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jueves, 19 de febrero de 2026

Gosho - El general Tigre de Piedra

 


El día veintidós de este mes, recibí todo lo que usted me envió desde Shinano: tres kan¹ de monedas, un costal de arroz blanco, cincuenta pasteles de arroz, un recipiente grande y uno pequeño de bambú con sake, cinco bultos de caquis pasados y diez granadas, además de la lista que usted incluyó con estos regalos. Un soberano es apoyado por la gente, y ella, por su parte, vive bajo su protección. La ropa nos protege del frío y la comida nos alimenta, así como el aceite mantiene el fuego ardiendo y el agua mantiene con vida a los peces. Las aves anidan en la parte alta de los árboles por miedo de que los hombres les hagan daño, pero descienden para alimentarse y son capturadas en trampas. Los peces que viven en el fondo de un estanque temen que sea demasiado poco profundo y cavan hoyos para esconderse y, sin embargo, atraídos por la carnada, muerden el anzuelo.

Ningún tesoro que posea el hombre es más precioso que la comida y la bebida, la ropa y la medicina. Yo, Nichiren, no soy tan saludable como otros y, además, moro en este remoto bosque montañoso. Este año fue especialmente difícil, con las epidemias generalizadas y la hambruna en la primavera y en el verano, que se recrudeció en el otoño y en el invierno. Mi enfermedad empeoró nuevamente, pero usted me recetó varias medicinas y me las envió junto con ropa acolchada de seda. Gracias a sus remedios, he mejorado sostenidamente; ahora me he recuperado y me siento mucho mejor que antes. Tanto el Iuga-ron del Bodhisattva Maitreya² como el Dairon del Bodhisattva Nagarjuna dicen que, si la enfermedad de uno es causada por el karma inmutable, incluso la mejor medicina se convertirá en veneno, pero que, si la persona cree en el Sutra del Loto, el veneno se convertirá en medicina. A pesar de ser indigno del honor, Nichiren propaga el Sutra del Loto; por eso, los demonios compiten unos con otros para privarle de comida. Como entiendo eso, no tengo quejas, pero creo que esta vez sobreviví únicamente porque el Buda Shakyamuni lo envió a usted para ayudarme.

Basta con eso. Estuve muy preocupado por su viaje de regreso a casa la última vez y me encuentro rebosante de alegría al enterarme de que llegó sano y salvo a Kamakura. Tanta fue mi ansiedad que le pregunté a todo el mundo que llegaba aquí desde Kamakura por usted. Una persona dijo que se había encontrado con usted en Yumoto; otra, que casualmente lo encontró más adelante en Kozu; y cuando una tercera me dijo que lo había visto en Kamakura, me sentí muy aliviado. De ahora en adelante, no debe venir a visitarme personalmente a menos que sea absolutamente necesario. Cuando tenga algo urgente que decirme, envíe a un mensajero. De hecho, estuve profundamente preocupado por usted en su último viaje. Un enemigo tratará de bajarle la guardia para poder atacarlo. Si resulta que tiene que viajar, no escatime el costo de un buen caballo. Lleve a sus mejores soldados con usted para que lo defiendan contra cualquier ataque sorpresivo y use un caballo que pueda llevarlo fácilmente con su armadura.

En el octavo volumen del Maka Shikan y en el octavo volumen del Guketsu de Miao-lo se dice: “Cuanto más fuerte sea la fe de uno, tanto mayor será la protección de los dioses”. Esto quiere decir que la protección de los dioses depende de la fuerza de la fe que uno tenga. El Sutra del Loto es una espada bien afilada, pero su fuerza depende de la persona que la esgrima. Entre aquellos que propagan este sutra en el Último Día de la Ley, ¿quién podría compararse con Shariputra, Mahakashyapa, Kannon, Myo’on, Monju e Yakuo? Shariputra y Mahakashyapa, que eran de los dos vehículos, habían destruido todas las ilusiones del pensamiento y del deseo y así se habían liberado de los seis senderos. Los otros, todos bodhisattvas, habían erradicado las cuarenta y una ilusiones³ y se estaban acercando a la perfección, tal como la luna llena en la noche antes de alcanzar su plenitud. Sin embargo, Shakyamuni Buda rehusó confiarles la misión de propagar la fe a cualesquiera de esas personas y, en cambio, se la encargó a los Bodhisattvas de la Tierra. Por lo tanto, estos Bodhisattvas de la Tierra son quienes habían forjado completamente su fe. La madre del poderoso guerrero General Li Kuang⁴ fue devorada por un tigre feroz. Él vislumbró la bestia y le disparó una flecha, pero entonces descubrió que lo que había visto era solamente una piedra. La flecha se había alojado profundamente en la piedra. Se sorprendió y trató de repetir su proeza, pero no pudo penetrar la piedra por segunda vez. Más tarde llegó a ser conocido como el General Tigre de Piedra. La fuerza de voluntad que usted tiene es comparable a la de él. Aunque los enemigos lo acechan, su firme fe en el Sutra del Loto ha prevenido las persecuciones antes de que pudieran comenzar. Al darse cuenta de esto, debe fortalecer su fe aún más que nunca. Es imposible decir todo lo que quiero decir en una sola carta.

Con mi profundo respeto,
Nichiren

El día veintidós del décimo mes del primer año de Koan (1278)

Notas:

  1. Kan: Una antigua unidad monetaria que consistía en 1.000 monedas ensartadas en una cuerda. Los huecos en algunas monedas japonesas modernas se derivan de esta tradición.

  2. Maitreya: No el contemporáneo y discípulo cercano de Shakyamuni, sino un erudito budista del siglo III o IV en la India. El Iuga-ron, o Iugashiyi-ron (sánscrito, Yogacarabhumi-sastra), constituye su obra principal.

  3. Cuarenta y una ilusiones: Las enseñanzas tardías de Shakyamuni dividen las ilusiones en cuarenta y dos categorías. La última categoría es la oscuridad fundamental innata en la vida.

  4. Li Kuang (m. 119 a. C.): General de la dinastía Han Anterior. Según el Shih Chi o Archivos del Historiador, vol. 109, él servía al emperador Wu y sobresalía en el tiro con arco. El cuento sobre su búsqueda de venganza contra el tigre aparece en el Konjaku Monogatari Shu (Cuentos de Antaño), vol. 10, que relata que su madre fue asesinada por el tigre, mientras otro episodio asevera que fue el padre quien fue asesinado.

Antecedentes históricos:

Esta carta fue escrita en el décimo mes de 1278, cuando el Daishonin sufría de alguna enfermedad. Parece que Shiyo Kingo había visitado al Daishonin para curarlo. El Daishonin describe vívidamente las dificultades de vivir en su retiro aislado y expresa su agradecimiento por varios regalos de comida, ropa y medicina. En el otoño de 1277, una virulenta epidemia asolaba Japón y, justo cuando parecía ser el peor momento para Kingo, el Amo Ema contrajo una enfermedad y estaba a punto de morir. El Amo Ema antes había privado a Kingo de su finca; ahora que estaba en un estado crítico, no tenía otro recurso sino pedirle tratamiento a Kingo.

El Amo Ema se recuperó rápidamente y, al año siguiente, recompensó generosamente a Kingo y le devolvió las tierras que le había incautado. De nuevo mostró profunda confianza en Kingo asignándole tres nuevas parcelas de tierra. Sin embargo, la vida de Kingo aún estaba en peligro, porque sus compañeros samurái ahora sentían intensos celos hacia él debido a los favores que estaba recibiendo, y el Daishonin le aconseja que evite el peligroso viaje al Monte Minobu en el futuro. A Kingo le advierte que tenga cuidado al viajar y que mantenga una fe fuerte para que pueda continuar disfrutando de la protección de los dioses budistas.