He recibido dos kan¹ de monedas. El tesoro más importante de los seres sintientes no es otro que la vida misma. Quien mata está destinado a caer en los tres senderos del mal. Los reyes giradores de ruedas observaban el precepto de “no matar” como el primero de los diez buenos preceptos². El Buda predicó los cinco preceptos³ como el punto de partida de los sutras Hinayana y colocó el “no matar” como el primero de ellos. El Buda también enseñó el “no matar” como el primero de los diez preceptos más importantes⁴ en el Sutra Bommo del Mahayana. El capítulo Yurio del Sutra del Loto contiene los beneficios del precepto del Buda Shakyamuni de “no matar”⁵. Como consecuencia, los que matan serán abandonados por todos los Budas de las tres existencias, y los dioses de los seis cielos del mundo del deseo⁶ no los protegerán.
Los estudiosos de nuestra época están conscientes de esto, y yo, Nichiren, también tengo una comprensión general acerca de ello. Sin embargo, las circunstancias del acto de matar varían, y la ofensa de la persona asesinada puede ser grave o leve. Si uno mata al asesino de sus padres, de su soberano o de su maestro, entonces, a pesar de cometer la misma ofensa de matar, su pecado grave, en efecto, se convierte en uno más leve.
Esto también es algo que nuestros estudiosos contemporáneos saben. Pero incluso los bodhisattvas, en su gran compasión, si hacen ofrendas a los enemigos del Sutra del Loto, seguramente caerán en el infierno de incesante sufrimiento. Por otra parte, incluso los que cometen los cinco pecados cardinales, si odian a dichos enemigos, definitivamente renacerán en los dominios humanos o celestiales.
El Rey Sen’io⁷ y el Rey Utoku⁸, quienes habían destruido quinientos e innumerables enemigos del Sutra del Loto, respectivamente, se convirtieron en el Buda Shakyamuni de este mundo. Los discípulos de Shakyamuni, tales como Majakashiapa, Ananda, Shariputra, Maudgaliahiana y otros incontables seguidores, fueron quienes, en esa época, habían estado a la vanguardia de la batalla y habían dispersado a los enemigos, matándolos, hiriéndolos o regocijándose en la lucha.
El monje Kakutoku se convirtió en el Buda Kasho. Él fue uno de los más compasivos devotos del Sutra del Loto, quien en esa época instó al Rey Utoku a atacar a los enemigos del sutra como lo haría contra una persona que hubiera traicionado a su padre y a su madre desde una vida previa. Nuestra época corresponde a aquella. Si el gobernante estuviera dispuesto a aceptar las palabras de Nichiren, llegaría a ser como esos dos reyes.
Pero no solamente las rechazó, sino que efectivamente se puso del lado de los enemigos del Sutra del Loto; por eso el país entero me ataca a mí, Nichiren. Desde el gobernante hasta la gente del común, todos se han convertido en transgresores cuya ofensa excede incluso los cinco pecados cardinales.
Todos ustedes pertenecen al lado del gobernante. Aunque en su corazón usted esté del mismo parecer que Nichiren, su persona está al servicio de su amo, por lo que parecería extremadamente difícil que evitara la ofensa de complicidad en transgresión. Sin embargo, usted le ha comunicado esta enseñanza a su amo y lo ha instado a que crea en ella. ¡Cuán admirable! Aunque él no la acepte ahora, usted ha podido evitar la ofensa de complicidad.
De ahora en adelante, debe tener cuidado con lo que diga. Los dioses celestiales lo protegerán sin falta, y yo mismo les diré que lo hagan. Por favor, tome toda precaución posible. Quienes lo odian estarán aún más atentos para buscar la oportunidad de hacerle daño.
No asista a más fiestas nocturnas. ¿Qué tiene de malo beber alcohol solo en compañía de su esposa? Aunque asista a banquetes con otros durante el día, nunca baje la guardia. Sus enemigos no tendrán oportunidad de atacarlo a menos que se aprovechen de un momento en el que usted esté bebiendo alcohol.
Tenga muchísimo cuidado.
Con mi profundo respeto,
Nichiren
El vigésimo sexto día del noveno mes
Notas
¹ Kan: Antigua unidad monetaria que consistía en mil monedas ensartadas en una cuerda. Los agujeros en algunas monedas modernas japonesas se derivan de esta tradición.
² Diez buenos preceptos: Preceptos para creyentes laicos del Mahayana que prohíben los diez actos malvados: asesinato, robo, adulterio, mentira, discurso irresponsable o adulador, difamación, duplicidad, avaricia, ira y mantener puntos de vista equivocados.
³ Cinco preceptos: Preceptos básicos para budistas laicos: no matar, no robar, no cometer adulterio, no mentir y no ingerir alcohol ni estupefacientes.
⁴ Diez preceptos más importantes (Sutra Bonno):
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no matar
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no robar
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no cometer adulterio
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no mentir
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no vender alcohol
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no hablar de las faltas de otros
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no alabarse a sí mismo ni despreciar a otros
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no regatear ofrendas ni escatimar esfuerzos por el bien del budismo
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no dejarse llevar por la ira
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no hablar mal de los tres tesoros
⁵ Capítulo Yurio (16°): “La Duración de la Vida del Tathagata”, que revela la eternidad de la iluminación del Buda y la naturaleza de Buda inherente en todos los seres.
⁶ Seis cielos del mundo del deseo: Cielo de los Cuatro Reyes Celestiales, Cielo Trayastrimsha (Treinta y Tres Dioses), Cielo Yama, Cielo Tushita (Satisfacción), Cielo Nacido en Alegría y Cielo de Mara.
⁷ Sen’io: Nombre de Shakyamuni en una existencia previa, según el Sutra del Nirvana.
⁸ Utoku: Nombre de Shakyamuni en otra existencia previa, también descrita en el Sutra del Nirvana.
Antecedentes históricos
Nichiren Daishonin escribió esta carta en el noveno mes de 1274 a Shiyo Kingo, uno de sus seguidores más destacados en Kamakura, quien era un samurái al servicio de la familia Ema, rama del clan gobernante Hojo.
En ella, alaba a Shiyo Kingo por su valentía al atreverse a introducir las enseñanzas del Daishonin a su amo, Ema Mitsutoki (o, según otra opinión, a su hijo Chikatoki). El título completo del Gosho puede entenderse como: “Sobre recomendar esta enseñanza a su amo y así evitar la ofensa de complicidad en transgresión”.
La “ofensa de complicidad en transgresión” se refiere a la falta que ocurre cuando, aunque uno mismo no transgreda, apoya o hace ofrendas a los enemigos de la Ley Verdadera, o actúa en colaboración con los transgresores en vez de amonestarlos.
Alrededor de la época del retiro de Nichiren Daishonin al Monte Minobu, Shiyo Kingo había recomendado sus enseñanzas a su amo. Tras el regreso del Daishonin del exilio en Sado, muchos creyentes fortalecieron su fe, ya que sus profecías expresadas en el Rissho Ankoku Ron se estaban cumpliendo: conflictos internos dentro del gobierno y la amenaza inminente de invasión mongola.
El Amo Ema era seguidor del sacerdote Ryokan del templo Gokuraku-ji. También se dice que la familia Ema construyó Choraku-ji, templo de la secta Jodo y uno de los principales templos de Kamakura. El Amo Ema se resintió ante lo que consideró presunción de su vasallo al intentar convertirlo y lo hostigó de diversas maneras. Incluso llegó a amenazar con trasladar a Kingo a la remota provincia de Echigo si no abandonaba su fe en el Sutra del Loto.
Pasaron tres años antes de que el samurái pudiera recuperar plenamente la confianza de su señor.
En este Gosho, Nichiren explica que “no matar” es el primero de todos los preceptos budistas. Sin embargo, sostiene que oponerse al Sutra del Loto constituye una falta aún más grave, porque implica negar la naturaleza de Buda inherente en todos los seres y el propósito supremo de la vida.
El Daishonin elogia a Shiyo Kingo por haber instado a su amo a creer en el Sutra del Loto, evitando así la ofensa de complicidad en transgresión, y le aconseja actuar con prudencia, mostrando profunda comprensión tanto del carácter del samurái como de los peligros que enfrentaba.
