—Aunque soy un ignorante creyente laico, de todas las enseñanzas que he escuchado, en el segundo volumen del Sutra del loto hay un pasaje que me impresionó especialmente, y es el que dice: «Ahora, estos tres mundos [son mis dominios]».1
Esta frase del sutra significa que este país del Japón integra los dominios del buda Shakyamuni. Además de que en su reino habitan todas las deidades, como la Diosa del Sol, el gran bodhisattva Hachiman y el emperador Jimmu, y todas las personas, desde el gobernante de la nación hasta el último plebeyo, los seres vivos tenemos una inmensa deuda de gratitud con el Buda por tres razones. En primer lugar, él es nuestro soberano; segundo, es nuestro maestro; y tercero, es nuestro padre. De todos los budas de las diez direcciones, sólo el buda Shakyamuni está dotado de estas tres virtudes. Por ende, aunque todas las personas del Japón aceptaran servir al buda Shakyamuni con la misma sinceridad con que honran al buda Amida, aunque lo colocasen junto a otro buda y lo trataran de la misma manera, así y todo, estarían cometiendo un grave error. Por ejemplo, si tuviésemos un soberano que, además, fuera erudito, pero jurásemos lealtad al gobernante de otro país, o si viviendo en esta nación honráramos al rey de la China o de Koryǒ, e ignorásemos al soberano del Japón, ¿podría alguien considerarnos personas fieles al gran soberano de nuestra tierra?
Todos los sacerdotes del Japón actual son hombres de gran perversidad, peores incluso que Devadatta o que el honorable Kokalika. Y como los laicos los reverencian y les hacen ofrendas, este país se está transformando ante nuestros propios ojos en un infierno del sufrimiento incesante, donde incontables personas en su existencia actual, además de sufrir inanición, pestilencias y agonías atroces nunca vistas en épocas anteriores, serán atacadas por una potencia extranjera. Esto se debe, únicamente, a las funciones de deidades como Brahma, Shakra y las del Sol y de la Luna.
En todo el Japón, sólo yo comprendo por qué suceden estas cosas. Al principio, me pregunté si debía hablar o no. Sin embargo, ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Ignorar acaso las enseñanzas del Buda, que es el padre y la madre de todos los seres vivos? Antes bien, decidí soportar todo lo que recayera sobre mí y comencé a expresar mis convicciones; en estos más de veinte años, me han expulsado de mi morada; han matado a mis discípulos y me han herido; me han desterrado dos veces, e incluso han estado a punto de ejecutarme. Si hablé fue sólo porque sabía desde hacía mucho tiempo que el pueblo del Japón acabaría padeciendo grandes sufrimientos, y porque esto me causaba un tremendo pesar. Así las cosas, los hombres sensatos deberían entender que he enfrentado todas estas penurias en bien de ellos. Si tuvieran conciencia de sus obligaciones o fueran capaces de razonar, estarían dispuestos a recibir uno de cada dos golpes que cayeran sobre mí. Pero, lejos de tener esta actitud, me hacen blanco de su odio, y esto es algo que no alcanzo a comprender. Los laicos, sin llegar a escuchar la verdad, me expulsan de mi morada o detestan a mis discípulos. Es algo incomprensible. Por ejemplo, si insultáramos, golpeáramos o matáramos a nuestros padres por error, habiéndolos confundido con gente enemiga, ¿podríamos eludir la culpa de semejante crimen? Estas personas, incapaces de reconocer su propia insolencia, parecen creer que soy descortés. Son como la mujer celosa e iracunda que, inconsciente de las miradas hostiles que lanza a una cortesana, la acusa a esta de amedrentarla con miradas temibles.
Explique que estas cosas han sucedido únicamente porque el gobernante no ha sabido preguntar [sobre las doctrinas budistas]. Y que el motivo por el cual no se efectuó esta investigación es que las personas de este país son culpables de tantas faltas que su karma negativo las ha destinado, en forma infalible, a ser atacadas por potencias extranjeras en esta vida y a caer en el infierno del sufrimiento incesante en la próxima.
[Y, por favor, agregue algo de este tenor:]
Luego, si el sacerdote [con quien usted mantiene el debate] pone objeción, responda preguntando si lo que usted acaba de decir constituye una idea errónea. Pregúntele si el Sutra del loto contiene o no un pasaje que afirma que el buda Shakyamuni es nuestro padre, maestro y soberano. Si le responde que sí, exíjale saber si existe algún otro que diga que el buda Amida es su padre, soberano y maestro. Si le responde que esa cita existe, insista en preguntarle si tiene dos padres. Pero si dice que no existe, entonces exíjale saber cómo alguien que ha abandonado a su padre puede tratar bien a otras personas. Además, asevere que el Sutra del loto no se parece en nada a los otros sutras, y cite el siguiente párrafo: «En estos más de cuarenta años, [todavía no he revelado la verdad]».4 Si intenta citar la frase: «[Ella] irá de inmediato al Mundo de la Paz y del Deleite»,5 entonces exhórtelo a reconocer que no ha respondido su pregunta en forma satisfactoria. Y si lo admite, entonces explíquele el significado de esta cita.
Debe tener una férrea determinación. No se apegue a su feudo; no piense en su esposa ni en sus hijos. Y no dependa de los demás ni albergue inquietudes. Simplemente decídase. Observe lo que ha ocurrido este año en el mundo, como si fuera un espejo. Usted ha sobrevivido hasta hoy, siendo que tantos han perdido la vida, para poder hoy enfrentar este asunto. Es aquí donde cruzará el río Uji; es aquí donde vadeará el Seta.6 Y de ello dependerá que usted adquiera honor o que deshonre su nombre. A esto se hace alusión cuando se afirma que es difícil nacer como ser humano, y que es difícil creer en el Sutra del loto. Ore intensamente para que Shakyamuni, Muchos Tesoros y los budas de las diez direcciones se reúnan y se valgan de su cuerpo para ayudarlo. Si lo citaran para comparecer ante el administrador, antes que nada explique todo esto en forma minuciosa.
Con mi profundo respeto, Nichiren
En el cuarto día del octavo mes, tercer año de Kenji (1277), signo cíclico hinoto-ushi.
Respuesta a Yasaburo
Notas
1. Sutra del loto, cap. 3. Este pasaje indica las tres virtudes del Buda: «Pero ahora, estos tres mundos son mis dominios [virtud del soberano], y los seres vivos que habitan allí son, todos, mis hijos [virtud del padre]. Este lugar está plagado de dolores y de pruebas. Soy la única persona que puede rescatar y proteger a los demás [virtud del maestro]».
2. Meditación establecida por T’ien-t’ai basada en el Sutra del loto, con el fin de percibir la realidad esencial. Se lleva a cabo durante veintiún días y combina caminatas con meditación en posición sentada, actos de veneración al Buda, arrepentimiento y recitación del sutra.
3. Sutra del loto, cap. 3.
4. Sutra de los infinitos significados.
5. Sutra del loto, cap. 23. La frase significa que una mujer que abraza el Sutra del loto puede, después de la muerte, renacer inmediatamente en el Mundo de la Paz y del Deleite, que es la Tierra Pura de Amida. El Daishonin prevé que el oponente de Yasaburo pueda recurrir a esta cita para justificar su veneración a Amida. Sin embargo, en este contexto, la cita demostraría que el sacerdote considera a otro buda igual a Shakyamuni. Habiéndolo persuadido de reconocer su error, Yasaburo debe explicarle «el significado de esta cita». En otras palabras, esta no ofrece una razón para venerar a Amida, sino una descripción de los beneficios del Sutra del loto.
6. El río Uji es el tramo medio del río Seta, que nace en el extremo sur del lago Biwa; recorre la prefectura de Kioto y, al final, desemboca en la bahía de Osaka. En la Antigüedad, representaba la línea defensiva sudeste de Kioto, la capital, y fue centro de famosas batallas. Debido a su importancia estratégica, cruzar el río Uji determinaba la victoria o derrota de las tropas. Seta, área frente a la naciente lacustre de este lago, era otro punto de defensa estratégico. De este modo, «cruzar el río Uji» y «vadear el Seta» tienen el mismo significado: triunfar en forma decisiva.
Antecedentes
Esta carta fue escrita en Minobu al creyente Yasaburo. Una versión identifica a Yasaburo con un hombre llamado Saito Yasaburo, que vivía en Numazu, provincia de Suruga. El contenido del último párrafo da a entender que pudo haber sido un samurái.
Evidentemente, Yasaburo había solicitado consejo al Daishonin, a fin de prepararse para un debate religioso que mantendría con un sacerdote de la escuela Tierra Pura. Esta carta, que contiene la respuesta del Daishonin, puede dividirse en dos partes. La primera y más extensa describe el argumento general que el Daishonin aconseja emplear en el debate con un seguidor de la escuela Tierra Pura. En la segunda, que comienza: «Luego, si ese sacerdote pone objeción [...]», le indica a Yasaburo cómo presionar a su oponente insistiendo en ciertos puntos específicos y lo insta a armarse de valor con un espíritu inquebrantable.
