recoger con nuestras manos el agua del grandioso río del budismo, pese a habitar en un remoto rincón del mundo!

Sin embargo, un examen más cuidadoso nos muestra que hay que establecer diferencias en las enseñanzas del Buda; por ejemplo, entre el Hinayana y el Mahayana, entre las enseñanzas provisionales y la verdadera, o en función del orden en que fueron predicadas. Si usted confunde estas diferencias terminará albergando ideas erróneas y, aunque practique el budismo, su ofensa será peor que si cometiera las diez malas acciones o las cinco faltas capitales. Así pues, si usted renuncia al mundo secular y busca el Camino del budismo, antes que nada debe comprender este criterio de evaluación. De otro modo, se condenará a seguir los pasos del monje Costa del Sufrimiento y de otros que denigraron la Ley. Tal como afirma el Sutra del nirvana: «Si uno se aferra a ideas distorsionadas, en el momento de la muerte caerá sin falta en el infierno Avichi».

Pregunta: ¿Cómo podemos reconocer el error de las ideas distorsionadas? Aun sin poseer la sabiduría suficiente, me inquieta mi próxima existencia y he resuelto abrazar las enseñanzas budistas con toda mi capacidad. Por lo tanto, quiero conocer este criterio de evaluación, sea cual fuere. Si, en efecto, estuviera basándome en ideas distorsionadas, reflexionaré y adoptaré nociones correctas.

Respuesta: Es algo que no podemos discernir recurriendo a la visión de los mortales, ni tampoco con nuestra escasa sabiduría; debemos, entonces, emplear los sutras como ojos y dar prioridad a la sabiduría del Buda. No obstante, si esclarecemos dicho criterio, con seguridad muchos se enfurecerán y se llenarán de resentimiento. Que hagan lo que quieran; lo más importante es que nosotros honremos las palabras del Buda. Como norma, la gente de este mundo valora lo distante y desprecia lo cercano, pero esta forma de actuar es propia de los ignorantes. Incluso lo distante, si es incorrecto debe ser repudiado, así como no debe descartarse lo cercano si concuerda con la verdad. Aunque la gente venere [las enseñanzas de sus predecesores], si ellas son erradas ¿cómo podríamos aplicarlas hoy en día?

Me dicen que los eruditos de las diez escuelas —⁠las tres de la China meridional y las siete de la China septentrional⁠— fueron hombres de virtud y de autoridad tan descollantes que durante más de quinientos años se los veneró en todo el país. Sin embargo, el gran maestro T’ien-t’ai, que vivió cuando reinaron los emperadores de las dinastías Ch’en y Sui, examinó las doctrinas de aquellos y denunció que eran erróneas. Al enterarse, la población le tomó una tremenda inquina; sin embargo, los emperadores de Ch’en y de Sui,2 sabios soberanos, convocaron a T’ien-t’ai para que debatiera con los sacerdotes de las diez escuelas y resolviera la cuestión. Entonces, quedó claramente establecido lo correcto y lo erróneo. A partir de ese momento, todos los sacerdotes revisaron los principios distorsionados que venían sosteniendo sus escuelas desde hacía quinientos años y decidieron hacerse seguidores del gran maestro T’ien-t’ai. Y en nuestro propio país, el gran maestro Kompon [Dengyo] del monte Hiei debatió con los grandes eruditos de Nara y de Kioto, y estableció la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto en las enseñanzas budistas. En todos los casos, T’ien-t’ai y Dengyo basaron sus argumentos en los sutras.

Pese a ello, nuestros contemporáneos —⁠clérigos o creyentes laicos, nobles o plebeyos⁠— reverencian a las personas y no valoran la Ley. Toman su propia mente como maestro y no se basan en los sutras. Por consiguiente, adoptan las enseñanzas provisionales del Nembutsu y descartan la maravillosa escritura del gran vehículo; o emplean las doctrinas erradas de la escuela Palabra Verdadera para denigrar la enseñanza correcta del único vehículo genuino. ¿No son, acaso, detractores del gran vehículo? Si es verdad lo que afirman los sutras, ¿cómo podrán escapar de los sufrimientos del infierno? Y aquellos que sigan sus enseñanzas distorsionadas también padecerán el mismo destino.

Pregunta: Usted sostiene que las enseñanzas del Nembutsu y de la escuela Palabra Verdadera son doctrinas provisionales o erróneas, y que sus practicantes son personas de ideas distorsionadas o detractoras de la Ley. Pero esto me parece muy cuestionable: el gran maestro Kobo fue una manifestación de Vajrasattva, y fue, también, un bodhisattva que llegó al tercer nivel de desarrollo.3 La doctrina de la escuela Palabra Verdadera es la enseñanza secreta más profunda. Por otra parte, el reverendo Shan-tao fue la reencarnación de El Que Así Llega Amida, señor de la Tierra del Oeste, y el honorable Honen fue la reencarnación del bodhisattva Gran Poder. ¿Cómo se atreve a afirmar que sacerdotes tan honorables fueron hombres de ideas erróneas?

Respuesta: Desde luego, no debe formularse este tipo de críticas en torno a opiniones personales; la cuestión tiene que ser esclarecida sobre la base de los sutras. La creencia de que las enseñanzas de la escuela Palabra Verdadera representan el más profundo de todos los secretos deriva de afirmar que el Sutra del susiddhikara debería ser considerado rey de los tres sutras de la escuela Palabra Verdadera.4 Mas en ninguna parte de los sutras leemos que la enseñanza de la escuela Palabra Verdadera sea la más elevada de todas las enseñanzas de El Que Así Llega.

En el budismo, se considera suprema la enseñanza que permite a todas las personas, buenas o malas, llegar a ser budas. Con toda seguridad, este es un parámetro razonable que cualquiera puede entender. Mediante este principio podemos comparar los diversos sutras y establecer cuál es superior. El Sutra del loto revela que incluso las personas de los dos vehículos pueden lograr la iluminación, pero los sutras de la escuela Palabra Verdadera no afirman nada semejante. Por el contrario, lo niegan en forma categórica. El Sutra del loto enseña que las mujeres son capaces de lograr la Budeidad, pero los sutras de la escuela Palabra Verdadera no lo mencionan en absoluto. En el Sutra del loto está escrito que las personas malvadas pueden alcanzar la iluminación, pero en los sutras de la escuela Palabra Verdadera no hay nada al respecto. ¿Cómo afirmar, entonces, que los sutras de Palabra Verdadera son superiores al Sutra del loto?

Además, si consideramos las señales que precedieron cada prédica, veremos que cuando se predicó el Sutra del loto ocurrieron seis portentos. Entre ellos, la lluvia de flores que cayó del cielo, los temblores que estremecieron la tierra y el rayo de luz que emitió el Buda desde el mechón blanco de su entrecejo, tan alto que llegó hasta el cielo de la Cumbre del Ser y tan intenso que iluminó las simas del infierno Avichi. Además, irrumpió de la tierra la Torre del buda Muchos Tesoros, y aparecieron desde las diez direcciones los budas que eran manifestaciones corpóreas de Shakyamuni. Por añadidura, los Bodhisattvas de la Tierra, liderados por Prácticas Superiores, surgieron desde lo profundo de la tierra, cada uno con un séquito numeroso como los granos de arena de sesenta mil ríos Ganges, de cincuenta mil, cuarenta mil, treinta mil y así sucesivamente, hasta llegar a igualar los granos de arena de un río Ganges, la mitad de ellos y todas las fracciones siguientes. Puestos a considerar eventos tan imponentes y extraordinarios, ¿quién podría insistir en que los sutras de la escuela Palabra Verdadera son superiores al Sutra del loto? No tengo tiempo de seguir extendiéndome en estas cuestiones; apenas he traído a colación una gota del océano.

Tengo aquí conmigo una copia del Tratado sobre la mente que aspira a la iluminación, obra en un volumen atribuida al bodhisattva Nagarjuna. En ella leemos: «Sólo con las enseñanzas de la escuela Palabra Verdadera uno puede lograr la Budeidad con la forma que posee, porque dichas enseñanzas exponen la práctica meditativa del samadhi. En ninguna otra clase de enseñanzas se puede encontrar esta afirmación». Como tales palabras me resultaron dudosas en extremo, las examiné a la luz de los sutras. Descubrí que, aunque las enseñanzas de la escuela Palabra Verdadera contienen la expresión «lograr la Budeidad con la forma que cada uno posee», no mencionan de manera concreta a nadie que lo haya logrado. Y aunque hubieran nombrado a alguien, el logro de la Budeidad con la forma que cada uno posee también está expuesto en el Sutra del loto, razón por la cual Nagarjuna no debería haber proclamado que «en ninguna otra clase de enseñanzas se puede encontrar esta afirmación». Es un burdo error.

La verdad, sin embargo, es que ese tratado no pertenece a Nagarjuna. Se lo explicaré detalladamente en otra ocasión. No obstante, aun cuando se tratara de un escrito del bodhisattva Nagarjuna, un error es siempre un error. En su Tratado sobre la gran perfección de la sabiduría, Nagarjuna hace referencia a un punto vital cuando establece la diferencia entre las enseñanzas expuestas por el buda Shakyamuni durante su vida: «Los Sutras de la sabiduría no son enseñanzas secretas, porque no mencionan el logro de la Budeidad en las personas de los dos vehículos. El Sutra del loto es una enseñanza secreta, porque contiene dicha mención». También afirma: «Los sutras que exponen el logro de la Budeidad en las personas de los dos vehículos son enseñanzas secretas, y aquellos que no lo hacen son enseñanzas exotéricas».

Si uno se basa en las palabras del Tratado sobre la mente que aspira a la iluminación, no sólo debe contradecir de manera específica el Tratado sobre la gran perfección de la sabiduría, de Nagarjuna, sino de manera más general negar, incluso, la única gran razón por la que los budas advienen a este mundo. Nagarjuna, Vasubandhu y otros nacieron en este mundo para propagar las enseñanzas del buda Shakyamuni. Nagarjuna fue uno de los veinticuatro sucesores del Buda. ¿Es posible, entonces, que haya expuesto una interpretación tan errónea?

Los sutras de la escuela Palabra Verdadera son inferiores incluso a los Sutras de la sabiduría. ¿Cómo, entonces, podríamos compararlos con el Sutra del loto? Sin embargo, en su escrito La preciada llave del tesoro secreto, Kobo sostiene que todas las enseñanzas que el Buda predicó durante su vida están contenidas en las enseñanzas de la escuela Palabra Verdadera. Y no sólo relega el Sutra del loto al tercer lugar, sino que lo descarta como una doctrina de «teorías pueriles». Sin embargo, cuando abro con toda reverencia el Sutra del loto, encuentro que el Buda declara que este «es lo más prominente de todo lo que han predicado Los Que Así Llegan»,5 y que es el más excelso «de todos los sutras que he predicado, predico y predicaré».6 En las diez semejanzas del capítulo «Rey de la Medicina», el Sutra del loto es comparado con el océano, con el sol y con el monte Sumeru. En tal caso, ¿podría haber algo más profundo que el océano, más brillante que el sol o más alto que el monte Sumeru? Usted debería reconocer la verdad a través de estas comparaciones. ¿En qué se basa Kobo para proclamar que los sutras de la escuela Palabra Verdadera son superiores al Sutra del loto? No encontramos ningún pasaje de esta naturaleza en el Sutra Mahavairochana ni en los otros sutras. Kobo, al confiar sólo en su propio criterio, profanó para siempre la intención del Buda.

El gran maestro Miao-lo manifiesta: «Quienes tengan ojos, que examinen esto minuciosamente».7 ¿Acaso no tiene ojos quien considera el Sutra del loto inferior al Sutra de la guirnalda de flores? En el Sutra del nirvana leemos: «A las personas que denigran la enseñanza correcta del Buda debería cortárseles la lengua». ¡Ah, qué lamentable será que esas lenguas que denigran la Ley ya no profieran más palabras en un mundo tras otro, y que, en existencia tras existencia, los ojos cegados por las concepciones falsas caigan de sus órbitas, incapaces de ver! Además, el Sutra del loto sostiene: «El que no tiene fe en este sutra y, en cambio, actúa contra él [...]. Cuando su vida concluya, entrará en el infierno Avichi».8 Si tal afirmación es válida, Kobo seguramente caerá en la gran ciudadela del infierno del sufrimiento incesante, donde padecerá agonías durante inmensurables millones de kalpas. En este ejemplo, debería reconocer, también, el destino que encontraron Shan-tao y Honen. ¿Qué persona dotada de sabiduría se adentraría en la corriente de enseñanzas tan contrarias a la Ley, tan sólo para ser consumido junto con esos hombres entre las llamas del infierno Avichi? Es algo que los practicantes del budismo en verdad deberían temer; se trata de individuos de ideas profundamente distorsionadas. Al respecto, en las auténticas palabras de oro de El Que Así Llega encontramos: «[Este rey demonio Papiyas intentará, con el tiempo] destruir mi enseñanza correcta. Será como un cazador que cubre su cuerpo con una túnica sacerdotal. Adoptará la apariencia de alguien que ha alcanzado el nivel de los que cruzan la corriente, el nivel de los que regresan una vez o el de los que no regresan, o la apariencia de un arhat,9 un pratyekabuddha o un buda, y tratará de destruir mi enseñanza correcta».10

Shan-tao y Honen, haciendo alarde de diversos poderes majestuosos, engañaron a sacerdotes ignorantes y a creyentes laicos, y conspiraron para destruir la enseñanza correcta de El Que Así Llega. En especial, los seguidores de la escuela Palabra Verdadera hacen hincapié exclusivamente en los beneficios mundanos. Utilizan animales como objetos de devoción y elevan plegarias no sólo para satisfacer la pasión amorosa del hombre y de la mujer, sino también para saciar su deseo de adquirir feudos y otras posesiones. Luego ensalzan estos resultados triviales como si se tratara de extraordinarios beneficios. No obstante, si pretenden reivindicar de este modo la supremacía de la escuela Palabra Verdadera, ni siquiera llegan a la altura de los no budistas de la India. El asceta Agastya guardó las aguas del río Ganges en su oído durante doce años. El asceta Jinu se tragó los cuatro grandes océanos en un solo día, y el maestro no budista Uluka se convirtió en piedra y permaneció así durante ochocientos años. ¿Cómo pensar que las oraciones de la escuela Palabra Verdadera puedan superar todos estos logros? El asceta Gautama11 adoptó la forma de la deidad Shakra y predicó durante doce años, mientras que Kobo se convirtió en Vairochana durante un solo instante. Juzgue por usted mismo quién posee mayores poderes. Si opina que este tipo de transformaciones son realmente importantes, sería mejor que creyera en practicantes no budistas.

Así y todo, es necesario saber que aun teniendo esa clase de poderes asombrosos, los practicantes no budistas no pudieron eludir las llamas del infierno Avichi, para no hablar de aquellos con ínfimos poderes de transformación. Menos aun podrán evitar ese destino quienes actúen contra el gran vehículo. Los sacerdotes de la escuela Palabra Verdadera son malos amigos de todos los seres vivos. Evítelos, témalos... El Buda señala: «¡No temáis a elefantes enfurecidos! ¡Es a los malos amigos a quienes debéis realmente temer! ¿Por qué razón? Porque un elefante fuera de control sólo puede destruir vuestro cuerpo, pero no, vuestra mente. Sin embargo, un mal amigo puede destruiros tanto el cuerpo como la mente. Un elefante enfurecido puede destruir un solo cuerpo, pero un mal amigo es capaz de destruir incontables cuerpos e infinidad de mentes. Un elefante furioso sólo destruye un cuerpo impuro y fétido, pero un mal amigo puede destruir tanto un cuerpo puro como una mente pura. Un elefante furibundo puede destruir el cuerpo físico, pero un mal amigo destruye el cuerpo del Dharma. Aunque os mate un elefante furioso, no caeréis en los tres malos caminos. Pero si un mal amigo os destruye, sin falta os hundiréis en ellos. Un elefante enfurecido es sólo enemigo de vuestro cuerpo, pero un mal amigo es un enemigo de la buena Ley».12 Por ende, más que a las serpientes ponzoñosas o a los demonios malevolentes, uno debe temer a los malos amigos que siguen a Kobo, Shan-tao y Honen. Esta es sólo una breve explicación del error de sostener ideas distorsionadas.

El mensajero lleva tanta prisa que sólo alcancé a escribir una pequeña parte de todo lo que tenía para decirle. Cuando surja otra oportunidad en el futuro, volveré a escribirle examinando los sutras y comentarios en detalle. No le muestre esta carta a nadie. Si sobrevivo hasta ese momento, en el otoño del año entrante iré a visitarlo y a dialogar con usted, tal como me lo ha solicitado.


Con mi profundo respeto,


Nichiren


En el quinto día del duodécimo mes.

 

Respuesta a Hoshina Goro Taro


Antecedentes


Nichiren Daishonin escribió esta carta en el duodécimo mes del cuarto año de Bun’ei (1267), a los cuarenta y seis años, y la dirigió a Hoshina Goro Taro, que vivía en la provincia de Kazusa, al norte de Awa. Se cree que Hoshina era vasallo de Sakuma Hyogo, señor feudal de Okitsu, y que se había convertido a las enseñanzas del Daishonin en el otoño de 1264, junto con su amo, cuando el Daishonin regresó a su provincia natal de Awa.

A juzgar por esta carta, la única dirigida a Hoshina que se conserva, cabe suponer que en épocas anteriores este había sido seguidor de la escuela Palabra Verdadera, que luego se convirtió a la enseñanza del Daishonin y que, desde entonces, mantuvo una fe pura.

En este escrito, el Daishonin refuta las posiciones de las escuelas Nembutsu y Palabra Verdadera mencionando brevemente los argumentos que, luego, desarrollará en sus posteriores advertencias a los funcionarios gubernamentales y a los sacerdotes de los templos más importantes. En primer lugar, señala que en las escrituras budistas deben establecerse distinciones de superioridad relativa, como la clasificación entre Hinayana y Mahayana, o entre enseñanzas provisionales y verdaderas. De todos los sutras, el Sutra del loto es el más excelso; pero los sacerdotes del Nembutsu y de la escuela Palabra Verdadera confunden los criterios apropiados de comparación y, basados en este error, denigran el Sutra del loto. El Daishonin, basado en el mismísimo texto de los sutras, critica las concepciones de esos sacerdotes y asevera que la única base sólida para establecer juicios de valor son los textos de las escrituras y no, las opiniones personales. En especial, censura las prácticas de los sacerdotes de la escuela Palabra Verdadera, que aspiran tan sólo a obtener beneficios materiales y vanos. El Daishonin concluye que se debe reconocer la supremacía del sutra que permite a todas las personas alcanzar la Budeidad.


Notas


1. Referencia a un episodio de la vida del emperador Ming (28-75) quien, según la tradición, soñó con un hombre de oro que levitaba sobre el jardín. Al despertar, el soberano preguntó a sus ministros sobre el significado del sueño. Uno de ellos dijo haber oído mencionar el nacimiento de un venerable en la región occidental, durante el reinado del rey Chao de la dinastía Chou, y afirmó que ese venerable había recibido el nombre de «Buda». El Emperador, entonces, envió dieciocho emisarios a la región occidental en busca de las enseñanzas del Buda. A solicitud de dichos emisarios, dos monjes budistas indios viajaron a la China en 67 d. C. portando escrituras e imágenes sobre sus caballos blancos.

2. Los emperadores Ch’en y Sui son, respectivamente, Ch’en Shu-pao, quinto y último soberano de la dinastía Ch’en, y el emperador Yang Ti, segundo soberano de la dinastía Sui.

3. Tercero de los diez niveles de desarrollo, el nivel de la emisión de luz, en el cual uno irradia la luz de la sabiduría. Véase, en el Glosario, «cincuenta y dos niveles de la práctica del bodhisattva».

4. Aunque la escuela Palabra Verdadera considera que el Sutra del susiddhikara es inferior a sus otras dos escrituras principales, el Sutra Mahavairochana y el Sutra de la corona de diamantes, aquel es especialmente venerado en el esoterismo Tendai creado por Jikaku. El Daishonin se refiere aquí a la afirmación de Jikaku de que dicha escritura es la más elevada de todas las escrituras esotéricas.

5. Sutra del loto, cap. 14.

6. Ib., cap. 10.

7. Comentario sobre «Profundo significado del “Sutra del loto”».

8. Sutra del loto, cap. 3.

9. Aquí se hace referencia a los que han alcanzado, respectivamente, los cuatro niveles de iluminación a que aspiran los practicantes del budismo Hinayana. En orden ascendente, son el nivel de los que cruzan la corriente (en sánscrito, srota-apanna), el nivel de los que regresan una vez (sakridagamin), el nivel de los que no regresan (anagamin) y el nivel de los arhats. Véase, en el Glosario, «cuatro niveles de iluminación del Hinayana».

10. Otra versión de un pasaje del Sutra del nirvana.

11. Ermitaño de un pasado remoto mencionado en el Sutra del nirvana, diferente del buda Gautama o Shakyamuni. El Sutra del nirvana afirma: «El asceta Gautama exhibió grandes poderes sobrenaturales y, durante doce años, se transformó en la deidad Shakra...».

12. Sutra del nirvana.

Gosho - Razones por las cuales escribí «Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra»



En el primer año de la era Shoka (1257), signo cíclico hinoto-mi, el vigésimo tercer día del octavo mes, cuando la hora del perro da paso a la hora del jabalí (cerca de las nueve de la noche), se registró un terremoto de magnitud sin precedentes. En el segundo año de la misma era, signo cíclico tsuchinoe-uma, el primer día del octavo mes, soplaron fuertes vientos. En el tercer año, signo cíclico tsuchinoto-hitsuji, se produjo una gravísima hambruna. En el primer año de la era Shogen (1259), signo cíclico tsuchinoto-hitsuji, estalló una epidemia que azotó el país sin dar cuartel a lo largo de las cuatro estaciones del año siguiente, signo cíclico kanoe-saru. Por entonces, ya había muerto más de la mitad de la población. El gobernante del país, alarmado por el curso de los acontecimientos, recurrió a las escrituras del budismo y a los escritos no budistas en busca de ayuda, y ordenó que se elevaran diversas plegarias. Pero ninguna de ellas surtió efecto. Por el contrario, el hambre y las epidemias rebrotaron con más virulencia que nunca.

Yo, Nichiren, al ver ese panorama, procedí a consultar la voluminosa colección de las escrituras budistas. Allí descubrí el motivo por el cual dichas oraciones no producían efecto alguno sino que, a la inversa, sólo agravaban la situación. Además, encontré pruebas documentales que fundamentaban mi hallazgo. Finalmente, no tuve más recurso que compilar una obra para exponer el resultado de mis investigaciones, y la titulé Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra. En el primer año de la era Bunno (1260), signo cíclico kanoe-saru, el decimosexto día del séptimo mes, a la hora del dragón (entre las siete y las nueve de la mañana), la entregué al sacerdote laico Yadoya1 para que este la dejara en manos de Su Señoría, el sacerdote laico del Saimyo-ji, hoy fallecido. Lo único que me inspiró a actuar así fue el deseo de saldar mi deuda de gratitud con la tierra en que he nacido.

La esencia de dicho documento es la siguiente. El budismo fue introducido en el país procedente del reino de Paekche durante el reinado del emperador Kimmei, trigésimo de los soberanos humanos entre los cien monarcas que sucedieron a los siete reinados de las deidades celestiales y los cinco reinados de deidades terrenales. Desde ese momento hasta la coronación del emperador Kammu, quincuagésimo de los monarcas humanos, transcurrieron unos doscientos sesenta años, en los cuales se difundieron a lo largo del país las seis escuelas y diversas escrituras del budismo. Pero, hasta ese momento, las escuelas T’ien-t’ai y Palabra Verdadera aún eran desconocidas en el Japón.

Durante el reinado del emperador Kammu vivió un joven sacerdote llamado Saicho (quien luego sería conocido como el gran maestro Dengyo), discípulo del administrador sacerdotal Gyohyo del templo Yamashina-dera. Estudió exhaustivamente las seis escuelas que se habían propagado en el país hasta entonces y, también, la doctrina del Zen, pero ninguna de ellas pareció dejarlo satisfecho. Antes, durante el reinado del emperador Shomu, había llegado al Japón el reverendo Chien-chen (Ganjin), oriundo de la China de la dinastía T’ang, portando consigo los comentarios de T’ien-t’ai. Cuarenta años después o tal vez más, Saicho fue la primera persona que los leyó en profundidad y logró comprender el significado esencial del budismo.

En el cuarto año de la era Enryaku (785), Saicho fundó un templo sobre el monte Hiei para asegurar la continuidad de la paz en los cielos y en la tierra. El emperador Kammu honró este nuevo establecimiento designándolo lugar de veneración para elevar oraciones a la estrella guardiana del Regente. Dejó de dar crédito a las enseñanzas de las seis escuelas para depositar su fe sincera y absoluta en las doctrinas perfectas de la escuela Tendai.

El decimotercer año de la era Enryaku, el Emperador trasladó la capital desde Nagaoka hasta la ciudad de Heian.2 El vigésimo primer año de la misma era, el decimonoveno día del primer mes, el Emperador convocó a catorce grandes eruditos de las seis escuelas, provenientes de los siete templos principales de Nara, entre los cuales se contaban sacerdotes como Gonzo y Choyo. Los hizo acudir al templo Takao-dera y allí les ordenó que enfrentaran a Saicho en un debate religioso. Pero estos maestros de las seis escuelas no pudieron imponerse a Saicho ni siquiera en el más simple intercambio de opiniones, hasta que al final, sus bocas fueron tan incapaces de proferir palabras como sus narices. Ninguna de sus doctrinas quedó en pie: ni las cinco enseñanzas de la escuela Guirnalda de Flores, ni los tres períodos de la escuela Características del Dharma ni tampoco los dos acervos y los tres períodos postulados por la escuela Tres Tratados.3 Pero, además de refutar las enseñanzas de las seis escuelas, Saicho demostró que todas ellas contradecían la doctrina verdadera. El vigésimo noveno día del mismo mes, el Emperador promulgó un edicto donde criticaba con dureza a los catorce contendientes que habían debatido con Saicho. A su vez, estos sacerdotes escribieron y enviaron al Emperador una carta disculpándose por su conducta.

Desde ese momento, todos los soberanos fueron leales al monte Hiei y lo trataron con mayor respeto que el que depara a sus padres un hijo consciente de la devoción filial; le mostraron mayor temor y reverencia que los que siente el pueblo ante el poderío del gobernante. En ocasiones, los emperadores promulgaron edictos para honrarlo; otras veces, se vieron obligados a aprobar sus injustas exigencias. En particular, debe destacarse que el emperador Seiwa pudo ascender al trono gracias a las poderosas oraciones del reverendo Eryo, del monte Hiei.4 Por este motivo, Kujo, ministro de la Derecha y abuelo materno del Emperador, firmó un compromiso escrito jurando lealtad al monte Hiei. También hay que recordar que Minamoto no Yoritomo, general de la Derecha [y fundador del sogunato de Kamakura], fue descendiente del emperador Seiwa. Sin embargo, las autoridades actuales de Kamakura, ya sea que administren el gobierno de manera correcta o incorrecta, ignoran al monte Hiei y le vuelven las espaldas. ¿Acaso no temen la retribución de los cielos?

En la época del emperador retirado Gotoba, durante la era Kennin (1201-1204), vivieron dos hombres arrogantes llamados Honen y Dainichi, de cuyos cuerpos tomaron posesión las funciones demoníacas. Ambos se dedicaron a engañar a nobles y plebeyos en todo el país, hasta lograr que cada habitante se convirtiera a la escuela Nembutsu o, en su defecto, a la escuela Zen. El número de los que siguieron respetando al monte Hiei fue menguando en forma sorprendente, de la misma manera que mermó su pasión; y en todo el país, los sacerdotes versados en el Sutra del loto o en las enseñanzas de la escuela Palabra Verdadera se vieron tratados con rechazo o indiferencia.

A raíz de esto, la Diosa del Sol, el gran bodhisattva Hachiman y las deidades de los siete templos de Sanno5 —⁠que custodian y protegen el monte Hiei⁠—, así como las otras grandes deidades benevolentes que resguardan las distintas regiones del país ya no pudieron deleitarse con el sabor de la Ley. Su fuerza y su brillo fueron debilitándose cada vez más, hasta que, por fin, abandonaron el país. De ese modo, las funciones demoníacas ingresaron en el territorio para causar calamidades y desastres. Estos desastres, como señalé en mi recordatorio, eran el presagio de que nuestro país acabaría destruido por una potencia extranjera.

Luego, en el primer año de la era Bun’ei (1264), signo cíclico kinoe-ne, el quinto día del séptimo mes, apareció un cometa procedente del Este cuya luz iluminó todo el territorio del Japón. Se trató de un portento maligno, como nadie jamás hubiese visto desde los comienzos de la historia. Ninguno de los estudiosos versados en escrituras budistas o en enseñanzas no budistas pudo comprender la causa de tan funesto presagio. Mi aflicción y mi inquietud no hicieron más que aumentar. Ahora, a nueve años de haber presentado mi tesis [al sacerdote laico del Saimyo-ji], el primer mes intercalar de este año llegó una carta oficial del gran reino de los mongoles. Vemos así que los acontecimientos coinciden con las predicciones que formulé en mi recordatorio tan exactamente como las dos mitades de una tarja.

El Buda predijo: «Cien años o más después de mi muerte, aparecerá en el mundo un gobernante llamado Ashoka el Grande, que esparcirá mis reliquias en todas las direcciones».6 En tiempos del rey Chao, cuarto monarca de la dinastía Chou, el gran historiador Su Yu vaticinó: «[Ha nacido un venerable en la región occidental.] Dentro de mil años, sus palabras llegarán a este país».7 El príncipe Shotoku predijo: «Después de mi muerte, cuando hayan pasado doscientos años o más, en la provincia de Yamashiro se fundará la ciudad de Heian».8 Y el gran maestro T’ien-t’ai pronosticó: «Doscientos años o más después de mi muerte, renaceré en un país oriental y difundiré mi enseñanza correcta».9 Todas estas predicciones se han cumplido al pie de la letra.

Cuando yo, Nichiren, presencié el gran terremoto de la era Shoka, el tremendo vendaval y la hambruna que se produjeron en esa misma época, y el grave brote epidémico que tuvo lugar el primer año de la era Shogen, predije: «Estos son presagios cuya finalidad es anunciar que nuestro país será destruido por una nación extranjera». Aunque dé la impresión de estar jactándome por el acierto de mi vaticinio, si nuestro país es arrasado, eso significará también, con toda seguridad, la destrucción de las enseñanzas budistas.

Los eminentes sacerdotes budistas de nuestra época parecen tener la misma mentalidad que los que actúan contra la Ley. A decir verdad, ni siquiera entienden el verdadero significado de las enseñanzas que proclaman sus propias escuelas. Es seguro que si el Emperador o las autoridades del gobierno les ordenan elevar plegarias para ahuyentar los 
males que hostigan al país, sólo conseguirán enfurecer más aún a los budas y deidades, y la nación no tendrá otro remedio que hacer frente a la ruina.

Yo, Nichiren, sé las medidas que hay que tomar para resolver la situación. Fuera del venerable del monte Hiei,10 soy la única persona en todo el Japón que lo comprende. Y así como no hay dos soles o dos lunas, tampoco se encontrará a dos venerables juntos, uno al lado del otro. Si esto que digo es falso, que me castiguen las diez demonios, protectoras del Sutra del loto que yo abrazo. Mi único propósito al hablar así es el bienestar de la nación, de la Ley y de los demás, no mi propio beneficio. Cumplo, además, en informarle que en el futuro iré a visitarlo personalmente. Si no presta oídos a mi consejo, con seguridad tendrá que lamentarlo después.


Con mi profundo respeto,


Nichiren


En el quinto día del cuarto mes, quinto año de Bun’ei (1268), signo cíclico tsuchinoe-tatsu.

 

Al reverendo Hokan


Antecedentes


En el primer mes de 1268, llegó a Kamakura una comitiva enviada por el Kubilai Khan para entregar un mensaje al sogunato. Implícitamente, el Imperio mongol intimaba al Japón a que reconociera su soberanía y se subordinara a él. Los enviados regresaron sin portar respuesta alguna, y el gobierno japonés comenzó a tomar medidas para defender el país de un posible ataque extranjero.

En ese momento, Nichiren Daishonin escribió este breve texto conocido como Razones por las cuales escribí «Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra», y lo envió a un sacerdote llamado Hokan. Poco se sabe sobre él: era un prelado budista que se movía en los círculos gubernamentales. El Daishonin explica las circunstancias que lo condujeron a escribir la mencionada tesis ocho años antes, y señala que la llegada de los emisarios mongoles para exigir lealtad convalida la predicción de invasión extranjera que él había formulado en dicho tratado.

En el décimo mes de ese mismo año, Nichiren Daishonin se dirigió por escrito a once funcionarios de alto rango y líderes religiosos del Japón, como el regente Hojo Tokimune; el sacerdote Doryu, perteneciente al templo Kencho-ji de la escuela Zen, y el sacerdote Ryokan, perteneciente al templo Gokuraku-ji de la escuela Preceptos-Palabra Verdadera. En tal ocasión, señaló que las predicciones contenidas en la tesis Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra se estaban comenzando a cumplir, y solicitó la oportunidad de demostrar la validez de sus enseñanzas en un debate público religioso. Ninguna de estas cartas obtuvo respuesta.


Notas


1. Yadoya Mitsunori, funcionario jerárquico cercano a Hojo Tokiyori (1227-1263), el Regente retirado. A Tokiyori se lo conocía como el «sacerdote laico del Saimyo-ji».

2. Antiguo nombre de Kioto. Anteriormente, la capital había sido trasladada de Nara a Nagaoka.

3. Sistemas mediante los cuales estas escuelas pretendían clasificar la totalidad de las escrituras budistas. Las cinco enseñanzas de la escuela Guirnalda de Flores eran el Hinayana, el Mahayana elemental, el Mahayana final, la enseñanza repentina y la enseñanza perfecta. Los tres períodos de la escuela Características del Dharma dividen los sutras en: 1) la enseñanza de que los elementos de la existencia son reales; 2) la enseñanza de que todo es no sustancial; 3) la enseñanza del Camino Medio. Los dos acervos de la escuela Tres Tratados son las enseñanzas para los que escuchan la voz y las enseñanzas para los bodhisattvas; los tres períodos de esta escuela son: 1) la doctrina de que la mente y la realidad objetiva son reales; 2) la doctrina de que sólo la mente es real; y 3) la doctrina de que tanto la mente como la realidad objetiva carecen de sustancia.

4. El emperador Seiwa (850-880), en su juventud conocido como príncipe Korehito, fue el cuarto hijo del emperador Montoku. Según afirma la tradición, este no podía decidir a cuál de sus hijos varones nombrar sucesor. Por eso, enfrentó a Korehito con otro de sus hermanos en un torneo de lucha sumo para dirimir la cuestión. Se dice que triunfó el príncipe Korehito porque el sacerdote Eryo, de la escuela Tendai, había orado por él. El «abuelo materno del Emperador», que aparece en la siguiente frase, se refiere a Fujiwara Yoshifusa (804-872), que sentó las bases para la prosperidad de su clan.

5. Sanno se refiere al Santuario de Sanno, otro de los nombres con que se conoce al Santuario de Hie, situado al pie del monte Hiei. Sanno, o Rey de la Montaña, es una de las denominaciones de las principales funciones protectoras del santuario, venerada como la deidad guardiana del monte Hiei y de la escuela Tendai. Los siete templos principales están emplazados en el predio del Santuario de Hie.

6. Paráfrasis de un pasaje de Historia de los sucesores del Buda. «Mis reliquias» se refiere tanto a los restos físicos del Buda como a las enseñanzas que él expuso.

7. Registro del linaje del Buda y de los patriarcas. Esta obra señala que, en el vigésimo cuarto año (generalmente, atribuido a 1029 a. C.) del reinado del rey Chao, la noche del octavo día del cuarto mes, el cielo fue atravesado por rayos de luz de cinco colores, la tierra fue sacudida de seis maneras diferentes y las fuentes de agua, ríos, corrientes y estanques rebalsaron sin que hubiese llovido. El rey Chao se alarmó, pero su gran historiador Su Yu realizó diversos rituales y anunció: «Ha nacido un venerable en la región occidental. Dentro de mil años, sus palabras llegarán a este país». Se dice que, tal como lo predijo, mil quince años después de la muerte del Buda, durante el reinado del emperador Ming, en el décimo año de la era Yung-p’ing (67 d. C.) las doctrinas del budismo llegaron a la China.

8. Paráfrasis de un pasaje de Compilación de registros sobre el príncipe Jogu. En 794, doscientos años después de la muerte del príncipe Shotoku (o Jogu) en 622, la capital fue trasladada a Heian, hoy ciudad de Kioto.

9. La cita pertenece a Crónica del reverendo Tao-sui sobre la transmisión de la Ley. Cuando Tao-sui conoció a Dengyo, una vez que este había llegado a la China procedente del Japón, identificó a Dengyo como la reencarnación de T’ien-t’ai, basado en la propia predicción de este último.

10. El «venerable» del monte Hiei se refiere al gran maestro Dengyo.