Su propósito fue comparar a los devotos de todos los otros sutras con el devoto del Sutra del Loto, y mostrar que, en tanto que el devoto del Sutra del Loto es como el sol o la luna, los devotos de todos los demás sutras son como estrellas o antorchas. ¿Cómo sabemos esto? Al octavo símil² le sigue uno de los pasajes más vitales. Reza: “El que pueda aceptar y preservar este sutra será así también; será el primero entre toda la multitud de seres vivos”.
Este pasaje de veintidós caracteres es el corazón del sutra entero, el ojo de todos los seres vivos. Su significado es que el devoto del Sutra del Loto es como el sol, la luna, el Rey Bonten o el Buda, mientras que los devotos del Sutra Dainichi son como las estrellas, los arroyos y los ríos, o como mortales comunes.
Por esta razón, el Buda sin duda considera que cualquiera en este mundo que abrace el Sutra del Loto —sea hombre o mujer, monje o monja— es el señor de todos los seres vivos, y Bonten y Taishaku seguramente reverenciarán a esa persona. Cuando pienso de esta manera, no hay palabras para expresar mi alegría.
Es más, al reflexionar sobre este pasaje del sutra día y noche y leerlo en la mañana y en la tarde, me doy cuenta de que el devoto al que se refiere no es cualquier devoto del Sutra del Loto. Puesto que “el” en la frase “el que pueda aceptar y preservar este sutra” significa “persona” en un sentido sin restricciones, yo había pensado que debía indicar a cualquiera de entre los monjes, monjas, laicos o laicas de este mundo que creen en el Sutra del Loto. Esto, sin embargo, no es cierto, porque en un pasaje subsiguiente donde el Buda se refiere otra vez a esta persona, dice: “Si hay una mujer [...]”.
Cuando yo, Nichiren, leo los sutras diferentes al Sutra del Loto, no tengo ni el más mínimo deseo de convertirme en mujer. Un sutra condena a las mujeres como emisarias del infierno. Otro las describe como enormes culebras. Otro aún las compara con árboles torcidos y doblados. E incluso hay un sutra que las describe como personas que han chamuscado la semilla de la budeidad.
Las escrituras budistas no son las únicas que hablan de esa manera; los escritos no budistas también desprecian a las mujeres. Alguien llamado Yung Ch’i-ch’i³, por ejemplo, canta en alabanza a los tres placeres, uno de los cuales es el placer de no haber nacido en este mundo como mujer. Es ampliamente aceptado que varios desastres se originaron en las tres mujeres.⁴
Únicamente en el Sutra del Loto leemos que una mujer que abraza este sutra no solamente supera a todas las demás mujeres, sino que también sobrepasa a todos los hombres. Aun cuando sea calumniada por todo el mundo, para una mujer, en última instancia, no hay mayor felicidad que la de ser amada por el hombre que ella tiene como el más preciado.
Que otros la odien como quieran. ¿De qué hay que quejarse, si es apreciada por el Buda Shakyamuni, el Buda Taho y todos los demás Budas de las diez direcciones, tanto como por Bonten, Taishaku, los dioses del sol y la luna y otros? Mientras sea alabada por el Sutra del Loto, ¿qué causa tiene usted para sentirse descontenta?
Usted dice que ahora ha alcanzado la desafortunada edad de treinta y tres años⁵ y que por esa razón envió ofrendas. Esto se lo he informado al Buda Shakyamuni, al Sutra del Loto y al dios del sol.
El cuerpo de una persona tiene un hombro derecho y uno izquierdo, sobre los cuales se colocan dos dioses, uno llamado Dōmyō y el otro Dōshō. Éstas son las dos deidades que Bonten, Taishaku y los dioses del sol y la luna han asignado a cada persona para protegerla.⁶ Desde el momento en que entra al vientre de la madre hasta el propio fin de su vida, la acompañan como si fueran su sombra o sus ojos. Sea que cometa un acto malvado o que haga algo bueno, todo lo reportan a los dioses celestiales sin omitir ni siquiera el más mínimo detalle, como una gota de rocío o una partícula de polvo.
Esto es relatado en el Sutra Kegon y es citado por el Gran Maestro T’ien-t’ai en el octavo volumen de su Maka Shikan. Él dice, sin embargo, que si la fe de una persona es débil, aunque se trate de una mujer que abraza el Sutra del Loto, será abandonada.
Por ejemplo, si un general comandante es miedoso, sus soldados se convertirán en cobardes. Si un arco es débil, la cuerda será floja. Si el viento es suave, las olas no serán altas. Todo esto va de acuerdo con los principios de la naturaleza.
Ahora bien, Saemon⁷ es un creyente en el Sutra del Loto sin par entre los creyentes budistas laicos del Japón. Al estar casada con semejante hombre, usted también se encuentra entre las más destacadas mujeres del Japón. Debido a que usted vive por el bien del Sutra del Loto, el Buda ciertamente la considera como igual a la misma hija del rey dragón.
El carácter para “mujer” indica “depender”.⁸ La glicinia depende de los pinos, y una mujer depende de un hombre. Haga que Saemon sea su maestro y déjese guiar por él en la fe en el Sutra del Loto. El infortunio de su trigésimo tercer año se cambiará en la felicidad de su trigésimo tercer año. Esto es lo que significa el pasaje: “Las siete dificultades se desvanecen, y los siete beneficios aparecen a la vez”.⁹ Usted se volverá más joven, y su buena fortuna se acumulará.
Respetuosamente,
Nichiren
El vigésimo séptimo día del primer mes
Notas
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Diez símiles: Diez comparaciones expuestas en el capítulo Yakuō (vigésimo tercero) del Sutra del Loto para ilustrar la supremacía del Sutra del Loto sobre todos los demás sutras.
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El octavo símil declara que los hombres de Aprendizaje que han logrado las cuatro etapas de la iluminación shōmon (a saber, el que gana la corriente, el que retorna una vez, el que no retorna y el arhat) y los hombres de Autorrealización son los primeros entre toda la gente ordinaria; de la misma manera, el Sutra del Loto es el primero entre todas las enseñanzas, sea que hayan sido expuestas por los Budas.
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Yung Ch’i-ch’i: Hombre del período de Primavera y Otoño (770–403 a. C.). Según el Lieh Tzu, le dijo a Confucio que había obtenido tres placeres en este mundo: el primero, haber nacido como ser humano; el segundo, haber nacido como hombre; y el tercero, poder disfrutar de una larga vida.
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Las tres mujeres: Mo Hsi, Ta Chi y Pao Ssu, consideradas en China como ejemplos clásicos de mujeres malvadas. Fueron las favoritas del emperador Chieh de la dinastía Hsia, del emperador Chou de la dinastía Yin y del rey Yu de la dinastía Chou, y llevaron a estos hombres por mal camino hacia la disipación y la corrupción del gobierno.
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La idea de edades desafortunadas se deriva de la antigua filosofía china del yin y el yang. Las edades de diecinueve y treinta y siete también se consideraban desafortunadas para una mujer.
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Dōmyō significa “mismo nombre” y Dōshō significa “mismo nacimiento”. Estas dos deidades representan lo estricta que es la ley de causa y efecto.
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Saemon: Shijō Kingo. Saemon fue su título oficial.
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El carácter para “mujer” se cree que deriva de la figura de una mujer arrodillada con las manos unidas en señal de sumisión. También antiguamente significaba “servir”.
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Estas palabras aparecen en el Sutra Ninno. Las “siete dificultades” son: (1) cambios extraordinarios del sol y la luna; (2) cambios extraordinarios de las estrellas y los planetas; (3) conflagraciones; (4) inundaciones fuera de temporada; (5) tempestades; (6) sequía; y (7) guerra, incluyendo ataques de un enemigo extranjero y rebelión interna. Los “siete beneficios” significan evitar o erradicar las siete dificultades.
Antecedentes históricos
En el primer mes de 1275, Nichigetsu-nyo, la esposa de Shijō Kingo, informó a Nichiren Daishonin que había cumplido treinta y tres años, una edad que se consideraba desafortunada para una mujer, y envió ofrendas. Esta carta, fechada el vigésimo séptimo día del mismo mes, es la respuesta del Daishonin.
Respondiendo a las aprensiones de Nichigetsu-nyo, le asegura que una mujer que abraza el Sutra del Loto sobrepasa a todas las demás personas y que, si su fe es fuerte, definitivamente será protegida por los Budas y los dioses budistas. El capítulo Yakuō (vigésimo tercero) del Sutra del Loto expone diez símiles que ilustran la superioridad del Sutra del Loto sobre todos los demás sutras. Aquí, la interpretación del Daishonin es que ilustran la superioridad de un devoto del Sutra del Loto sobre los devotos de todos los otros sutras.
Enfatiza que esto se aplica no solamente a los hombres sino también a las mujeres. A diferencia de las enseñanzas anteriores al Sutra del Loto, que generalmente niegan que las mujeres sean capaces de lograr la budeidad, el Sutra del Loto revela que una mujer que abraza sus enseñanzas “no solamente supera a todas las demás mujeres sino que también sobrepasa a todos los hombres”, y así enseña que las mujeres pueden llegar a ser Budas.
Sin embargo, el Daishonin agrega que, aun entre los que abrazan el Sutra del Loto, solamente los de fe fuerte pueden recibir la protección de los dioses budistas. Luego alaba a Shijō Kingo como el más destacado entre todos los creyentes laicos budistas; como su esposa, Nichigetsu-nyo también es la más destacada entre todas las mujeres del Japón.
“La glicinia depende de los pinos, y una mujer depende de un hombre” refleja la estructura de la sociedad japonesa en el período medieval, cuando la suerte de una mujer era determinada en gran parte por su esposo. Lo que el Daishonin propone aquí, sin embargo, es que Nichigetsu-nyo siga a su marido en la fe. Esta fe compartida de esposo y esposa es la “unidad” a la que se refiere el título del Gosho y forma la base ideal para un matrimonio.
Por último, el Daishonin declara que, mediante la fe en el Sutra del Loto, el infortunio se convertirá en buena fortuna y le asegura a Nichigetsu-nyo que durante toda su vida podrá disfrutar de la vitalidad juvenil.
