El Juzu, nenju, mala o rosario budista en el budismo de Nichiren tiene un significado muy especial en la práctica, ya que nos permite trasladar nuestra voz al invocar en el tacto de sentirlo en nuestras manos. Antaño, se utilizaba para llevar la cuenta del número de daimokus recitados, y aunque queda gente que aún lo utiliza como contador su uso es más simbólico. Como cualquier rosario budista, tiene 108 cuentas que representan los 108 deseos mundanos que transformaremos en iluminación con la práctica del día a día. Pero además, tiene otras cuentas y elementos, que podemos ver en el siguiente esquema:
En el ovoide, además de las 108 cuentas de los deseos, hay dos cuentas mayores y cuatro cuentas menores o separadores.
Las cuentas mayores representan a Shakyamuni (Cuenta materna: intencionalidad de producir buenas causas. Subjetividad) y a Tahô Nyorai (Cuenta paterna: esclarecer nuestros deseos. Objetividad).
Las cuatro cuentas menores representan a los cuatro bodhisattvas de la tierra:
– Aire (Muhengyô): el aire que nos rodea es infinito. La vida es infinita. La esencia de todos los fenómenos que percibimos. Representa las prácticas ilimitadas.
– Fuego (Jôgyô): el fuego esclarece nuestro yo interior. Yo dirijo mi vida. Representa las prácticas superiores.
– Tierra (Anryûgyô): la tierra que pisamos es el mundo en el que vivimos. En este mundo somos felices, la fe nos mueve. Representa las prácticas firmemente establecidas.
– Agua (Jyogyô): el agua cristalina es transparente y pura. La pureza conduce a la felicidad. No hay obstáculos. Representa las prácticas puras.
La cuenta del esclarecimiento (Tendai) refleja la fusión de la realidad y la sabiduría.
Los acumuladores o recipientes nos permiten almacenar las buenas causas. Los retenedores o pompones impiden que las buenas causas se desvanezcan.
