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domingo, 7 de junio de 2026

Gosho - Las dos clases de enfermedades



Las enfermedades de los seres humanos pueden dividirse en dos categorías generales: la primera comprende las enfermedades del cuerpo. Las dolencias físicas abarcan ciento un desórdenes del elemento tierra, ciento uno del elemento agua, ciento uno del elemento fuego y ciento uno del elemento viento. Esto da un total de cuatrocientas cuatro enfermedades.1 Estos males pueden curarse con los remedios prescriptos por hábiles médicos como Contenedor de Agua, Portador de Agua,2 Jivaka y Pien Ch’üeh.3
La segunda categoría comprende las afecciones de la mente, que son los tres venenos y las ochenta y cuatro mil enfermedades.4 Sólo un buda puede sanarlas; así pues, exceden el poder curativo de las dos deidades y de los tres ascetas,5 y mucho más aún las facultades de Shen Nung y Huang Ti.6
Las enfermedades de la mente pueden alcanzar muchos niveles distintos de gravedad. Los tres venenos y las ochenta y cuatro mil enfermedades que afectan a las personas comunes de los seis caminos pueden ser tratados por el Buda de las escuelas Tesoro del Análisis del Dharma, Establecimiento de la Verdad y Preceptos, que derivan de la enseñanza del Tripitaka, perteneciente al budismo Hinayana. No obstante, si uno intenta utilizar las enseñanzas del Hinayana para curar los tres venenos y las ochenta mil enfermedades que surgen de actuar contra las doctrinas del Mahayana —⁠como el Sutra de la guirnalda de flores, los Sutras de la sabiduría y el Sutra Mahavairochana⁠—, aquellas enfermedades empeorarán y no sanarán nunca. Sólo pueden tratarse con las enseñanzas del Mahayana. Es más, si uno intenta usar el Sutra de la guirnalda de flores, los Sutras de la sabiduría y el Sutra Mahavairochana, o las enseñanzas de las escuelas Palabra Verdadera y Tres Tratados para curar los tres venenos y las ochenta mil enfermedades que surgen cuando los practicantes de los diversos sutras del Mahayana se oponen al Sutra del loto, esas dolencias se agravan más aún. Para ejemplificarlo, el fuego de madera o de carbón se extingue fácilmente con agua, pero si uno echa agua sobre las llamas del aceite hirviente, el fuego arderá con mayor intensidad, y las llamas cobrarán altura. Las epidemias que vienen azotando el Japón desde el año pasado no caen en la categoría de las cuatrocientas cuatro enfermedades del cuerpo. Por eso, no responden a los poderes curativos de Hua T’o7 ni de Pien Ch’üeh. Tampoco se relacionan con ninguna de las ochenta y cuatro mil enfermedades que pueden ser curadas con las enseñanzas del Hinayana o del Mahayana provisional. Por esta razón, las oraciones ofrecidas por los sacerdotes de las escuelas basadas en estas enseñanzas no sólo son ineficaces para acabar con las epidemias, sino que las empeoran. Aunque este año las epidemias disminuyan, es seguro que volverán a recrudecer en los próximos años. Lo más probable es que desaparezcan sólo después de un suceso temible y aciago.
En el Sutra del loto se afirma: «Aunque practique el arte de la medicina y, con sus métodos, logre curar la enfermedad de una persona, esta contraerá otra afección y probablemente acabará muriendo; al final [...] sólo hará que su condición empeore».8 En el Sutra del nirvana se encuentra este relato: «[Al] rey Ajatashatru de Rajagriha [...] el cuerpo entero se le cubrió de pústulas que le supuraban. [...] [El Rey dijo a su madre]: “Estas pústulas tienen una causa espiritual: no han sido provocadas por ningún desorden en los cuatro elementos. Aunque la gente diga que conoce a un médico capaz de curarlas, sé que esto no sucederá”». Miao-lo afirma: «Los hombres sabios pueden percibir la causa de las cosas, así como las serpientes reconocen los caminos de su propia especie».9 La epidemia actual es como las pústulas infecciosas del rey Ajatashatru, que nadie salvo el Buda pudo curar. Esta sólo podrá erradicarse con el Sutra del lotoComencé a tener diarrea el trigésimo día del duodécimo mes del año pasado; esta se hizo más frecuente con el paso de los días, y más grave con el transcurso de los meses, hasta el tercer o cuarto día del sexto mes de este año. Justo cuando pensaba que debía de tratarse de mi karma inmutable, usted me envió un medicamento eficaz. Desde que empecé a tomarlo, mi dolencia no hizo más que disminuir, y ahora es apenas una centésima fracción de lo que era antes. Pienso que tal vez el buda Shakyamuni se haya valido de su cuerpo para ayudarme, o quizá los Bodhisattvas de la Tierra me hayan conferido la excelente medicina de Myoho-renge-kyo. Chikugo-bo10 le explicará todo esto en detalle.
Posdata: Su mensajero llegó a la hora del perro (entre las siete de la tarde y las nueve de la noche), el vigésimo quinto día de este mes. Los artículos que me ha enviado son realmente inapreciables. Por favor, transmítale mi agradecimiento a Toki por la túnica de verano que me ha hecho llegar. Y también, si es tan amable, dígale a su esposa cuánto lamento el fallecimiento de su abuelo.
Con mi profundo respeto, Nichiren
En el vigésimo sexto día del sexto mes.
Respuesta a Nakatsukasa Saemon-no-jo

Notas


1. En la India antigua, se pensaba que la tierra, el agua, el fuego y el viento eran los elementos constitutivos de todas las cosas. En el cuerpo humano, la tierra corresponde a la carne, los huesos, la piel y el pelo; el agua, a la sangre y el sudor; el fuego, a la temperatura del cuerpo; y el viento, a las funciones respiratorias. El número «ciento uno» no se refiere a una cifra exacta de enfermedades, sino que es sinónimo de una gran cantidad.

2. Contenedor de Agua y Portador de Agua —⁠padre e hijo⁠— eran dos médicos excelentes mencionados en el Sutra de la luz dorada. En el pasado, estalló una epidemia que se propagó por todo el país. Contenedor de Agua era demasiado anciano para ocuparse de los enfermos, pero Portador de Agua, que dominaba el arte de la medicina, salvó a la población de los estragos de la epidemia en nombre de su padre.

3. Pien Ch’üeh fue un médico chino que vivió en el período de la Primavera y el Otoño (770 al 403 a.C.). Aprendió el arte de la curación desde su niñez, y se dice que sabía tratar casi toda clase de enfermedades.

4. En este contexto, «ochenta y cuatro mil enfermedades» hace referencia a una gran cantidad. En lo sucesivo, se las menciona como las «ochenta y cuatro mil» o las «ochenta mil» enfermedades. Estas afecciones surgen de los tres venenos inherentes a la vida humana.

5. Las dos deidades son Shiva y Vishnu, y los tres ascetas, Kapila, Uluka y Rishabha. Hay más información sobre los tres ascetas en el Glosario.

6. Shen Nung y Huang Ti fueron dos de los Tres Soberanos, legendarios gobernantes ideales de la antigua China. En Crónicas del historiador se dice que eran versados en temas médicos; fueron venerados como deidades protectoras e inventores de la medicina.

7. Hua T’o fue médico de la dinastía Han posterior (25 a 220), especialmente diestro en operaciones. Cuando la acupuntura y los medicamentos demostraban ser ineficaces, administraba sedantes a los pacientes y los operaba. Creó un sistema de ejercicios físicos que él mismo puso en práctica. Como resultado, se dice que se mantuvo activo y vigoroso incluso hasta los cien años.

8. Sutra del loto, cap. 3.

9. Comentario sobre «Palabras y frases del “Sutra del loto”».

10. Chikugo-bo es otro de los nombres con que se conocía a Nichiro (1245-1320), uno de los seis principales sacerdotes discípulos del Daishonin.


Antecedentes


Esta carta fue escrita en Minobu y enviada a Shijo Kingo en Kamakura, en el primer año de Koan (1278). Su contenido es muy similar al de otra carta, El tratamiento de la enfermedad, escrita ese mismo día a Toki Jonin. De hecho, el pasaje inicial es casi idéntico al del texto mencionado (pág.1156).

La vida del Daishonin en Minobu no era fácil desde ningún punto de vista. Los inviernos se caracterizaban por los fríos extremos, y su choza no reunía las condiciones necesarias para procurarle refugio. La comida era otro problema. Además, durante la primera mitad de 1278, casi en forma continua, el Daishonin había sufrido de diarreas crónicas que lo debilitaban mucho. Shijo Kingo, versado en el arte de la medicina, había hecho preparar un medicamento, que le envió junto con otras ofrendas. Esta carta expresa el agradecimiento del Daishonin a las atenciones de Kingo.

El autor menciona dos clases de enfermedades: las del cuerpo, que obedecen más que nada a causas físicas, y las de la mente, que surgen de los tres venenos. Explica que, aunque las primeras pueden curarse mediante los oficios de un médico lo bastante hábil, las enfermedades de la mente son inmunes a este tipo de tratamiento; sólo el budismo brinda remedio a tales afecciones. También dice que las epidemias que azotaban el Japón en ese entonces se debían a los actos contra el Sutra del loto. Y afirma que ni las enseñanzas del Hinayana ni las del Mahayana provisional podrán eliminarlas. Sólo la fe en el Sutra del loto erradicará la falta de los actos cometidos contra la Ley y el sufrimiento de los seres humanos.