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jueves, 6 de agosto de 2026

Gosho - La recitación de los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida»



En la carta que usted me envió por medio de un mensajero, explica que antes solía recitar un capítulo del Sutra del loto por día, de manera tal que tardaba veintiocho días en recitar el sutra entero. Y dice que ahora está leyendo el capítulo «Rey de la Medicina» una vez por día.1 Me pregunta si debe simplemente leer un capítulo por vez, como venía haciendo antes.

En lo que concierne al Sutra del loto, se puede recitar todos los días la totalidad del sutra de veintiocho capítulos en ocho volúmenes; o bien recitar un solo volumen, un solo capítulo, una sola estrofa, una sola frase o una sola palabra; o bien puede entonar el daimokuNam-myoho-renge-kyo, una sola vez por día, o entonarlo una única vez en el transcurso de su existencia, u oírlo entonar sólo una vez en la vida, y regocijarse al escucharlo, o sentir júbilo al escuchar la voz de otro, que a su vez ha sido feliz escuchándolo, y así, hasta la quincuagésima persona.2 Y si uno fuese el último en esta sucesión, aunque su fe fuera débil, y aunque este regocijo diluido fuese endeble como un niño de dos o tres años, o incapaz de distinguir el antes y el después como una vaca o un caballo, igualmente los beneficios obtenidos serían cien, mil, diez mil, un millón de veces más grandes que los adquiridos por personas de agudas facultades y sabiduría superior que han estudiado otros sutras, o personas como ShariputraMaudgalyayanaManjushri y Maitreya, que aprendieron de memoria el texto completo de los diversos sutras.

Esto se menciona tanto en el Sutra del loto como en los sesenta volúmenes de comentarios3 de T’ien-t’ai y de Miao-lo. Así pues, el sutra señala [con respecto a estos beneficios]: «Ni siquiera la sabiduría del Buda podrá terminar de medirlos jamás».4 Ni la sabiduría del Buda es capaz de escrutar los beneficios que obtendrá alguien así. La sabiduría del Buda es tan prodigiosa que conoce incluso la cantidad de gotas de lluvia que caen sobre este gran sistema planetario en un período, por ejemplo, de siete días, o del doble. Y sin embargo, leemos que los beneficios adquiridos por el que recita apenas una sola palabra del Sutra del loto son algo que el Buda no puede llegar a calcular. ¿Cómo, entonces, podríamos entender tales beneficios nosotros, personas comunes que hemos cometido graves faltas?

Sin embargo, han transcurrido unos dos mil doscientos años desde la muerte del Buda. Las cinco impurezas prevalecen desde hace ya mucho tiempo, mientras que las buenas acciones de cualquier índole ocurren sólo muy de vez en cuando. Aunque una persona haga el bien, en el proceso de ejecutar una solabuena acción acumula diez faltas, así que, finalmente, en nombre de un pequeño acto de bondad acaba cometiendo grandes males. Y sin embargo, en su fuero íntimo, se enorgullece de haber practicado el gran bien... Así es la época en que vivimos.

Por otro lado, usted nació en la remota tierra del Japón, un pequeño estado insular separado por doscientos mil ris de montañas y mares del país donde nació El Que Así Llega. Y además, por ser mujer, está expuesta a los cinco impedimentos y sometida a las tres clases de obediencia. ¡Es una maravilla indescriptible que, a pesar de estos muchos obstáculos, usted haya abrazado la fe en el Sutra del loto!

Hasta los sabios y eruditos, como aquellos que leyeron todas las enseñanzas sagradas expuestas por el Buda en el transcurso de su existencia y llegaron a dominar las enseñanzas exotéricas y esotéricas, en esta época tienden a abandonar el Sutra del loto y a recitar, en cambio, el Nembutsu. En una situación así, ¡qué buen karma tiene que haber creado usted en el pasado, para haber renacido como alguien capaz de recitar incluso una sola estrofa o frase del Sutra del loto!

Cuando leí su carta, sentí como si mis ojos estuvieran contemplando algo más extraordinario que la flor de udumbara, o algo más infrecuente que la tortuga tuerta que encontró un tronco de sándalo flotando a la deriva, con un agujero del tamaño justo para poder meterse en él.5 Embargado de sincera admiración, sentí el deseo de agregar una sola palabra o expresión de mi propio regocijo, para que este acto mío engrandeciera aun más sus beneficios. Sin embargo, temo que, así como las nubes oscurecen la luna o como el polvo ensucia un espejo, mi breve y torpe intento de describir sus méritos termine oscureciendo y empañando los beneficios incomparablemente espléndidos que usted habrá de recibir. Y me aflijo de sólo pensarlo. Sin embargo, en respuesta a su pregunta, no puedo tampoco permanecer callado. Por favor, entienda que apenas estoy agregando mi pequeña gota a los ríos y océanos, o sumando la llama de mi tea al sol y a la luna con la esperanza de multiplicar, aun en ínfima medida, el volumen de las aguas o el brillo de la luz.

En primer lugar, en lo que concierne al Sutra del loto, entienda que los beneficios son los mismos ya sea que recite los ocho volúmenes o sólo uno, o un capítulo, una estrofa, una frase o sólo el daimoku o título. Es como el agua de un gran océano: una sola gota contiene agua de los innumerables ríos y arroyos, o como la gema de los deseos, que aun siendo una sola piedra, puede conceder toda clase de tesoros a quien le expresa su anhelo. Y lo mismo cabe decir de cien, mil, diez mil o un millón de gotas del océano o de joyas como aquella. Un solo ideograma del Sutra del loto es como una sola gota de agua o como una sola gema así; y cien millones de ideogramas6 son como cien millones de gotas o de joyas.

Por otro lado, un solo ideograma de los demás sutras o del nombre de los diversos budas es como una gota de agua de un río o arroyo cualquiera, o como una piedra de cualquier montaña o mar. Una gota así no contiene el agua de incontables arroyos y ríos, y una piedra así no posee las virtudes inherentes a las infinitas rocas que existen.

Por ende, en lo que respecta al Sutra del loto, es encomiable recitar cualquier capítulo en el cual uno haya depositado su fe, sea cual fuere el elegido.

En sentido general, de todas las enseñanzas sagradas de El Que Así Llega, no hay una sola que haya demostrado ser falsa. Sin embargo, cuando analizamos las enseñanzas budistas más profundamente, vemos que aun en las palabras de oro de El Que Así Llega pueden establecerse categorías, como las del Mahayana y el Hinayana, las enseñanzas provisionales y las verdaderas, las doctrinas exotéricas y esotéricas. Estas distinciones surgen de los mismos sutras y, por lo tanto, las encontramos esbozadas someramente en los comentarios de los diversos estudiosos y maestros.

Para ir a la esencia de la cuestión, de las muchas doctrinas expuestas por el buda Shakyamuni en sus más de cincuenta años de enseñanza, las que predicó durante los primeros cuarenta y tantos años son de naturaleza cuestionable. Podemos afirmarlo porque el Buda se ocupó de decir con toda claridad en el Sutra de los infinitos significados: «En estos más de cuarenta años, todavía no he revelado la verdad». Y en el Sutra del loto, el Buda afirma sobre cada una de sus palabras y frases: «Descartando honestamente los medios hábiles, predicaré sólo el Camino insuperable».7

Además, el buda Muchos Tesoros irrumpió de la tierra y sumó su testimonio, declarando: «[Acerca de] el Sutra del loto de la Ley prodigiosa [...] ¡Todo lo que has expuesto [buda Shakyamuni,] es la verdad!».8 Y los budas de las diez direcciones se reunieron en la asamblea donde se predicaba el Sutra del loto, y extendieron sus lenguas para respaldar más aún la afirmación de que, en el Sutra del loto, no había una sola palabra falsa. Fue como si un gran rey, su consorte y sus más honorables súbditos hubieran dado su palabra con total acuerdo y unanimidad.

Supongamos que un hombre o una mujer que han recitado apenas una sola palabra del Sutra del loto se viesen arrastrados por el karma inimaginablemente pesado de las diez malas acciones, las cinco faltas capitales o las cuatro faltas graves, y cayesen en los malos caminos. Aunque el sol y la luna jamás volvieran a salir por el Este, aunque la gran tierra voltease sobre sí misma, aunque la marea del gran océano ya no subiera o bajara, aunque las piedras rotas volvieran a unirse, aunque las aguas de los ríos y arroyos dejaran de volcarse al mar, ninguna mujer que creyera en el Sutra del loto acabaría siendo arrastrada por sus faltas mundanas y cayendo en los caminos del mal.

Si una mujer que practica el Sutra del loto cayera alguna vez en los malos caminos a causa de sus celos, de su mal carácter o de su codicia excesiva, al instante Shakyamuni El Que Así Llega, el buda Muchos Tesoros y los budas de las diez direcciones serían culpables de haber violado el juramento de no mentir jamás, mantenido durante kalpas incontables. Su falta sería más grave aún que los embustes y engaños insensatos de Devadatta o las escandalosas mentiras de Kokalika. ¿Pero podría suceder algo semejante? Por eso, para la persona que abraza el Sutra del loto, los beneficios están asegurados por completo.

Por otro lado, aunque no cometamos una sola mala acción en toda nuestra existencia y observemos los cinco preceptos, los ocho preceptos, los diez preceptos, los diez buenos preceptos, los doscientos cincuenta preceptos, los quinientos preceptos o los preceptos incontables; aunque aprendamos todos los otros sutras de memoria, hagamos ofrendas a todos los demás budas y bodhisattvas, y acumulemos méritos inmensurables, si no tenemos fe en el Sutra del loto o si depositamos nuestra fe en él, pero consideramos que está a la misma altura que los otros sutras y enseñanzas de los demás budas; o si reconocemos su superioridad, pero constantemente participamos en otras disciplinas religiosas, o practicamos el Sutra del loto sólo de vez en cuando, o nos relacionamos en términos amistosos con sacerdotes del Nembutsu —⁠que en lugar de creer en el Sutra del loto lo vilipendian⁠—, o si pensamos que no hay falta alguna en los que afirman que el Sutra del loto no se adecua a la capacidad de la gente del Último Día, en tal caso, el mérito de los incontables actos de bien que hayamos realizado en toda nuestra vida desaparecerá al instante. Además, los beneficios derivados de nuestra práctica del Sutra del loto se opacarán durante cierto tiempo, y caeremos en la gran fortaleza del infierno Avichi, con la misma certeza con que la lluvia cae del cielo o las rocas se despeñan desde las cumbres hasta los valles.

Aunque uno haya cometido las diez malas acciones o las cinco faltas capitales, mientras no vuelva las espaldas al Sutra del loto, siempre renacerá en la Tierra Pura y logrará la Budeidad. Por otra parte, leemos en el sutra que aunque uno observe los preceptos, abrace todos los demás sutras y crea en los diversos budas y bodhisattvas, si no abraza la fe en el Sutra del loto sin falta caerá en los malos caminos.

Por limitada que sea mi capacidad, cuando observo la situación del mundo actual, siento que la gran mayoría de los creyentes laicos y sacerdotes son culpables de denigrar la enseñanza correcta.

Pero volvamos a su pregunta. Como dije antes, aunque ninguno de los veintiocho capítulos que componen el Sutra del loto es desdeñable, los más sobresalientes son «Medios hábiles» y «Duración de la vida». En cierto sentido, los restantes son como las ramas y hojas de estos últimos. Por lo tanto, para su recitación cotidiana, recomiendo que practique la lectura de las partes en prosa de los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida». Es más, podría serle provechoso transcribir una copia de cada una de estas dos partes. Los veintiséis capítulos restantes son como la sombra que sigue al cuerpo o como el valor inherente a una joya. Si recita los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida», los otros restantes naturalmente estarán incluidos, aunque usted no los recite. Es cierto que los capítulos «Rey de la Medicina» y «Devadatta»9 exponen en forma específica el logro de la Budeidad en las mujeres y el renacimiento de estas en la tierra pura [del Pico del Águila]. Pero el capítulo «Devadatta» es como una rama y una hoja del capítulo «Medios hábiles», y el capítulo «Rey de la Medicina» es como una rama y una hoja de los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida».10 Por lo tanto, debe recitar en forma asidua estos dos capítulos: «Medios hábiles» y «Duración de la vida». Y en lo que respecta a los restantes, puede volver a ellos de tanto en tanto, cuando tenga un momento libre.

Al mismo tiempo, en su carta dice que tres veces por día se inclina con reverencia ante los siete caracteres del título,11 y que cada día repite las palabras Namu-ichijo-myoten12 diez mil veces. Me cuenta que, sin embargo, durante los días de su ciclo menstrual se abstiene de leer el sutra, y me pregunta si, en esos días, es impropio inclinarse con reverencia ante los siete ideogramas o recitar el Namu-ichijo-myoten sin enfrentar [al Sutra del loto], o si, cuando menstrúa, ni siquiera debería hacer estas cosas. Asimismo, me pregunta cuántos días debe esperar, una vez finalizado el período, para reanudar la recitación del sutra.

Este es un asunto que concierne a todas las mujeres, y sobre el cual siempre preguntan. En el pasado también hubo muchos que trataron esta cuestión relacionada con el sexo femenino. Pero como las enseñanzas sagradas expuestas por el Buda en el transcurso de su existencia no mencionan este tema, nadie ha podido presentar pruebas documentales que fundamenten su respuesta. En mi propio estudio de las enseñanzas sagradas, nunca encontré un solo pasaje de los sutras o tratados que hablara de abstinencias derivadas de la menstruación, aun cuando hallé claras prohibiciones en ciertos días del mes referidas a impureza de la carne o el vino, de los cinco alimentos de sabor intenso, o de los actos sexuales.

Mientras el Buda vivió en este mundo, muchas mujeres tomaron los hábitos en su época de juventud y se consagraron a las enseñanzas del Buda, pero nunca fueron objeto de rechazo a causa de sus ciclos menstruales. A juzgar por esto, diría que la menstruación no representa ninguna clase de impureza derivada de una fuente externa. Es, sencillamente, una característica del sexo femenino, un fenómeno relacionado con la perpetuación de la semilla del nacimiento y la muerte. O, en otro sentido, podría ser vista como una suerte de afección crónica o recurrente. En el caso de las deposiciones o la orina, son sustancias producidas por el cuerpo, pero mientras uno observe normas correctas de higiene, no hay ninguna prohibición especial atinente a ellas. El mismo criterio, entonces, habría que adoptar con respecto a la menstruación. Por eso, creo yo, nunca hemos sabido de reglas particulares que impusieran abstenciones en este sentido, ni en la India ni en la China.

Sin embargo, el Japón es una tierra de deidades. Y, curiosamente, aunque los budas y bodhisattvas aquí se han manifestado en forma de dioses,13 parece ser típico de ellos, en muchos casos, no adecuarse a los sutras y tratados. No obstante, si uno actúa en contra de ellos, genera una retribución negativa real.

Cuando escrutamos los sutras y tratados con atención, hallamos una enseñanza referida a un precepto que se conoce como «seguir las costumbres de la región»,14 y que podría muy bien aplicarse al caso que nos ocupa. Este precepto significa que, mientras no esté en juego ninguna trasgresión grave, no se deberían contrariar las tradiciones y costumbres de un país, aun cuando para ello debamos apartarnos ligeramente de las enseñanzas budistas. Este es un criterio establecido por el Buda. Pero parece ser que algunos hombres sabios, ignorantes de este precepto, sostienen posturas extremas y dicen, por ejemplo, que como las deidades son seres semejantes a los demonios, no deberían ser respetadas. Y esto ha ofendido a muchos practicantes laicos.

Así las cosas, ya que en la mayoría de los casos las deidades del Japón se han mostrado favorables a la abstención religiosa durante los días menstruales, tal vez las mujeres nacidas en este país debieran respetar este tipo de prohibición de manera escrupulosa.

Sin embargo, no creo que esta restricción deba interferir en la práctica religiosa diaria de una mujer. Me atrevería a pensar que los que le aconsejan lo contrario nunca han sido, precisamente, personas devotas del Sutra del loto. En realidad, buscan conseguir, por uno u otro medio, que usted deje de recitar el sutra, pero no se animan a ser francos y a decirle en forma abierta que lo abandone. Entonces, usan el pretexto de la impureza corporal para tratar de alejarla del sutra. La intimidan planteando que si usted prosigue con su devoción habitual durante los días de impureza, estará siendo irrespetuosa con la enseñanza. Y de esa forma, mediante engaño, tratan de inducirla a cometer una falta.

Espero que tenga en cuenta todo lo que le he dicho con respecto a este asunto. Sobre esa base, aunque la menstruación llegara a durar siete días, si no se siente bien pase por alto la recitación del sutra y sólo entone Nam-myoho-renge-kyo. Al mismo tiempo, cuando realice su práctica no es necesario que se incline con reverencia frente al sutra.

Por otro lado, si de pronto usted sintiera, por ejemplo, que se aproxima la muerte, en tal caso, aunque esté comiendo pescado o aves,15 si puede leer el sutra será mejor que lo haga y que, además, entone Nam-myoho-renge-kyo. No hace falta decir que, durante el período menstrual, debería aplicar el mismo principio.

Aunque la práctica de Namu-ichijo-myoten sirve a los mismos fines, será mejor que entone sólo Nam-myoho-renge-kyo, como hicieron el bodhisattva Vasubandhu y el gran maestro T’ien-t’ai.16 Se lo digo por razones muy concretas.


Respetuosamente,


Nichiren


En el decimoséptimo día del cuarto mes, primer año de Bun’ei (1264), signo cíclico kinoe-ne.

 

A la esposa de Daigaku Saburo


Antecedentes


Nichiren Daishonin escribió esta carta en 1264, cuando vivía en Kamakura, y la dirigió a la esposa de Hiki Daigaku Saburo Yoshimoto. Este hombre había estudiado el confucianismo en Kioto, donde prestó servicio al emperador retirado Juntoku. Luego, marchó a Kamakura, y allí fue contratado por el gobierno militar como especialista en estudios confucianos. Se dice que se convirtió a las enseñanzas del Daishonin alrededor de 1260. Suele afirmarse que decidió adoptar la filosofía del Daishonin luego de leer una copia de la tesis Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra. Tanto Yoshimoto como su esposa fueron creyentes de fe firme.

Esta carta responde a unas preguntas de la esposa de Yoshimoto sobre las formalidades que debía observar en su práctica diaria del budismo, y sobre la recitación del sutra y del daimoku durante los días de su período menstrual. Por eso, a este escrito suele llamárselo la «Carta sobre la menstruación».

A juzgar por el texto, parece ser que el Daishonin había establecido de manera temprana la fórmula de recitar los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida», como práctica diaria de apoyo a la entonación del daimoku. La esposa de Yoshimoto al principio había seguido la práctica habitual en esa época: recitar en forma continuada la totalidad del sutra, de a un capítulo por día. Luego, tornó a leer sólo el capítulo «Rey de la Medicina». El Daishonin elogia su esfuerzo y sugiere que, en lugar de entonar el mantra Namu-ichijo-myoten, recite Nam-myoho-renge-kyo y lea los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida».

Tanto la pregunta referida a la menstruación como la explicación del Daishonin se comprenden mejor si se encuadran en el contexto histórico del Japón en la Era Kamakura. El sintoísmo (literalmente, «camino de los dioses»), religión autóctona del país, ponía mucho énfasis en la observancia de la pureza ritual y había establecido muchas prohibiciones o tabúes destinados a preservar esta finalidad. Ciertas situaciones vitales, como la muerte, la enfermedad, las heridas, los partos, la menstruación —⁠entre otras⁠— eran vistas como causa de impureza. A la persona que se hallaba en alguna de esas situaciones se le exigía someterse a una purificación ritual antes de llevar a cabo cualquier acto de devoción. En consecuencia, a las mujeres se les prohibía realizar ceremonias religiosas o asistir a ellas durante el período menstrual. Estos tabúes estaban muy arraigados en la conciencia popular y seguían siendo acatados aun muchos años después de haberse introducido el budismo. Se mezclaban tanto con las prácticas budistas, que pocos tenían presente su origen no budista. Por ejemplo, a las mujeres solía prohibírseles el ingreso a los monasterios budistas o a sus terrenos adyacentes, en aras de evitar esta «impureza».

En respuesta a la pregunta de la esposa de Yoshimoto, el Daishonin primero señala que ningún sutra establece prohibiciones referidas a la menstruación. Además, explica que, desde la perspectiva budista, nada da lugar a pensar que los ciclos menstruales sean impuros; son una función natural del cuerpo.

Sin embargo, prosigue, la costumbre de observar tales prohibiciones y tabúes ha sido hondamente inculcada en la sociedad japonesa, y no se deberían rechazar de manera categórica las costumbres y usos sociales tan sólo porque no guarden relación con el budismo. En tal sentido, menciona el principio budista de respetar las costumbres regionales. De acuerdo con esta enseñanza, es importante no violar las reglas y tradiciones sociales sin necesidad, aunque uno tenga que apartarse de la enseñanza budista en detalles de poca importancia. Esta flexibilidad es característica del budismo, cuyo interés es permitir que la gente tome conciencia de la verdad fundamental de todas las cosas, pero no gobernar los detalles de su vida. Por eso, en su propagación, el budismo fue adaptando sus aspectos accesorios a la época y al lugar, teniendo en cuenta las costumbres locales pero sin modificar su mensaje esencial.

Con todo, aunque ciertos detalles poco relevantes de la práctica budista puedan acomodarse a la sociedad, los principios básicos nunca deben alterarse en nombre de la adaptación social. Por eso, el Daishonin advierte a la esposa de Yoshimoto que el deseo de respetar las convenciones culturales —⁠en este caso, acatar la prohibición referida a los ciclos menstruales⁠— no debería interferir con su práctica diaria y correcta del budismo.


Notas


1. El capítulo «Rey de la Medicina» es el vigésimo tercero del Sutra del loto. Una frase dice que la mujer que practica el Sutra del loto irá directamente a la Tierra Pura después de morir; este pasaje fue siempre muy valorado por las practicantes.

2. El Daishonin aquí se refiere al principio de la propagación continua hasta la quincuagésima persona, descrito en el capítulo «Los beneficios de responder con alegría» del Sutra del loto. Supongamos, dice el sutra, que alguien escuchara esta enseñanza y se alegrara, y luego la predicase a una segunda persona; que esta también se sintiera feliz y se la transmitiera a una tercera, y así sucesivamente, hasta que cincuenta personas escuchasen el sutra. El beneficio recibido por esta última, a raíz de escuchar la enseñanza con júbilo, sería inmensurable, aun después de cincuenta transmisiones sucesivas.

3. Sesenta volúmenes de comentarios: Se refiere a las tres obras principales de T’ien-t’ai −Gran concentración e introspecciónPalabras y frases del «Sutra del loto» y Profundo significado del «Sutra del loto»−, cada una de las cuales consta de diez volúmenes, más los tres comentarios de Miao-lo sobre dichas obras, cada uno de los cuales también consiste en diez volúmenes.

4. Sutra del loto, cap. 23.

5. Ambas son metáforas budistas, a menudo empleadas por el Daishonin para aludir a algo que sucede muy extraordinariamente. El udumbara es una planta legendaria que, según se afirmaba, daba flor sólo cada tres mil años para prenunciar el advenimiento de un rey que hacía girar la rueda o de un buda. La tortuga tuerta se menciona en el capítulo «El rey Adorno Maravilloso» del Sutra del loto. Véase, en el Glosario, «Tortuga tuerta».

6. Esta es una expresión figurada; el Sutra del loto, en realidad, consta de 69.384 ideogramas.

7. Sutra del loto, cap. 2.

8. Ib., cap. 11.

9. El capítulo «Devadatta» cuenta la historia de la hija del Rey Dragón, quien logró la iluminación suprema en un solo instante gracias al poder del Sutra del loto. Simbolizaba el potencial de la iluminación en las mujeres.

10. Referencia a la tradición budista de dividir los sutras o porciones de ellos, de acuerdo con tres categorías (preparación, revelación y transmisión). En la enseñanza teórica (primeros catorce capítulos) del Sutra del loto, el capítulo «Medios hábiles» se destaca como revelación, y el capítulo «Devadatta» es la transmisión; por eso, el Daishonin dice que el último es «una rama y una hoja» del primero. Cuando se considera el sutra entero en función de estas tres categorías, la revelación está dada por los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida», y el capítulo «Rey de la Medicina» es la transmisión; por eso se considera que este último capítulo es «una rama y una hoja» de los otros dos.

11. Los siete caracteres consisten en los cinco caracteres de Myoho-renge-kyo y dos más correspondientes a los números de volumen.

12. Namu-ichijo-myoten significa «devoción al sutra maravilloso del vehículo único». Era una expresión de devoción al Sutra del loto entonada como cántico religioso

13. El Daishonin se refiere a la amplia creencia de que las deidades autóctonas japonesas eran manifestaciones locales o encarnaciones de budas y bodhisattvas. Este concepto, que se arraigó mucho alrededor del siglo x, reflejaba la tendencia al sincretismo entre elementos budistas y sintoístas.

14. Alusión al precepto de adaptarse a las costumbres locales. Se menciona en Las cinco reglas de disciplina y en el prefacio de Fundamentos de «Las cuatro reglas de disciplina». El precepto señala que, en cuestiones que el Buda no permitió o prohibió en forma explícita, uno debe actuar de acuerdo con las costumbres locales, siempre y cuando no se violen los principios fundamentales del budismo.

15. Comer carne de pescado o de ave también era visto como una fuente de impureza.

16. El Tratado sobre el «Sutra del loto», atribuido a Vasubandhu, contiene un saludo de alabanza a los tres tesoros del Sutra del loto que el Daishonin puede haber interpretado como expresión de devoción a la Ley Mística. El Método de contrición mediante la meditación del loto, texto chino generalmente atribuido a T’ien-t’ai o a su maestro Nan-yüeh, también contiene en varias partes la frase «Nam-myoho-renge-kyo».