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domingo, 18 de enero de 2026

Extractos de Nichiren - El odaimoku como eje central del mandala, relacion entre escencia y manifestacion en la iconografia budista



En la tradición budista, el Odaimoku —el elemento central del mandala de Nichiren— representa la esencia fundamental de todo lo que existe, siendo la fuente originaria de todas las formas en que la realidad se hace presente. En las representaciones visuales, sus trazos escritos se extienden sobre los demás símbolos holográficos, formando una imagen que evoca un Buda que abraza con su luz todo el universo, incluyendo todos los seres y todas las formas en que estos se manifiestan.

El llamado "Buda esencial" —cuya máxima expresión es el Odaimoku central— es la causa que genera tanto a todos los Budas como a todo ser con capacidad de sentir. A su vez, cada uno de estos seres y cada figura budista muestra, de manera inherente y trascendente, la naturaleza de ese Buda esencial. Esta relación crea un ciclo completo e integrado: el gran Mandala cósmico, donde causa y efecto se conectan mutuamente.
Así, el Mandala no es solo una imagen gráfica, sino un símbolo de la interdependencia que rige todo lo real. No hay una jerarquía fija entre la esencia budista y sus manifestaciones, sino una correspondencia profunda que une al universo en una sola totalidad y reconoce que todo ser tiene la potencialidad de alcanzar la iluminación budista.

Texto editado y compartido por: Biblioteca Nichiren de Guillermo Cabanelas

Extractos de Nichiren - Los mandalas de Nichiren: Sintesis doctrinal y sincretismo en el budismo medieval

 


Figura 1


Figura 2


Figura 3

La figura de Nichiren (1222-1282) emerge en un contexto histórico japonés caracterizado por una intensa política eclesiástica, donde las escuelas budistas competían no solo por afirmar su doctrina como verdadera, sino también por obtener el patronazgo imperial —un requisito fundamental para su supervivencia institucional. En este escenario de disputas doctrinales y tensiones políticas, Nichiren desarrolló una enseñanza que configuró una notable síntesis sincrética de las corrientes budistas de su época, manifestándose con particular claridad en la iconografía de sus mandalas.
Uno de los aportes más significativos a la iconografía Nichiren, proviene del budismo esotérico Shingon, fundado por Kūkai. Entre los elementos adoptados se destacan las figuras de Aizen Myōō (el Buddha de la Pasión Transformada) y Fudō Myōō (el Buddha Inmutable), conocidos en terminología académica como vidyarājas o "reyes de la sabiduría mantrica".
Esta influencia se observa de manera paradigmática en los Mandalas de Nichiren donde Aizen y Fudō aparecen dispuestos a cada lado del Gohonzon. (Ver detalle en Figura 3).
Esta disposición no solo evidencia el conocimiento erudito y la formación estética de Nichiren, sino también su capacidad para reinterpretar símbolos preexistentes dentro de su propio marco doctrinal.
A diferencia del Shingon, cuyo mandala centraliza a Mahāvairocana como el Buddha Dharmakāya (cuerpo de la Ley) acompañado de budas secundarios —entre ellos Amitābha—, Nichiren reconfiguró esta estructura. Este distanciamiento doctrinal se fundamenta en su rechazo a corrientes que no tomaban como eje central el Saddharmapuṇḍarīkasūtra (Sutra del Loto), considerando que el desplazamiento de la Ley (Dharma) como núcleo cósmico del mandala era un desvío doctrinal. .
Un precedente relevante en la reconfiguración de la iconografía esotérica se encuentra en Kakuban (1095-1143), monje shingon que buscó revitalizar la tradición esotérica sustituyendo a Mahāvairocana por Amitābha, en respuesta a la proliferación del culto a este último entre los hijiris (ascetas itinerantes) y la devoción popular.
Si bien ambos líderes religiosos adaptaron la iconografía existente a las demandas de su época, Nichiren diferenció su propuesta por motivos dogmáticos fundamentales: mientras Kakuban mantenía un enfoque centrado en la figura de un Buddha, Nichiren situaba al Dharma mismo como el principio originario. No obstante, en algunos Mandalas nichiren se incluye a Mahāvairocana como una manifestación emanativa de la Ley, lo que sugiere una concepción inclusiva donde todos los budas son expresiones del Buddha esencial (hon-butsu) (本仏).
Una de las innovaciones más destacadas de Nichiren radica en la conversión del mandala en un objeto de acceso democrático. Mientras los mandalas shingon requerían técnicas pictóricas complejas y materiales costosos —inaccesibles para la mayoría de los devotos—, los mandalas nichiren adoptaron una forma caligráfica, confeccionados con tinta sumi sobre un simple papel.
En el centro de esta estructura visual se sitúa el Odaimoku —la fórmula "Namu Myōhō Renge Kyō" (Homenaje a la Sublime Ley del Sutra del Loto)—, que funciona como el axis mundi de la iconografía nichiren. Además, se incluye a Shakyamuni como el Buddha Nirmāṇakāya (cuerpo manifestado históricamente) a la izquierda del Odaimoku, consolidando la unión entre la Ley eterna y su revelación histórica. Ver detalle en Figura 2.
Los mandalas de Nichiren constituyen un ejemplo paradigmático de sincretismo religioso reflexivo, donde elementos de tradiciones preexistentes son reelaborados dentro de un marco doctrinal coherente. Esta operación intelectual y visual no solo permitió a Nichiren afirmar la singularidad de su enseñanza, sino también construir una iconografía accesible y profundamente arraigada en las corrientes budistas de su tiempo, configurando así uno de los aportes más originales al patrimonio religioso y cultural de Japón.
Mandala Shingon del Mundo Matriz, mostrando la disposición original de Mahāvairocana, Fudō Myōō está presente bajo el loto de ocho pétalos. (Figura 1)
Y Aizen tenía igual relevancia al punto de tener su propio mandala. (Figura 2)
Mandala Nichiren (Gohonzon caligráfico), ilustrando la reconfiguración doctrinal con el Odaimoku como eje central y la disposición adaptada de las figuras esotéricas de Aizen a la izquierda y Fudō a la derecha. ( Figura 3)

Texto editado y compartido por: Biblioteca Nichiren de Guillermo Cabanelas