¡En cuántos lugares habré dado la vida en existencias pasadas por mi esposa e hijos, por mis tierras, mi clan y mis vasallos! He entregado la vida en montañas y mares, en ríos y costas, y a la vera de los caminos. Pero ni una sola vez lo hice por el Sutra del loto ni sufrí persecuciones por el daimoku. Por eso, ninguna de las muertes que tuve me ha permitido manifestar la Budeidad. Y como no pude hacerlo, los mares y ríos donde di la vida tampoco han sido tierras de Buda.
Sin embargo, en esta existencia, como devoto del Sutra del loto fui exiliado y condenado a morir, en el destierro a Ito y en la ejecución de Tatsunokuchi. Tatsunokuchi, en la provincia de Sagami, es el lugar donde Nichiren dio la vida. Como murió allí por el Sutra del loto, ¿podría este sitio no ser una tierra de Buda? El sutra explica: «En las tierras de Buda de las diez direcciones sólo existe la Ley del vehículo único».2 ¿Acaso esto no respalda mi afirmación? La «Ley del vehículo único» es el Sutra del loto. En ninguna de las tierras de Buda de las diez direcciones existe otra enseñanza verdadera más que el Sutra del loto. El sutra sigue diciendo: «No hay dos, no hay tres, salvo cuando el Buda predica de este modo como medio conducente».3 Si esto es así, entonces cada sitio donde Nichiren ha sufrido persecuciones es una tierra de Buda.
De todos los lugares de este mundo saha, Tatsunokuchi, situado en Katase, provincia de Sagami, país del Japón, es donde habita la vida de Nichiren. Como en ese lugar él dio la vida por el Sutra del loto, Tatsunokuchi merece ser llamado la Tierra de la Luz Tranquila. A esto se refiere el capítulo «Poderes sobrenaturales» cuando señala: «Ya sea en un bosque, en un jardín [...] en valles de montaña o en extensos yermos [...] en tales lugares, los budas han entrado en el nirvana».
Usted acompañó a Nichiren y juró dar su vida como devoto del Sutra del loto. Su proceder es cien, mil, diez mil veces superior al de Hung Yen,4 quien se abrió el vientre e introdujo allí el hígado del duque de Yi, su amo fallecido [para salvarlo de la deshonra y del escarnio]. Cuando llegue al Pico del Águila, lo primero que diré es que Shijo Kingo, al igual que yo, decidió dar la vida por el Sutra del loto.
He sabido, extraoficialmente, que por órdenes del señor feudal de Kamakura5 seré exiliado a la provincia de Sado. De los tres hijos celestiales de la luz, la deidad de la Luna fue la que salvó mi vida en Tatsunokuchi al mostrarse como un objeto incandescente; y hace cuatro o cinco días, la deidad de las estrellas descendió para saludarme.6 Ahora, sólo resta la deidad del Sol, y sé que, sin falta, me protegerá. ¡Qué reconfortante! ¡Qué alentador! El capítulo «Maestro de la Ley» señala: «Enviaré personas mediante conjuros mágicos para que los protejan y resguarden». Este pasaje no deja lugar a dudas. En el capítulo «Prácticas pacíficas» se lee: «No será tocado por palos ni espadas». En el capítulo «El pórtico universal» se anuncia: «¡La espada del verdugo se partirá en pedazos!». En estas citas del sutra no hay nada falso. El poder firme y constante de la fe es, en verdad, invalorable.
Con mi profundo respeto,
Nichiren
En el vigésimo primer día del noveno mes, octavo año de Bun’ei (1271).
A Shijo Kingo
Antecedentes
Nichiren Daishonin escribió esta carta a su leal seguidor y samurái Shijo Kingo en 1271, el vigésimo primer día del noveno mes, es decir, cuando sólo habían pasado nueve días desde la persecución de Tatsunokuchi. El Daishonin había sido sentenciado al exilio en la isla de Sado bajo supervisión de Hojo Nobutoki, condestable de la isla. En principio, la idea era que el Daishonin fuese escoltado a Echi, a la residencia del delegado de Hojo Nobutoki, que era Homma Shigetsura. De allí, debía ser llevado directamente a Sado. Pero Hei no Saemon, un alto funcionario militar del gobierno y enemigo declarado del Daishonin, en forma arbitraria decidió ejecutarlo mientras lo custodiaban camino a la residencia de Homma. Intentó decapitarlo en Tatsunokuchi, pero no tuvo éxito. Luego, el exilio a Sado se llevó a cabo tal como estaba previsto desde el principio.
El Daishonin aquí revela algo acerca de su verdadera identidad que, luego, describirá con más detalles en La apertura de los ojos, también dirigido a Shijo Kingo. Aquí dice: «Tatsunokuchi, en la provincia de Sagami, es el lugar donde Nichiren dio la vida. Como murió allí por el Sutra del loto, ¿podría este sitio no ser una tierra de Buda?». ¿Por qué motivo el Daishonin refiere que «murió», cuando en realidad sobrevivió al intento de ejecución? En La apertura de los ojos lo explica así: «El duodécimo día del noveno mes del año pasado, entre las horas de la rata y del buey (es decir, entre las once de la noche y las tres de la mañana), esta persona llamada Nichiren fue decapitada. Es su alma la que ha llegado hasta la isla de Sado» (Véase pág. 285). El Daishonin está dando a entender que, aunque una persona común y corriente llamada Nichiren murió en Tatsunokuchi, Nichiren Daishonin, el Buda del Último Día de la Ley, llegó a salvo a la isla de Sado para cumplir su misión.
Notas
1. Sitio cercano a Kamakura que se empleaba como lugar de ejecución.
2. Sutra del loto, cap. 2.
3. Ib.
4. Hung Yen (f. 660 a. C.) fue un leal vasallo de la antigua China cuyo amo, el duque de Yi, cayó muerto en combate. Hung Yen sacrificó su vida para impedir que profanaran los restos de su señor. Se creía que el hígado era la morada del espíritu.
5. «Señor feudal de Kamakura» es otra de las denominaciones que se le daba a Hojo Tokimune (1251-1284), octavo regente del gobierno de Kamakura.
6. La referencia a la deidad de la Luna alude al objeto brillante que cruzó el cielo ese día, justo cuando el verdugo se disponía a decapitar al Daishonin. El episodio atemorizó tanto a los soldados que decidieron no llevar a cabo la ejecución. En general, se piensa que fue un meteorito. Con respecto a la mención a la deidad de las estrellas, en El comportamiento del devoto del Sutra del loto el Daishonin afirma que mientras estuvo confinado en la residencia de Homma, en Echi, un objeto luminoso descendió del cielo y cayó sobre las ramas de un ciruelo que había frente a él. No se sabe con claridad de qué se trató, aunque es posible que haya sido una descarga eléctrica provocada por algún rayo, ya que el Daishonin menciona haber escuchado un estruendo como el de un trueno y dice que ese día había fuertes vientos.
