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sábado, 21 de febrero de 2026

Gosho - Respuesta a un Creyente

 


Acabo de recibir su carta. considerando cómo los desastres han ocurrido uno tras otro después del exilio de Nichiren,1 ¿se atreverían ellos a intentar continuar persiguiéndonos? Siento que ya no lo harán, pero las personas que están al borde de la ruina son capaces de cualquier cosa. Si alguna persecución estuviera por ocurrir, seguramente habría augurios. Aunque yo fuera exiliado nuevamente, ello ocasionaría diez mil millones de veces mayor buena fortuna que si mis enseñanzas fueran aceptadas. El siguiente exilio sería el tercero. Si esto ocurriera, el Sutra del Loto nunca podría acusarme de ser un devoto cobarde. Yo bien podría convertirme en el heredero de los beneficios de Shakiamuni, de Tajo y de todos los otros Budas de las diez direcciones, así como de los innumerables Bodisatvas de la Tierra. ¡Qué maravilloso sería si esto llegara a ocurrir! Seguiré el camino de Sessen Doyi y viviré como lo hizo el Bodisatva Fukio. En comparación con tal vida, ¡cuán miserable y carente de significado sería el caer víctima de una epidemia o simplemente morir de vejez! Preferiría mucho sufrir la persecución del gobernante de este país por causa del Sutra del Loto, y así liberarme de los sufrimientos del nacimiento y de la muerte. Entonces, podría probar las promesas que la Diosa del Sol, Hachiman, los dioses del sol y de la luna, Taishaku y Bonten hicieron en presencia del Buda. Sobre todo, les urgiré a proteger a cada uno de ustedes. Si usted continúa viviendo como lo está haciendo ahora, no hay duda que está practicando el Sutra del Loto las veinticuatro horas del día. Considere el servicio a su amo como la práctica del Sutra del Loto. [El Hokke Guengui señala exactamente este punto cuando declara:] “Ningún asunto de la vida o del trabajo es de manera alguna diferente de la realidad fundamental”.2 Entiendo perfectamente lo que usted dijo en su carta. 

Con mi profundo respeto, Nichiren 

El undécimo día del cuarto mes. 


Notas: 

1. El gobierno en Kamakura exilió a Nichiren Daishonin a la Península Izu de mayo de 1261 a febrero de 1263 y luego a la Isla Sado de octubre de 1271 a marzo de 1274. Según los sutras, las ofensas contra la Ley Verdadera y la persecución de su devoto provocarán desastres tales como terremotos, inundaciones, sequías, hambrunas, incendios y las otras calamidades que estaban azotando a Japón en esa época. Además, la invasión extranjera y los disturbios internos se agregaban a la agitación social, exactamente como el Daishonin lo había predicho en su tratado, “Rissho Ankoku Ron”. 

2. Un comentario en el Jokke Guengui Vol. 1 de T’ien-t’ai sobre un pasaje del capítulo Josshi Kudoku (19°) del Sutra del Loto que reza: “Y lo que él predique según su comprensión nunca contradirá la verdad. Todos los asuntos que él predique relacionados con el aprendizaje, el gobierno, el lenguaje y la vida cotidiana concordarán con la Ley Verdadera”. Antecedentes históricos: Se cree que esta carta fue escrita en Minobu en abril de 1278, cuando Nichiren Daishonin tenía cincuenta y seis años de edad, pero la fecha exacta y el destinatario no se saben con certeza. A juzgar por su contenido, es posible que fuera escrita a Shiyo Kingo, uno de sus más fervientes seguidores que vivía en Kamakura. En ese entonces, Shiyo Kingo estaba en una situación precaria. Su amo y sus compañeros guerreros en la mansión le mostraban abierto resentimiento por su fe en las enseñanzas del Daishonin. Sin embargo, él mantuvo su fe con denodada firmeza a pesar de los grandes peligros que lo acechaban. En la primera parte, Nichiren Daishonin expresa que está dispuesto a afrontar cualquier persecución como el devoto del Sutra del Loto. En la última parte, alienta a sus seguidores, diciendo que no importa qué obstáculos pueda encarar una persona, no hay vida más afortunada y significativa que la dedicada al Sutra del Loto. También enseña que el trabajo y la fe no son dos cosas separadas: que empeñarse en los asuntos de la vida cotidiana con base en la fe es, en sí misma, la práctica budista. En otras palabras, la fe no existe separada de la vida diaria, sino que se revela en el reino de los asuntos mundanos.