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viernes, 20 de febrero de 2026

Gosho - Las Catorce Causas Malignas

 


He recibido la sarta de monedas,1 la carga de arroz blanco llevada a caballo y el kimono blanco que usted envió. Los campos y las ondulantes lomas se extienden por más de cien ri2 hacia el sur desde esta montaña. Al norte está el majestuoso Monte Minobu, que se une más allá con los picos de Shirane. Al occidente sobresale agudamente un pico que se llama Shichimen. La nieve permanece en estos picos a lo largo de todo el año. No hay ni una sola morada humana fuera de la mía en el área. Mis únicos visitantes, poco frecuentes, son los monos que vienen balanceándose por las copas de los árboles. Y para mi pesar, hasta ellos no se quedan por mucho tiempo, sino que huyen de regreso al lugar de donde vinieron. Al oriente corren las rebosantes aguas del Río Fuyi, que semejan la arena fluida del desierto. Es realmente extraordinario que usted me envíe cartas de vez en cuando a este lugar cuya inaccesibilidad hace que rara vez vengan visitantes. Me enteré de que el Sacerdote Nichiguen del templo Yisso-yi, al convertirse en discípulo mío, fue expulsado por sus propios discípulos y feligreses y tuvo que ceder sus tierras, por lo que ahora no tiene hogar propio. Sin embargo, sigue visitándome y cuidando a mis discípulos. ¡Qué dedicación al Camino! ¡Qué santo! Nichiguen ya es sin igual como estudioso del budismo. Sin embargo, ha descartado todo deseo de fama y fortuna y se ha convertido en mi discípulo. Ha vivido las palabras del sutra: “No atesoramos nuestras propias vidas”.4 Para expresar su agradecimiento al Buda, ha servido de mentor para usted y sus compañeros creyentes e inspiró a usted, Matsuno, a hacer estas sinceras ofrendas.

Todo eso es verdaderamente extraordinario. El Buda dijo que durante el Último Día de la Ley, los sacerdotes y las monjas con corazones de perro serían tan numerosos como los granos de arena del Ganges.5 Con esto quiso decir que los sacerdotes y las monjas de esa época correrían como perros tras la fama y la fortuna. Debido a que visten sotanas y sobrepellices, parecen ser sacerdotes y monjas comunes y corrientes. Pero en sus corazones, esgrimen una espada de maldad, corriendo de aquí para allá con afán entre sus patrocinadores y llenando sus oídos de incontables mentiras para mantenerlos lejos de otros sacerdotes o monjas. Así se esfuerzan para que sus patrocinadores sean para ellos exclusivamente y no permiten que otros sacerdotes o monjas se les acerquen, como un perro que va a una casa para alimentarse pero que gruñe y salta al ataque cuando otro perro se acerca. Cada uno de estos sacerdotes y monjas seguramente caerá en los senderos del mal. Siendo el erudito que es, Nichiguen debió de haber leído este pasaje del sutra. Agradezco profundamente su poco común amabilidad y la frecuencia con que me visita a mí y a mis discípulos. En su carta, usted escribe: “Desde que comencé a tener fe en este sutra [del Loto], he continuado recitando el yunioze6 y el Yigague7 y entonando el daimoku sin la más mínima negligencia.

Pero ¿qué tan grande es la diferencia entre los beneficios que recibe un sabio cuando entona el daimoku y los beneficios que nosotros recibimos cuando lo entonamos?” Para responder, no hay ninguna diferencia entre ellos. El oro que un tonto posee no es de manera alguna diferente del oro que posee un sabio; el fuego encendido por un tonto es el mismo que el fuego encendido por un sabio. Sin embargo, hay una diferencia si uno entona el daimoku mientras actúa en contra de la intención de este sutra. Hay muchas formas de ofensas que van en contra de la práctica correcta de este sutra. Permítame resumirlas citando el quinto volumen del Hokke Mongu Ki: “Al definir las clases del mal, el Hokke Mongu dice brevemente: ‘Exponga entre los sabios pero no entre los tontos.’8 Un erudito9 enumera las clases del mal como sigue: ‘Primero enumeraré las causas malignas y luego sus efectos. Hay catorce causas malignas: (1) arrogancia, (2) negligencia, (3) juicio arbitrario y egoísta, (4) comprensión poco profunda y auto-satisfecha, (5) apego a los deseos mundanos, (6) falta de espíritu de búsqueda, (7) incredulidad, (8) aversión, (9) duda ilusoria, (10) injuria, (11) desprecio, (12) odio, (13) celos y (14) rencor’”. Puesto que estas catorce ofensas se aplican igualmente al sacerdocio y al laicado, usted debe tener cuidado de evitarlas.

Antaño el Bodhisattva Fukio dijo que toda la gente tiene la naturaleza de Buda y que si abraza el Sutra del Loto, nunca dejará de lograr la budeidad. Además dijo que menospreciar a una persona es menospreciar al Buda mismo. Así que su práctica era la de reverenciar a toda la gente. Reverenciaba incluso a los que no abrazaban el Sutra del Loto porque ellos también tenían la naturaleza de Buda y algún día podrían creer en el sutra. Por eso, es aún más natural reverenciar a los sacerdotes y a los laicos que sí abrazan el sutra. El cuarto volumen del Sutra del Loto dice: “La ofensa de proferir siquiera una sola palabra despectiva en contra de los sacerdotes o laicos que creen en el Sutra del Loto y lo practican es aún más grave que la de abusar del Buda Shakyamuni cara a cara por un kalpa1 entero”. El Sutra del Loto también dice: “[Si alguien observa a una persona que abraza este sutra y trata de exponer sus fallas o maldades, en la época actual será afligido por la lepra blanca,] así sea que lo que diga es verdad o no”.11 Guarde estas enseñanzas en su corazón, y siempre recuerde que los creyentes del Sutra del Loto deben ser absolutamente los últimos en despreciar el uno al otro. Todos los que mantienen fe en el Sutra del Loto con seguridad son Budas, y quien denigre a un Buda comete una ofensa grave. Cuando uno entona el daimoku manteniendo en mente que no existen distinciones entre los que abrazan el Sutra del Loto, entonces los beneficios que recibe serán iguales a los del Buda Shakyamuni. En el Kongobei Ron, Miao-lo escribe: “Tanto la vida como el ambiente del Infierno existen dentro de la vida del Buda. Por otro lado, la vida y el ambiente del Buda no trascienden las vidas de los mortales comunes”. Uno puede deducir el significado de las catorce causas malignas a la luz de las citas arriba mencionadas. El hecho de que usted me haya preguntado acerca de este budismo demuestra que da gran importancia a sus vidas futuras.

El Sutra del Loto dice que son muy pocas las personas que están dispuestas a escuchar [y aceptar] esta enseñanza.12 A menos que el enviado verdadero del Buda aparezca en este mundo, ¿quién puede exponer este sutra exactamente de acuerdo con la intención del Buda? Y además, parecería que hay muy pocos que preguntan acerca del significado del sutra en un esfuerzo por resolver sus dudas y así creer en él con todo el corazón. Sin importar qué tan humilde sea una persona, si su sabiduría es en lo más mínimo mayor que la de uno, se le debe preguntar acerca del significado del sutra. Pero las personas de esta época malvada son tan arrogantes, intolerantes y apegadas a la fama y a la fortuna que temen que si llegan a ser discípulos de una persona humilde o si tratan de aprender algo de ella, serán desdeñadas por otros. Nunca se libran de esta actitud equivocada, así que parece que su destino es el de los senderos del mal. El capítulo Hosshi dice en esencia: “Los beneficios que se obtienen al hacer ofrendas a un sacerdote que enseña el Sutra del Loto son aún mayores que los beneficios que se obtienen por medio de ofrecerle tesoros incalculables al Buda por ocho mil millones de kalpas. Y si uno puede escuchar a ese sacerdote enseñando este sutra así sea por un momento, sentirá dicha por el gran beneficio que ha obtenido”. Incluso una persona ignorante puede obtener beneficios por medio de servir a alguien que expone el Sutra del Loto. No importa que sea un demonio o un animal, si proclama tan solo un verso o una frase del Sutra del Loto, uno debe respetarlo como lo haría al Buda. Esto es lo que el sutra quiere decir cuando expresa: “Definitivamente uno debe levantarse y saludarlo desde lejos, y respetarlo de la misma manera que uno lo hace con el Buda”.13

Ustedes deben respetarse el uno al otro de la misma manera en que el Buda Shakyamuni y el Buda Tajo lo hicieron en la ceremonia14 del capítulo Joto. El sacerdote Sanmi-bo15 puede ser humilde, pero en vista de que él puede explicar, aunque sea un poco acerca del Sutra del Loto, usted debe respetarlo como lo haría al Buda y preguntarle acerca del budismo. “Confíe en la Ley y no en las personas”16 debe ser su guía. Antaño había un joven que vivía en las Montañas Nevadas y que se llamaba Sessen Doyi. Recogía helechos y nueces para su sustento, hacía vestimentas de piel de ciervo para cubrir su cuerpo y tranquilamente practicaba el Camino. A medida que observaba el mundo cuidadosa y atentamente, Sessen Doyi llegó a entender que nada es permanente y que todo cambia, y que todo lo que nace está destinado a morir. Este mundo fatigante es tan pasajero como un rayo de relámpago, como el rocío matutino que se desvanece con el sol, como una lámpara que se apaga fácilmente con el viento, o como las frágiles hojas del plátano, que se rompen tan fácilmente. Nadie puede escapar de esta transitoriedad. Al final, todos tienen que hacer el viaje a los Manantiales Amarillos, la tierra de la muerte. Cuando nos imaginamos el viaje al otro mundo, percibimos oscuridad total. No hay luz del sol, de la luna, o de las estrellas, ni siquiera una antorcha para iluminar el camino. Y a lo largo de ese oscuro camino, no hay nadie quien nos acompañe. Cuando uno está en el mundo saja, está rodeado de sus padres y familiares, de sus hermanos y hermanas, de su esposa e hijos, y de sus vasallos. Los padres pueden mostrar noble y elevada compasión, y las madres solidaridad y conmiseración profunda y cariñosa. El esposo y la esposa pueden ser tan fieles como dos camarones de mar que juran compartir el mismo hoyo y nunca separarse durante toda la vida. Sin embargo, aunque junten sus almohadas lado al lado y se diviertan juntos bajo las sábanas bordadas con patos mandarines,17 nunca podrán estar juntos en ese viaje a la tierra de la muerte.

Mientras uno viaja solo en la oscuridad, ¿quién vendrá para animarlo? A pesar de que tanto los viejos como los jóvenes moran en el dominio de la incertidumbre, forma parte del orden natural que los ancianos mueran primero y que los jóvenes se queden un rato. Así que, incluso a medida que nos lamentamos, podemos encontrar algún consuelo. A veces, sin embargo, son los ancianos los que se quedan y los jóvenes los que mueren primero. Nadie siente más amargo resentimiento que un niño pequeño que va a morir antes que sus padres. Nadie se desespera más profundamente que los padres que ven a su hijo adelantarse a ellos en la muerte. La gente vive en este mundo pasajero en donde todo es incertidumbre y transitoriedad, pero día y noche piensan únicamente en cuánta riqueza pueden amasar en esta vida. Del amanecer al anochecer se concentran en los asuntos mundanos, y ni reverencian al Buda ni creen en la Ley. Escatiman su práctica budista y les falta sabiduría, y así se la pasan malgastando y desperdiciando sus días. Y cuando mueren y son llevados ante la corte de Emma, el rey del infierno, ¿qué es lo que pueden llevar como provisiones para el largo viaje a través del mundo tripartito? ¿Qué es lo que pueden usar como barco o balsa para atravesar el mar de los sufrimientos del nacimiento y la muerte, para alcanzar la tierra de la Recompensa Real o la tierra de la Luz Tranquila?18 Cuando uno está ilusionado, es como si estuviera soñando. Y cuando uno está iluminado, es como si hubiera despertado. Pensando de esta manera, Sessen Doyi resolvió despertarse del sueño del mundo transitorio y buscar la realidad de la iluminación. Entonces se escondió en las montañas y se dedicó a la meditación profunda, barriendo el polvo de la ilusión en su obstinada e inquebrantable búsqueda de la Ley Budista.

El dios Taishaku miró hacia abajo desde el cielo y observó a Sessen Doyi a lo lejos. Pensó: “Aunque los peces recién nacidos son muchos, hay pocos que crecen para convertirse en peces grandes. Aunque las flores del mango son muchas, hay pocas que se convierten en fruta.

De igual manera, hay muchas personas que aspiran a lograr la iluminación, pero hay solamente pocas que continúan su práctica y logran el Camino verdadero en realidad. La aspiración a la iluminación en los mortales comunes muchas veces se ve impedida por influencias malvadas y fácilmente se ve sacudida por las circunstancias; aunque muchos guerreros se ponen armadura, pocos entran sin miedo a la batalla. Pongamos a prueba la fe de este joven”. Hablando de esa manera, Taishaku se disfrazó de demonio y apareció al lado de Sessen Doyi. Por esa época el Buda todavía no había hecho su aparición en el mundo, y aunque Sessen Doyi había buscado las enseñanzas Mahayana por todas partes, no había podido aprender nada acerca de ellas. Justo entonces, escuchó una voz apenas perceptible que decía: “Todo es cambiante, nada es constante. Ésta es la ley del nacimiento y la muerte”. Sessen Doyi miró por todo su alrededor con asombro, pero no había nadie a la vista excepto un demonio parado cerca. Su apariencia era feroz y horrible; los pelos de su cabeza parecían llamas y los dientes de su boca espadas, y sus ojos se dirigían fijamente a Sessen Doyi con una mirada fulminante. Cuando Sessen Doyi vio esto, no se asustó en lo más mínimo. Estaba tan alborozado de tener la oportunidad de escuchar algo de la enseñanza budista que ni siquiera lo cuestionó. Era como un ternero separado de su madre que escucha el débil sonido de su mugido. “¿Quién dijo ese verso? ¡Debe haber más!” pensó, y una vez más buscó por todas partes a su alrededor, pero todavía no había nadie a la vista. Se preguntaba si podría haber sido el demonio el que recitó el verso. Pero al pensarlo dos veces eso parecía imposible, puesto que el demonio debía de haber nacido en forma de demonio como castigo por algún acto malvado en el pasado. El verso definitivamente era una enseñanza del Buda, y él estaba seguro de que nunca podría haber provenido de la boca de un despreciable demonio. Pero como no había nadie más cerca, preguntó: “¿Fue usted el que recitó ese verso?” “¡No me hable!” respondió el demonio. “No he comido nada durante varios días. Estoy hambriento, agotado, y a punto de volverme loco.

Es posible que haya expresado alguna tontería, pero en mi aturdida condición ni sé qué fue”. “Escuchar solamente la primera mitad de ese verso”, dijo Sessen Doyi, “es como ver solamente la mitad de la luna u obtener la mitad de una joya. Tiene que ser usted quien habló, así que le imploro que me enseñe la otra mitad”. El demonio respondió sarcásticamente: “Usted ya está iluminado, y por eso no debe sentir resentimiento, aunque no oiga el resto del verso. Estoy muriendo de hambre y no tengo fuerzas para hablar. ¡No me hable más!” “¿Me lo podría enseñar si tuviera algo de comer?” preguntó Sessen Doyi. “Si yo tuviera algo de comer, tal vez podría”, dijo el demonio. Eufórico, Sessen Doyi dijo: “Pues entonces, ¿qué clase de comida quiere?” Pero el demonio respondió, “No pregunte más. Usted definitivamente quedará horrorizado cuando escuche qué es lo que como. Además, nunca podría suministrármelo”. Sin embargo, Sessen Doyi insistió: “Si sólo usted me dice qué es lo que quiere de comer, trataré de encontrarlo para usted”. El demonio contestó: “Solo lamento como la tierna carne de los seres humanos y solamente bebo su sangre caliente. Vuelo por el aire a todo lugar buscando comida, pero los humanos son protegidos por los Budas y los dioses, así que aunque quiero matarlos, no puedo. Solamente puedo matar y comer a los que los Budas y los dioses han abandonado”. Al escuchar eso, Sessen Doyi decidió sacrificar su propio cuerpo por la Ley, para poder escuchar el verso completo. “Su comida está aquí mismo”, le dijo. “No tiene que buscar más. Puesto que aún estoy vivo, mi carne está fresca, y mi sangre no ha tenido tiempo de enfriarse. Por eso, le pido que me enseñe el resto del verso, y a cambio, le ofreceré mi cuerpo”. Seguidamente el demonio se enfureció y exclamó: “¿Quién podría creer en sus palabras? Después de que le haya enseñado el resto del verso, ¿a quién puedo llamar como testigo para hacer que usted cumpla su promesa?” Sessen Doyi respondió: “Este cuerpo mío es mortal. Pero si ofrezco mi vida por la Ley, y así me desecho de este cuerpo vil que de otra manera moriría en vano, en la próxima vida seguramente podré lograr la iluminación y convertirme en un Buda. Recibiré un cuerpo puro y maravilloso.

Será como tirar una pieza de losa y recibir un precioso vaso a cambio. Apelo a Bonten y Taishaku, a los Cuatro Reyes Celestiales, y a todos los Budas y bodhisattvas de las diez direcciones para que sean mis testigos. No es posible que yo engañe a usted ante ellos”. El demonio, un poco más aplacado, dijo: “Si lo que usted dice es la verdad, le enseñaré el resto del verso”. Sessen Doyi estaba rebosante de alegría y, quitándose su vestimenta de piel de ciervo, la extendió para que el demonio se sentara sobre ella mientras predicaba. Acto seguido, Sessen Doyi se arrodilló, hizo una venia hasta el suelo y juntó las palmas de sus manos en reverencia, diciendo: “Todo lo que le pido es que me enseñe el resto del verso”. Así le ofreció su sincero respeto al demonio. El demonio, sentándose sobre la piel de ciervo, a continuación, recitó estas palabras: “Al extinguir el ciclo del nacimiento y de la muerte, uno entra en la alegría del nirvana”. Al momento en que escuchó esto, Sessen Doyi se llenó de júbilo, y su reverencia por el verso era ilimitada. Resuelto a recordarlo aun en la siguiente vida, lo repitió una y otra vez y lo grabó profundamente en su corazón. Reflexionó, pensando: “Me alegro de que este verso, [a pesar de que me lo transmitió un demonio,] no es nada diferente de la enseñanza del Buda, pero al mismo tiempo, lamento que sólo yo lo haya escuchado y que no pueda transmitírselo a otros”. Con eso inscribió la estrofa en piedras, en las laderas de los precipicios y en los árboles al lado del camino, y oró para que los que pasaran a su lado después lo vieran, entendieran su significado y finalmente entraran al Camino verdadero. Al concluir esto, se trepó a un árbol y se lanzó desde ahí hacia el demonio. Pero antes de que alcanzara la tierra, el demonio repentinamente reasumió su forma original como Taishaku, atrapó a Sessen Doyi en la caída y lo colocó suavemente en un sitio llano. Inclinándose ante él con reverencia, Taishaku dijo: “Para ponerlo a prueba, retuve la enseñanza sagrada del Buda por un tiempo, así causando angustia al corazón de un bodhisattva. Espero que usted perdone mi culpa y que me salve sin falta en mi próxima vida”. Luego todos los seres celestiales se reunieron para alabar a Sessen Doyi, diciendo: “¡Cuán maravilloso! Es verdaderamente un bodhisattva”. Así que al desechar su cuerpo para poder escuchar medio verso, Sessen Doyi pudo trascender el dominio del nacimiento y de la muerte durante doce kalpas. Esta historia aparece en el Sutra del Nirvana. En el pasado Sessen Doyi estuvo dispuesto a ofrecer su vida para escuchar tan solo medio verso. ¡Cuán más agradecidos debemos estar nosotros por escuchar un capítulo o incluso todo un volumen del Sutra del Loto! ¿Cómo sería posible que recompensáramos semejante beneficio? De hecho, si le importa su próxima vida, debe tomar a Sessen Doyi como su ejemplo.

Aunque pueda estar demasiado pobre como para ofrecer cualquier cosa de valor, si la oportunidad surgiera para sacrificar su vida por la Ley Budista, debería ofrecer su vida por estudiar el budismo. Este cuerpo nuestro, al final, se convertirá en nada más que la tierra de las lomas y los campos. Por eso, es inútil escatimar su vida, porque aunque uno lo desee, no puede mantenerla para siempre. Incluso la gente que vive por mucho tiempo raramente vive más de los cien años de edad. Y todos los eventos de una vida son como el sueño que uno tiene durante una corta siesta. Aunque uno pudiera haber sido lo suficientemente afortunado como para nacer como ser humano y quizás incluso haber renunciado al mundo para buscar la verdad, si uno no estudia el budismo y no refuta a los que lo transgreden, sino que simplemente desperdicia su tiempo en ocio y chismes, entonces no es mejor que un animal con vestimenta de sacerdote. Puede llamarse sacerdote y ganarse la vida como tal, pero de manera alguna merece ser considerado un verdadero sacerdote. No es otra cosa que un ladrón que ha robado el nombre de sacerdote. ¡Qué vergonzoso y aterrador!

En la enseñanza teórica del Sutra del Loto hay un pasaje que reza: “No atesoramos nuestras propias vidas. Atesoramos únicamente el Camino supremo”.19 Otro pasaje, de la enseñanza esencial, reza: “No escatiman sus vidas”.20 El Sutra del Nirvana manifiesta: “El cuerpo de uno es insignificante en tanto que la Ley es suprema. Uno debe ofrecer su vida para propagar la Ley”.21 Así que tanto la enseñanza teórica como la esencial del Sutra del Loto, además del Sutra del Nirvana, indican que uno debe ofrecer su vida para propagar la Ley. Es una ofensa grave actuar en contra de estas admoniciones, y aunque uno no pueda verlo con sus propios ojos, el error se amontona hasta el punto en que hace que uno caiga en el infierno. Es como el calor o el frío, que no tienen contorno ni forma que se pueda ver con los ojos. Pero en invierno el frío viene para atacar a los árboles y la hierba, a los hombres y a las bestias, y en el verano el calor viene para atormentar a la gente y a los animales.

Como laico, lo más importante es que usted entone Nam-myoho-renge-kyo con determinación inquebrantable y que provea sustento para los sacerdotes. Y si nos dejamos guiar por las palabras del Sutra del Loto, también debe enseñar el budismo al máximo de su habilidad. Cuando el mundo lo haga sentir abatido, debe entonar Nam-myoho-renge-kyo, recordando que aunque los sufrimientos de esta vida son dolorosos, los de la próxima vida podrían ser mucho peores. Y cuando esté contento, debe recordar que su felicidad en esta vida no es nada sino un sueño dentro de un sueño, y que la única felicidad verdadera es la que se encuentra en la Tierra Pura del Pico del Águila,22 y con este pensamiento en mente debe entonar Nam-myoho-renge-kyo.

Continúe su práctica sin vacilar hasta el último momento de su vida, y cuando llegue el momento, ¡mire con cuidado! Cuando suba a la montaña de la iluminación maravillosa y mire a su alrededor, entonces para su asombro verá que el universo entero es en sí la Tierra de la Luz Tranquila. El terreno será de lapislázuli, y los ocho senderos estarán demarcados por lazos dorados. Cuatro clases de flores24 caerán del cielo, y música resonará en el aire. Todos los Budas y bodhisattvas estarán presentes en dicha plenitud, acariciados por las brisas de la Eternidad, la Felicidad, el Yo Verdadero y la Pureza.25 El momento se acerca rápidamente cuando nosotros también nos encontraremos entre ellos. Pero si somos débiles en la fe, nunca alcanzaremos ese lugar maravilloso. Si usted aún tiene preguntas, estoy esperando oírlas.

Respetuosamente,
Nichiren

El noveno día del duodécimo mes del segundo año de Kenyi


Notas:

  1. Una sarta de monedas: Mil monedas ensartadas en una cuerda. Por esa época, las monedas tenían un hueco cuadrado en el centro y usualmente se ensartaban en cuerdas en grupos de cien o mil monedas para formar unidades monetarias más grandes. La cuerda, o Kan, de monedas constituía la tasa de cambio básica para arroz.

  2. Ri: Unidad de medida lineal. Un Ri se definía como 6 Cho (0,65 km), pero a partir del período Jeian (794-1185), comúnmente se consideraba como 36 Cho (3,93 km).

  3. Nichiguen (m. 1315): Sacerdote del templo Yisso-yi en la Provincia de Suruga, perteneciente a la secta Tendai. Se convirtió en discípulo de Nichiren Daishonin después del retiro de este al Monte Minobu. Más tarde, volvió a Yisso-yi y convirtió a otros sacerdotes, mientras construía muchos templos en las provincias de Musashi y Suruga.

  4. Sutra del Loto, cap. 13.

  5. Aseveración en el Sutra del Nirvana.

  6. Yunioze: Porción del capítulo Hoben (2º) del Sutra del Loto.

  7. Yigague: Sección versificada que concluye el capítulo Yurio (16º).

  8. Capítulo Jihiu (3º) del Sutra del Loto: protección de los tontos al no exponer el sutra sin discernimiento.

  9. Un erudito: Tz’u-en (632–682), fundador de la escuela china Josso, discípulo destacado de Jsüan-tsung.

  10. Reformulación del Sutra del Loto, cap. 10.

  11. Sutra del Loto, cap. 28.

  12. Capítulo Joben (2º) del Sutra del Loto.

  13. Sutra del Loto, cap. 28.1

  14. Capítulo Joto (11º) del Sutra del Loto: Ceremonia de la Torre de los Tesoros.

  15. Sanmi-bo: Uno de los primeros discípulos del Daishonin, de la Provincia Shimosa. Altamente respetado por su aprendizaje y destreza en el debate.

  16. Sutra del Nirvana, vol. 6.

  17. Patos mandarines: símbolo de fidelidad conyugal, permanecen juntos toda la vida.

  18. Tierra de la Recompensa Real y Tierra de la Luz Tranquila: Tierras de budas y bodhisattvas según las etapas de desarrollo espiritual.

  19. Sutra del Loto, cap. 13.

  20. Sutra del Loto, cap. 16.

  21. Comentario de Chang-an sobre el Sutra de Nirvana, Nejanguio Sho, vol. 12.

  22. Tierra Pura del Pico del Águila: Estado de Budeidad alcanzable en este mundo mediante la fe en el Gohonzon y entonación del Nam-myoho-renge-kyo.

  23. Ocho Senderos: Enseñanza budista temprana para la emancipación: 1) visión correcta, 2) pensamiento correcto, 3) discurso correcto, 4) acción correcta, 5) manera de vida correcta, 6) empeño correcto, 7) actitud mental correcta, 8) meditación correcta.

  24. Cuatro clases de flores: Mandara (loto blanco), Maja Mandara (gran loto blanco), Manyushaka (flor celestial blanca), Mahamanyushaka (gran flor celestial blanca).

  25. Eternidad, Felicidad, Yo Verdadero y Pureza: Virtudes o cualidades nobles de la vida del Buda según el Sutra del Nirvana y otras fuentes.


Antecedentes históricos:

Nichiren Daishonin escribió esta carta a finales de 1276 a la edad de cincuenta y cinco años, dos años y medio después de que se hubiera retirado al Monte Minobu en mayo de 1274. Fue dirigida a Matsuno Rokuro Zaemon Niudo en respuesta a una pregunta que este último había planteado acerca de la práctica del Sutra del Loto. Nichiren Daishonin le advierte contra las catorce causas malignas, y al mismo tiempo le dice al Amo Matsuno que no debe escatimar su vida en pos de propagar el Sutra del Loto. La carta data del 9 de diciembre de 1276. El original se ha perdido, pero existen copias en varios templos.

El Amo Matsuno vivía en la Provincia Suruga y parece que su hija, la esposa de Nanyo Jioe Shichiro y la madre de Nanyo Tokimitsu, lo introdujo al budismo del Daishonin. Así que Matsuno Rokuro fue el abuelo materno de Nanyo Tokimitsu. Su segundo hijo, Nichiyi, más tarde se convirtió en uno de los seis sacerdotes principales. El Amo Matsuno tenía muchos hijos, pero poco se sabe acerca de los otros. Lo más probable es que enviara con frecuencia ofrendas a Nichiren Daishonin y lo visitara en el Monte Minobu de tiempo en tiempo.

Parece que tenía un conocimiento más o menos profundo del budismo, puesto que estaba estrechamente relacionado con el sacerdote Nichiguen del templo Yisso-yi, uno de los más prestigiosos templos del Japón oriental, y posiblemente era familiar del mismo. Después del fallecimiento del Amo Matsuno en 1278, su esposa mantuvo su fe y continuó haciendo ofrendas a Nichiren Daishonin.

El presente escrito, también conocido como “Respuesta al Amo Matsuno”, abarca seis secciones. En la primera, Nichiren Daishonin expresa su agradecimiento por las ofrendas y las cartas enviadas a él a lo más recóndito del Monte Minobu. En segundo lugar, alaba al sacerdote Nichiguen, quien renunció a la fama y a la fortuna para dedicar su vida al Budismo Verdadero. En la tercera sección, Nichiren Daishonin explica que no existe diferencia alguna entre los beneficios del daimoku de un sabio y los de una persona común y corriente, pero advierte a los creyentes en el sutra contra caer en cualquiera de las catorce causas malignas, las que enumera. En cuarto lugar, alaba al Amo Matsuno por haber planteado una pregunta acerca del budismo, y habla de la extrema dificultad de escuchar a alguien que expone el Sutra, tanto como los inmensos beneficios que resultan de escucharlo.

La quinta sección está dedicada a la historia de Sessen Doyi, que es el vivo ejemplo de la dedicación a la práctica budista. Finalmente, el Daishonin explica cómo Matsuno, como laico, debe practicar. Citando pasajes relevantes de los sutras, hace énfasis en la importancia de la dedicación total. La advertencia contra las catorce causas malignas y las enseñanzas relacionadas con la dedicación de su vida forman los temas principales de este escrito.