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miércoles, 18 de febrero de 2026

Gosho - El Invierno Siempre se Convierte en primavera

 

Si el sol y la luna no estuvieran en el cielo, ¿cómo podrían crecer las plantas? Los niños usualmente tienen un padre y una madre, y es difícil para ellos cuando uno de sus padres muere. Su esposo tuvo que dejar atrás a una hija, a un hijo enfermo y a usted, su esposa, que es enfermiza.

¿A quién podría confiarle su familia antes de dejar este mundo? Al final de su vida, el Señor Buda se lamentó: “Ahora estoy a punto de entrar al nirvana. Lo único que inquieta a mi corazón es el rey Ajatashatru”. El bodhisattva Kashyapa¹ entonces le preguntó: “Como la misericordia del Buda es imparcial, su pesar y tristeza al morir deben provenir de su misericordia hacia toda la humanidad. ¿Por qué piensa solamente en el rey Ajatashatru?”

El Buda respondió: “Supongamos que una pareja tiene siete hijos y uno de ellos se enferma. A pesar de que los padres aman a todos los hijos por igual, se preocupan más por el niño enfermo”.² T’ien-t’ai citó este pasaje en el Maka Shikan. Para el Buda, todas las personas son sus hijos. Al igual que los padres que se preocupan por el hijo enfermo, de toda la gente el Buda se preocupa más por un hombre lo suficientemente malvado como para asesinar a sus propios padres y convertirse en enemigo de las enseñanzas del Buda. El rey Ajatashatru era el soberano de Magadha. Asesinó a su padre, el rey Bimbisara, un poderoso patrocinador de Shakyamuni, y se convirtió en enemigo del Buda. Como consecuencia, los cielos lo abandonaron, el sol y la luna cambiaron su ritmo y la tierra se estremeció violentamente como si quisiera desecharlo. Todos sus súbditos llegaron a oponerse al budismo, y los reinos vecinos comenzaron a atacar a Magadha.

Todo esto sucedió porque el rey Ajatashatru tomó al malvado Devadatta como su maestro. Finalmente, el día quince del segundo mes, llagas de lepra le brotaron por todo el cuerpo y se predijo que moriría y caería en el infierno de sufrimiento incesante el séptimo día del tercer mes. Entristecido por eso, el Buda estaba renuente a entrar en el nirvana. Se lamentó diciendo: “Si solo puedo salvar al rey Ajatashatru, toda la otra gente malvada también puede salvarse”. Su difunto esposo tuvo que dejar atrás a su hija y a su hijo enfermo. Debió de haberle preocupado profundamente que su anciana esposa, tan débil como un árbol mustio, quedara sola para ocuparse de sus hijos. Las persecuciones que padeció Nichiren también debieron de haber pesado mucho sobre su corazón.

Puesto que las palabras del Buda no son falsas de manera alguna, el Sutra del Loto se propagará sin falta. Sabiendo eso, su esposo debió de haber sentido que algo maravilloso pasaría y que este sacerdote un día sería altamente respetado. Cuando me exiliaron, él debió de haberse preguntado cómo era posible que el Sutra del Loto y las Yurasetsu permitieran que eso ocurriera. Si todavía estuviera vivo, ¡qué dichoso estaría al ver que habían perdonado a Nichiren! ¡Cuán contento se sentiría al ver mis predicciones cumplidas, ahora que el Imperio mongol ha atacado a Japón y que el país está en crisis! Tales son los sentimientos de los seres mortales. Es como si aquellos que creen en el Sutra del Loto estuvieran viviendo el invierno, que nunca deja de convertirse en primavera. Jamás he visto ni oído que el invierno se convierta en otoño.

Tampoco he oído de creyente alguno del Sutra del Loto que haya permanecido como mortal común. Un pasaje del sutra reza: “Entre aquellos que oyen sobre esta Ley, no habrá ninguno que no logre la budeidad”.³ Su esposo dio su vida por el Sutra del Loto. Su sustento dependía enteramente de un pequeño feudo, y este le fue confiscado debido a su fe. Esto seguramente fue igual a dar su vida por el Sutra del Loto. Sessen Dōji ofreció su vida por tan solo media estrofa de una enseñanza budista, y el bodhisattva Yakuō se quemó los codos como ofrenda al Buda. Ambos eran santos, así que podían soportar estas austeridades tan fácilmente como el agua se vierte sobre el fuego. Pero su esposo era un mortal común, así que estaba a merced de sus sufrimientos, como el papel puesto al fuego. Por tanto, él seguramente recibirá beneficios tan grandes como los de ellos. Él podrá estar mirando a su esposa y a sus hijos en los espejos del sol y la luna a cada momento del día y de la noche. Como usted y sus hijos son mortales comunes, ustedes no lo pueden ver ni oír; pero tampoco un sordo puede oír los truenos ni un ciego ver el sol. No dude de que él está cerca, protegiéndolos. Justo cuando estaba pensando que, si fuera posible, debería ir a verla de alguna manera, usted hizo que me enviaran un manto hasta aquí. Su solícita atención llegó de manera totalmente inesperada.

Dado que el Sutra del Loto es el más noble de todos los sutras, puede ser que yo aún llegue a tener influencia en esta vida. Si resulta así, puede sentirse segura de que cuidaré a sus hijos, esté usted viva o no. Cuando estuve en Sado y durante mi estancia aquí, usted envió a su sirviente para ayudarme. Ni en esta ni en vidas futuras olvidaré jamás lo que usted ha hecho por mí. No fallaré en retribuir mi deuda de gratitud para con usted. Nam-Myoho-Renge-Kyo, Nam-Myoho-Renge-Kyo.

Con mi profundo respeto,
Nichiren

El quinto día del primer mes de Kenji (1275)


Notas:

  1. Kashyapa: figura del Sutra de Nirvana, no el discípulo cercano de Shakyamuni del mismo nombre.

  2. Sutra de Nirvana.

  3. Sutra del Loto, cap. 2.


Antecedentes históricos:

Un año después de que Nichiren Daishonin regresara de la isla de Sado y se retirara al Monte Minobu, le escribió a Myōichi-ama, una creyente que era familiar de Nisshō, uno de los seis principales sacerdotes discípulos del Daishonin. Le envió varias cartas y, a través de ellas, podemos reconocer que ella era una gran creyente, bien educada y, además, de condición física débil. Esta carta data de mayo de 1275.

Habiendo perdido a su esposo, encontró muy difícil criar sola a sus dos hijos. Nichiren Daishonin se preocupaba por Myōichi-ama y la alentó para que no se apesadumbrara por la muerte de su esposo. En un pasaje citado muy a menudo, él dice que es como si los creyentes del Sutra del Loto estuvieran viviendo el invierno, que nunca falla en convertirse en primavera. Es decir, por medio de la fe en el Gohonzon, todos los sufrimientos pueden transformarse inevitablemente en felicidad, y sus creyentes podrán, con toda seguridad, disfrutar de la primavera en sus vidas.