Cuando entro en el acervo de los sutras y examino la colección completa que allí se guarda, encuentro que existen dos versiones de los sutras y tratados llevados a la China entre la era Yung-p’ing de la dinastía Han posterior y el final de la dinastía T’ang.1 De las traducciones más antiguas2 hay 5.048 volúmenes, y de las más recientes, 7.399. Cada sutra, en virtud de su contenido, afirma ser la enseñanza más elevada de todas. Sin embargo, al compararlos, resulta que el Sutra del loto es tan superior a todos los demás, como el cielo con respecto a la tierra, y se eleva sobre ellos como una nube sobre el fango del suelo. Si los demás sutras se asemejan a las estrellas, el Sutra del loto es como la luna; y si aquellos brillan como antorchas, fogatas, estrellas o la luna, entonces el Sutra del loto resplandece como el sol. Esta es una comparación de índole general.
Más específicamente, el Sutra del loto contiene veinte principios sobresalientes. Los dos más importantes son las enseñanzas expuestas durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de un gran sistema planetario, y durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de incontables grandes sistemas planetarios. Las primeras se explican en el capítulo «La parábola de la ciudad fantasma», del tercer volumen. Supongamos que alguien muele y reduce a polvo un gran sistema planetario. Luego toma ese polvo y viaja hacia el este a través de mil grandes sistemas planetarios, y allí deja caer una partícula. Sigue avanzando otros mil grandes sistemas planetarios en dirección al este, donde deja caer la segunda mota de polvo. Y así continúa, depositando una partícula cada vez, hasta que agota la totalidad de polvo de todo el gran sistema planetario. Pero entonces, reúne todos los grandes sistemas planetarios que ha cruzado en su trayecto, ya sea que haya dejado en ellos una partícula o no, y los reduce a polvo. Dispone todos los granos de polvo en fila dejando pasar un kalpa entero entre uno y otro, de tal manera que la segunda partícula sólo es colocada una vez que ha transcurrido el primer kalpa, y así hasta que la cantidad de kalpas que han pasado es igual a la cantidad de partículas. Al período total representado por el transcurso de esta larga sucesión se lo conoce como «kalpas numerosos como las partículas de polvo de un gran sistema planetario».
El segundo volumen del Sutra del loto señala: «Constantemente habitará en el infierno, por el cual deambulará como si fuera un jardín, y en los demás malos caminos de la existencia se sentirá como en su propio hogar».4 Los que cometan las diez malas acciones caerán en el infierno del renacimiento incesante para perpetuar la tortura o en el infierno de las cuerdas negras,5 donde deberán permanecer quinientas existencias o mil años medidos en el tiempo del infierno. Los que cometan las cinco faltas capitales caerán en el infierno del sufrimiento incesante y deberán padecer allí durante un kalpa medio, antes de poder nacer otra vez en este mundo.
¿Por qué, entonces, los que abandonan el Sutra del loto caen en el infierno del sufrimiento incesante y deben permanecer allí durante un número de kalpas tan prolongado e inimaginable? En este momento, la mala acción de abandonar la fe en el sutra no parece ser ni remotamente tan grave como la de matar a los propios padres. No obstante, si uno matara a sus padres en una, dos, diez, cien, mil, diez mil, cien mil, un millón e incluso cien millones de existencias, no tendría que permanecer en el infierno durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de un gran sistema planetario. Aunque uno matara a uno, dos, diez, cien, mil, diez mil, o incluso cien millones de budas, ¿debería morar en el infierno durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de incontables grandes sistemas planetarios? Sin embargo, por la grave falta de haber abandonado el Sutra del loto, los tres grupos de discípulos que escuchaban la voz tuvieron que sufrir durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de un gran sistema planetario, y los grandes bodhisattvas, durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de incontables grandes sistemas planetarios. Esto muestra que la gravedad de esta acción es inconcebiblemente atroz.
El Sutra del loto es el ojo de todos los budas. Es el maestro original del buda Shakyamuni, amo de las enseñanzas. Si uno desecha una sola palabra o un solo trazo del sutra, la falta es más grave que la de aquel que mata a sus padres diez millones de veces, o la de quien derrama la sangre de todos los budas de las diez direcciones. Por eso, los que abandonaron el Sutra del loto tuvieron que sufrir durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de un gran sistema planetario o durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de incontables grandes sistemas planetarios. Además, es extremadamente difícil encontrar una persona que exponga este sutra tal como este indica. Menos le cuesta a una tortuga tuerta hallar un trozo de madera de sándalo a flote en las aguas, o a alguien colgar del cielo el monte Sumeru con una fibra extraída de un tallo de loto.
El gran maestro Tz’u-en fue discípulo del maestro del Tripitaka Hsüan-tsang y maestro del emperador T’ai-tsung. Este venerable no sólo dominaba las escrituras sánscritas y chinas, sino que también sabía de memoria todos los sutras del Buda. De la punta del pincel con que escribía caían cenizas del Buda, y de sus dientes manaban rayos de luz.6 Sus contemporáneos lo respetaban como al sol y la luna; y los habitantes de épocas posteriores buscaron sus enseñanzas como guías de la existencia. Aun así, el gran maestro Dengyo lo denunció señalando que, aunque alababa el Sutra del loto, esa persona destruía su propósito esencial.7 La declaración significa que [Tz’u-en], aun teniendo la intención de elogiar el Sutra del loto, en realidad acabó destruyéndolo.
En cierta época, el maestro del Tripitaka Shan-wu-wei fue rey de Udyana, en la India. Abdicó el trono, se hizo monje y, en el transcurso de su práctica budista, recorrió más de cincuenta países del territorio indio hasta que, por fin, llegó a dominar las enseñanzas esotéricas y exotéricas del budismo. Luego, partió a la China y allí fue maestro del emperador Hsüan-tsung. Desde ese entonces, cada uno de los sacerdotes de la escuela Palabra Verdadera, tanto en la China como en el Japón, ha sido discípulo suyo. Pero aun cuando [Shan-wu-wei] era una figura tan ilustre, murió de manera intempestiva atormentado por Yama, amo del infierno, sin que nadie supiera la razón.
Yo, Nichiren, creo que esto sucedió porque aunque Shan-wu-wei, en principio, fue devoto del Sutra del loto, luego leyó el Sutra Mahavairochana y declaró que este era superior a aquel. Del mismo modo, si Shariputra, Maudgalyayana y los demás se condenaron a vagar por los malos caminos de la existencia durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de un gran sistema planetario o durante kalpas numerosos como las partículas de polvo de incontables grandes sistemas planetarios, no fue porque hubieran cometido las diez malas acciones o las cinco faltas capitales. Tampoco fue porque hubiesen perpetrado actos de rebelión o cualquier otro de los ocho delitos,8 sino porque conocieron a alguien que ejerció una mala influencia y abandonaron el Sutra del loto para depositar su fe en enseñanzas provisionales.
Por tal razón, los que tienen fe en el Sutra del loto deberían temer a aquellos que intentan obstaculizar su práctica más que a los bandidos, ladrones, asaltantes nocturnos, tigres, lobos o leones; incluso más que a la invasión actual de los mongoles. Este mundo es el territorio del Rey Demonio del Sexto Cielo. Toda la población ha estado bajo su dominio desde el tiempo sin comienzo. [Este Rey Demonio] no sólo ha construido la prisión de los veinticinco ámbitos de la existencia12 dentro de los seis caminos para confinar en ella a toda la humanidad, sino que además ha convertido a las esposas e hijos en grilletes, y a los padres y gobernantes en redes que impiden ver los cielos. Para engañar el verdadero corazón de la naturaleza de Buda, hace que las personas beban el vino de la codicia, el odio y la estupidez, y las alimenta sólo con platillos que contienen el ingrediente del mal, que dejan a la gente postrada en el suelo de los tres malos caminos. Cuando encuentra personas que se han inclinado hacia el bien, interfiere imponiendo obstrucciones. Su determinación es hacer que los practicantes del Sutra del loto caigan en el mal, pero cuando no tiene éxito, intenta engañarlos poco a poco seduciéndolos con el Sutra de la guirnalda de flores, que se asemeja al Sutra del loto.
Esto fue lo que hicieron Tu-shun, Chih-yen, Fa-tsang y Ch’eng-kuan.13 Así pues, Chia-hsiang y Seng-ch’üan fueron los perniciosos compañeros que, con su astucia, indujeron a los creyentes en el Sutra del loto a retroceder hacia los Sutras de la sabiduría. Del mismo modo, Hsüan-tsang y Tz’u-en los guiaron a practicar el Sutra de los profundos secretos, mientras que Shan-wu-wei, Chin-kang-chih, Pu-k’ung, Kobo, Jikaku y Chisho los tentaron a seguir el Sutra Mahavairochana. Bodhidharma y Hui-k’o los arrastraron en dirección a la escuela Zen, a la vez que Shan-tao y Honen los incitaron con engaño a creer en el Sutra de la meditación. En cada uno de estos casos, el Rey Demonio del Sexto Cielo se apoderó de estos hombres instruidos para engañar a las personas de bien. A eso se refiere el Sutra del loto cuando dice, en el quinto volumen: «Demonios malignos tomarán posesión de los demás».14
El gran demonio de la oscuridad fundamental incluso puede entrar en el cuerpo de bodhisattvas que han llegado a la iluminación casi perfecta e impedirles llegar a la felicidad de la iluminación perfecta derivada del Sutra del loto.
¡Con qué facilidad, entonces, le es posible obstruir a aquellos que están en los niveles inferiores de la práctica! El Rey Demonio del Sexto Cielo se vale de los cuerpos de las esposas e hijos, y hace que estos confundan a sus maridos y padres, y los alejen del Camino. También se vale del gobernante para amenazar al devoto del Sutra del loto, o de los padres y madres para hacer que estos reprendan a sus hijos respetuosos del deber filial.
El príncipe Siddhartha quería renunciar a su título nobiliario, pero ya había concebido a su hijo Rahula. Por eso, su padre, el rey Shuddhodana, lo conminó a posponer su partida y a no adoptar la vida monacal hasta que el niño hubiera nacido. Entonces el demonio se aprovechó de la situación y postergó seis años el alumbramiento.
Lo mismo sucede con los discípulos y seguidores laicos de Nichiren. En el Sutra del loto leemos: «Puesto que el odio y los celos hacia este sutra abundan incluso durante la vida de El Que Así Llega, ¡cuánto peor será después de su muerte!».16 También se afirma: «[El Sutra del loto] provocará mucha hostilidad en el mundo y será difícil creer en él».17 El Sutra del nirvana indica: «Uno puede evitar caer en el infierno a través de sufrir en esta existencia una muerte intempestiva, reconvenciones, insultos, humillaciones, azotes o latigazos, encarcelamientos, hambre, adversidades u otra clase de penurias menores». El Sutra del parinirvana afirma: «Podrán ser despreciados, maldecidos con un aspecto desagradable, ir pobremente vestidos y mal alimentados, buscar riqueza en vano, nacer en una familia pobre y de baja condición, o en una donde se sostengan ideas equivocadas, o ser perseguidos por las autoridades. Podrán verse sometidos a otros diversos sufrimientos y retribuciones. Pero, gracias a los beneficios derivados de proteger la Ley, les será posible disminuir su padecimiento y su retribución en esta existencia».
Ambos han mantenido en todo momento la fe en el Sutra del loto; por dicho motivo se están librando de las graves faltas cometidas en el pasado. Por ejemplo, cuando el hierro es forjado, los defectos del material afloran a la superficie. Sometida a las llamas, una roca se convierte en meras cenizas, pero el oro, expuesto al fuego, adquiere su punto de pureza. Esta prueba, más que ninguna otra cosa, demostrará su fe genuina; las diez demonios sin falta los protegerán. El demonio que apareció para poner a prueba al niño Montañas Nevadas, en realidad, era Shakra; la paloma salvada por el rey Shibi era el rey celestial Vaishravana.18 Incluso es posible que las diez demonios se estén valiendo de sus padres para atormentarlos, con el fin de poner a prueba su fe; así que cualquier debilidad en la fe será causa de lamentaciones. El carro que vuelca en el camino es una advertencia para el que viene detrás.
En una época como esta, sólo podrá serles de ayuda el deseo insaciable de hallar el Camino. Es posible odiar este mundo, pero no escapar de él. El pueblo del Japón sin falta padecerá un terrible infortunio en el futuro cercano. La rebelión19 que estalló en el undécimo día del segundo mes, en el noveno año de Bun’ei (1272), fue como un vendaval que arrasa con las flores o como un incendio infernal que devora la seda. ¿Cómo no deplorar un mundo como el nuestro?
En el décimo mes del undécimo año de Bun’ei, la población de las islas de Iki y de Tsushima fue aniquilada de un golpe.20 ¿Cómo podría alguien decir que no es asunto de su incumbencia? ¡Cuán desgraciados han de sentirse los soldados que marcharon a enfrentar al invasor! Han debido dejar padres ancianos, hijos pequeños, jóvenes esposas y hogares amados para salir a defender el mar con todas las de perder. Cuando ven nubes en el horizonte, imaginan que se trata de banderas enemigas; cuando ven botes pesqueros, piensan que son naves de guerra de los mongoles, y así viven paralizados por el terror. Una o dos veces al día, suben a las colinas para otear la línea del mar; tres o cuatro veces en mitad de la noche, ensillan y desensillan los caballos. Y aunque aún están con vida, ya se sienten en el reino de los asuras. Todo esto y las dificultades que ustedes han tenido que sufrir pueden atribuirse, en última instancia, a que el gobernante de este país se ha convertido en enemigo del Sutra del loto. Su oposición fue instigada por personas que denigran la enseñanza correcta, en particular por aquellos que observan los preceptos y por sacerdotes de las escuelas Nembutsu y Palabra Verdadera. Deben perseverar a través de esta prueba y comprobar por sí mismos los beneficios del Sutra del loto. Yo, Nichiren, también apelaré enfáticamente a las deidades celestiales. Hoy, más que nunca, eviten toda muestra o sentimiento de temor.
Estoy sumamente preocupado por ustedes dos. Por tal razón, les contaré una historia importante para ambos. En una época vivieron en la China dos príncipes llamados Po I y Shu Ch’i, hijos del soberano de Ku-chu. Su padre había legado el título real al hermano menor, Shu Ch’i; así y todo, fallecido el padre, el menor rehusó ocupar el trono. Y aunque Po I urgió a Shu Ch’i a que lo hiciera, este persistió en la opinión de que la corona debía corresponderle al hermano mayor. Ante esto, Po I le preguntó cómo podía contradecir la voluntad de su difunto padre; pero Shu Ch’i, aun aceptando que el legado paterno lo designaba a él en forma explícita, rechazó el trono incapaz de hacer a un lado a su hermano primogénito.
Entonces, los dos abandonaron las tierras del padre y viajaron a otro país, donde entraron al servicio del rey Wen de la dinastía Chou. Poco tiempo después, el Estado fue víctima de un ataque, y el rey Chou, de la dinastía Yin, dio muerte al rey Wen. No habían pasado cien días de su fallecimiento cuando el rey Wu, hijo del difunto, comenzó a hacer planes para atacar al rey Chou. Mas Po I y Shu Ch’i, sujetando las riendas de su caballo, se empeñaron en disuadirlo. «Deberíais guardar luto durante tres años desde la muerte de vuestro padre —le dijeron—. Si declaráis la guerra ahora, ¿de qué forma vuestra conducta podría ser vista como ejemplo de amor filial?».
Estas palabras enfurecieron al rey Wu hasta tal punto que, de no habérselo impedido el consejero real T’ai-kung Wang, el monarca habría matado a ambos hermanos.
Los dos sintieron tal reticencia a seguir tratando con ese rey que se marcharon al monte Shou-yang, donde, recluidos, vivieron alimentándose de helechos. Un día, pasó por allí un hombre llamado Ma Tzu, quien les preguntó:
—¿Por qué os habéis escondido en un sitio así?
Entonces le refirieron la historia.
—Pero si es como contáis —respondió Ma Tzu—, ¿acaso estos helechos no pertenecen también al Rey?
Al escuchar esta reconvención, ambos dejaron de comer las plantas de inmediato.
Como no es propio de los cielos abandonar a los sabios, una deidad se presentó ante ellos con el aspecto de una cierva blanca y les ofreció leche. Y cuando el animal se hubo marchado, Shu Ch’i observó:
—Ya que la leche de la cierva es tan dulce, su carne ha de saber mucho mejor aún.
Po I trató de hacerlo callar, pero el cielo ya había oído sus palabras, de modo que ambos hermanos fueron abandonados de inmediato. Fue así como terminaron muriendo de hambre. Aunque una persona haya actuado en forma virtuosa durante toda su vida, una sola palabra bastará para hacerla hundir en la ruina. Como ignoro qué pensamientos rondarán su corazón, estoy sumamente preocupado por ustedes.
También en las cuestiones mundanas, si los progenitores fomentan una rebelión, el deber filial del hijo es no seguirlos en su proceder. Esto aparece en el Clásico sobre la devoción filial. Cuando el gran maestro T’ien-t’ai inició su meditación sobre el Sutra del loto, vio a sus difuntos padres que, sentados sobre su regazo, le impedían realizar la práctica del budismo. Esta aparición era obra del demonio celestial, que para interferir había adoptado la forma física de su padre y de su madre.
Acabo de citar el relato de Po I y de Shu Ch’i. Hay una lección más que deberían aprender de la historia. El emperador Ojin, hoy el gran bodhisattva Hachiman, fue decimosexto soberano del Japón. El emperador Ojin tuvo dos hijos varones: el primero fue el príncipe Nintoku, y el segundo, el príncipe Uji, a quien el monarca transfirió la corona. Fallecido el padre, Uji pidió a su hermano mayor que ocupara el trono en su lugar, pero este, en cambio, lo reprendió:
—¿Cómo puedes negarte a cumplir la voluntad de nuestro padre? —le dijo.
Y así tornaron a discutir, y durante tres años, nadie se hizo cargo del trono. A raíz de esta situación, el pueblo acabó sufriendo de manera indescriptible. Era como si una maldición pesara sobre el país. Hasta que, por fin, el príncipe Uji pensó: «Mientras yo viva, mi hermano jamás querrá ocupar el trono». Y se suicidó. Tan terribles fueron la angustia y la desesperación del príncipe Nintoku que Uji decidió volver a la vida para brindar a su hermano palabras de aliento, y luego murió una vez más. Según consta en las crónicas, cuando Nintoku por fin ascendió al trono, la nación recuperó la paz y recibió cada año ochenta cargamentos marítimos de tributos procedentes de los tres reinos coreanos de Silla, Paekche y Koguryǒ.23
Existen otros casos de relaciones poco armoniosas entre hijos de soberanos sabios. ¿Qué lazos han llevado a dos hermanos como ustedes a seguir en tan buenos términos? ¿Será que en ustedes han renacido los príncipes Acervo de Pureza y Ojos Puros, o los bodhisattvas Rey de la Medicina y Medicina Superior?24 Cuando el padre de ustedes desheredó a Tayu no Sakan, supuse que Hyoe no Sakan no aceptaría ponerse del lado de su hermano, lo cual haría mucho más difícil que su padre disipara las dudas y anulara la sanción. Pero, si lo que me dijo el niño Tsuruo es cierto, resulta que ambos han tomado la misma decisión. Esta noticia increíble me hizo tan feliz que me puse a escribir otra carta. ¿Acaso podría haber una historia más espléndida que la de ustedes?
—¡Aunque te cueste la vida, nada dirás!
—¡Aunque muera —respondió el hombre—, ni una palabra saldrá de mis labios!
Así pasaron la noche hasta que, justo antes del amanecer, de pronto el hombre profirió un grito, y el ermitaño fracasó de inmediato en su afán.
—¿Cómo pudiste romper tu juramento? —le reprochó—. ¡Qué deplorable!
Hondamente arrepentido, el hombre se explicó:
—Dormité un rato y, en mi sueño, se me presentó mi maestro anterior, quien comenzó a amonestarme. Así y todo, soporté la reprimenda sin decir una sola palabra, pues la deuda de agradecimiento que me unía a usted era mucho mayor. Mi antiguo maestro montó en cólera y amenazó con decapitarme, pero no consiguió que yo abriese la boca. Por fin, me cortó la cabeza, y cuando vi mi propio cadáver en el periplo de la muerte, rumbo a la próxima existencia, mi pesar fue incalculable. Y sin embargo, tampoco hablé. Con el tiempo, renací en una familia de brahmanes, al sur de la India. El dolor que sentí al entrar en el vientre y al salir de él me resultó intolerable, pero contuve el aliento y no lloré. Crecí, llegué a la juventud y contraje matrimonio. Murieron mis padres, nació mi hijo; conocí dichas y pesares, sin jamás proferir una palabra. De esta manera viví hasta los sesenta y cinco años. Entonces mi esposa me dijo: «Si sigues negándote a hablar, mataré al hijo que tanto amas». Y en eso cruzó por mi mente la idea de que, estando en mis últimos años, si mi hijo moría ya no sería capaz de engendrar a otro. Sentí que debía gritar... y de pronto desperté.
—No fuiste lo bastante fuerte —sentenció el ermitaño—. Tú y yo hemos sido engañados por una función demoníaca. Nuestra tarea ha fracasado.
Dolido, el recto hombre se lamentó:
—Por culpa de mi debilidad, usted no ha podido dominar los poderes ocultos...
Pero el ermitaño también reconoció su falta:
—La culpa es mía, por no haberte advertido lo suficiente de antemano...
No obstante, como señala la crónica, fue tan grande la aflicción del hombre por haber defraudado a su maestro que pasó el resto de su vida atormentado y falleció embargado de sufrimiento.
En la China, los poderes ocultos surgieron a partir del confucianismo, y en la India han formado parte de las enseñanzas no budistas. Pero no se aproximan siquiera a las enseñanzas del Hinayana contenidas en los Sutras agama ni mucho menos aún a la enseñanza de conexión, la enseñanza específica o la enseñanza perfecta. Por lo tanto, ¿cómo podrían equipararse al Sutra del loto? Los cuatro demonios se oponen rotundamente a la adquisición de artes superficiales como las del ocultismo. ¿Cuánto mayores serán, entonces, las tribulaciones a las que se verán sometidos los discípulos y seguidores laicos de la persona que, en el Japón, inicia la práctica y la propagación de los siete ideogramas de Nam-myoho-renge-kyo, el principio supremo del Sutra del loto? Es algo imposible de imaginar o de describir con palabras.
La doctrina de los tres mil aspectos contenidos en cada instante vital, revelada en el quinto volumen de Gran concentración e introspección, es especialmente profunda. Si ustedes la propagan, sin falta surgirán las funciones demoníacas. Pues si no ocurriera de ese modo, no habría forma de saber que es la enseñanza correcta. En un pasaje del mismo volumen se lee: «A medida que avanza la práctica y mejora la comprensión, comienzan a surgir los tres obstáculos y los cuatro demonios de manera confusa, pugnando entre sí por interferir. [...] Uno no debería dejarse influenciar ni atemorizar por estas funciones. Pues quien cae bajo su influencia acaba desviándose a los caminos del mal. Y quien les teme no podrá practicar la enseñanza correcta». Esta declaración no sólo se aplica a mí, sino que constituye una guía para mis seguidores. Con profundo respeto, graben esta enseñanza en lo más hondo de su vida y transmítanla como axioma de fe para las futuras generaciones.
Los tres obstáculos que menciona este pasaje son el de los deseos mundanos, el del karma y el de la retribución. El obstáculo de los deseos mundanos se produce cuando la codicia, el odio, la estupidez y otras inclinaciones semejantes nos impiden practicar; el obstáculo del karma son los escollos que nos presentan los hijos o la esposa; y el obstáculo de la retribución son las obstrucciones provocadas por el soberano o los padres. La acción del Demonio del Sexto Cielo —uno de los cuatro demonios— corresponde a esta última clase.
En el Japón de hoy, muchas personas dicen haber dominado la práctica de la concentración y la introspección. Pero ¿hay alguien que haya enfrentado de verdad los tres obstáculos y los cuatro demonios? La declaración «Pues quien cae bajo su influencia, acaba desviándose a los caminos del mal» no sólo se refiere a los tres malos caminos, sino también a los estados de humanidad y de animalidad, y, en general, a los nueve estados. Por ende, excepto el Sutra del loto, todas las demás enseñanzas —las de los períodos Agama, Guirnalda de Flores, Correcto e Igual, y de la Sabiduría, y los sutras del Nirvana y Mahavairochana— guiarán a las personas a los caminos del mal. A la vez, con excepción de la escuela Tendai, los adeptos de las otras siete escuelas28 en realidad son guardianes del infierno que empujan a los demás a los malos caminos. Y aun en la escuela Tendai, hay personas que profesan la fe en el Sutra del loto, pero en realidad guían a la gente hacia las enseñanzas anteriores al Sutra del loto. Ellos también son guardianes infernales que hacen que el pueblo caiga en los caminos del mal.
Ustedes dos, esposas, no deberían lamentarse si sus esposos las perjudican a causa de su fe en esta enseñanza. Si ambas se unen para alentar la fe de sus maridos, seguirán el camino de la hija del Rey Dragón y darán el ejemplo como mujeres capaces de manifestar la Budeidad en esta era corrupta. Mientras actúen así, pase lo que pase, Nichiren pedirá a los dos venerables, a los dos reyes celestiales,30 a las diez demonios, a Shakyamuni y a Muchos Tesoros que les permitan ser budas en cada una de sus existencias futuras. En un pasaje del Sutra de los seis paramitas se nos exhorta a ser maestros de nuestra mente, en lugar de permitir que ella nos domine.
Sea cual fuere el problema que surja, consideren que es apenas un sueño y piensen sólo en el Sutra del loto. Al principio, la enseñanza de Nichiren era muy difícil de creer, pero ahora que mis profecías se han cumplido, los que antes me calumniaban sin razón comienzan a sentir arrepentimiento. Aunque en el futuro otros hombres y mujeres lleguen a ser mis discípulos, nunca podrán reemplazarlos a ustedes en mi corazón. De todos aquellos que abrazaron la fe en los primeros tiempos, hubo muchos que luego la abandonaron por miedo al rechazo de la sociedad. Entre estos últimos, hay quienes se me oponen aún con más fuerza que los que hablaban mal de mí en los comienzos.
En tiempos de Shakyamuni, el monje Sunakshatra comenzó creyendo en el Buda pero luego abandonó la fe y, peor aún, lo calumnió con tal inquina que ni siquiera el Buda pudo evitar que cayera en el infierno del sufrimiento incesante. Esta carta fue escrita, principalmente, para Hyoe no Sakan. También debe ser leída a su esposa y a la de Tayu no Sakan. Nam-myoho-renge-kyo, Nam-myoho-renge-kyo.
Nichiren
En el decimosexto día del cuarto mes, duodécimo año de Bun’ei (1275).
Notas
1. La era Yung-p’ing comenzó en el año 58 d. C. La dinastía T’ang finalizó en 907 d. C.
2. La expresión «traducciones más antiguas» se refiere a los sutras traducidos al chino mayormente por Kumarajiva (344-413) y Paramartha (499-569), que ponían énfasis en transmitir el verdadero significado. Las «más recientes» se refieren a las realizadas por Hsüang-tsang (602-664) y otros traductores tardíos, que dieron mayor importancia a la traducción literal.
3. En Profundo significado del «Sutra del loto», T’ien-t’ai enuncia ciento treinta y seis clases de infiernos: ocho grandes infiernos, cada uno de ellos con dieciséis infiernos subsidiarios. El peor y último de los ocho grandes infiernos es el del sufrimiento incesante. El punto está en que el sufrimiento de la persona difiere de acuerdo con la naturaleza y el grado de las faltas que comete.
4. Sutra del loto, cap. 3.
5. El «infierno del renacimiento incesante para perpetuar la tortura» es el primero de los ocho grandes infiernos, donde las víctimas son heridas con espadas y golpeadas con varas de hierro, pero cuyos cuerpos se regeneran de inmediato para volver a sufrir el mismo tormento. El «infierno de las cuerdas negras» es el segundo de los ocho grandes infiernos, donde a los moradores se los serrucha en dos o se los parte a la mitad con hachas al rojo vivo. Se dice que el sufrimiento en este infierno es diez veces peor que en el del renacimiento incesante para perpetuar la tortura.
6. La referencia se basa en un pasaje de Biografías de sacerdotes eminentes de la dinastía Sung.
7. Principios sobresalientes del «Sutra del loto».
8. Crímenes definidos por el código Taiho (que entró en vigencia en 702) y por el código Yoro (que comenzó a regir en 757). Son: 1) cometer rebelión contra el Emperador, 2) causar daños a los palacios o tumbas imperiales, 3) traicionar a la nación, 4) matar a parientes, 5) matar a la esposa o a más de tres miembros de otra familia, 6) robar o dañar propiedades imperiales o religiosas, 7) faltar al deber de devoción filial con los padres o parientes ancianos y 8) matar al maestro u otro superior.
9. Profundo significado del «Sutra del loto».
10. Sutra del loto, cap. 16.
11. Profundo significado del «Sutra del loto».
13. Tu-shun (557-640), Chih-yen (602-668), Fa-tsang (643-712) y Ch’eng-kuan (738-839) fueron, en ese orden, el fundador y los sucesivos patriarcas de la escuela Guirnalda de Flores. Chia-hsiang (549-623), a quien se menciona en la frase siguiente, a veces figura como fundador de la escuela Tres Tratados; Seng-ch’üan fue practicante de esta misma escuela en los primeros tiempos.
14. Sutra del loto, cap. 13.
15. La historia se menciona en el Tratado sobre la gran perfección de la sabiduría. Una vez, mientras Shariputra practicaba el camino del bodhisattva, un brahmán le suplicó que le diese uno de sus ojos como limosna. Shariputra se lo entregó, pero el brahmán se sintió tan repugnado por el olor que lo arrojó al suelo y lo aplastó con el pie. Al ver esta actitud, Shariputra interrumpió su práctica budista, volvió a caer en la práctica del Hinayana y, por esa razón, no pudo lograr la Budeidad.
16. Sutra del loto, cap. 10.
17. Ib., cap. 14.
18. De acuerdo con el Tratado sobre la gran perfección de la sabiduría y con Guirnalda de relatos sobre nacimientos, la paloma salvada por el rey Shibi era la deidad Vishvakarman. Véase el término “Shibi” en el Glosario.
19. Alusión a un enfrentamiento armado que se produjo en Kamakura y en Kioto, a raíz de una lucha de poder en el seno del clan gobernante Hojo.
20. Referencia a la invasión perpetrada por los mongoles en Iki y Tsushima, islas situadas frente a la costa de Kyushu.
21. El «señor feudal Wada» es Wada Yoshimori (1147-1213), oficial militar del régimen de Kamakura que fue inducido mediante engaño a luchar contra el clan Hojo, y cuya familia entera fue exterminada. La expresión «gobernador de Wakasa» alude a Miura Yasumura (m. 1247), pariente político de los Hojo pero acusado de traición. Él y toda su familia perdieron la vida en combate.
22. Esta frase no aparece en el Sutra sobre la contemplación de la mente como terreno, sino que se la cita en Bosque de gemas en el jardín de la Ley como pasaje extraído del Sutra de la salvación lograda por hombres de fe pura. La «vida budista», en el contexto del sutra, se refiere a la vida monacal, pero aquí el Daishonin le da el sentido de una existencia basada en la fe en la Ley Mística.
23. La historia aparece en Crónicas del Japón, en la parte dedicada al emperador Nintoku.
24. Bodhisattvas que curan las enfermedades físicas y mentales. De acuerdo con el capítulo «El rey Adorno Maravilloso» del Sutra del loto, en una existencia anterior habían sido los hermanos Acervo de Pureza y Ojos Puros, que convirtieron a la enseñanza correcta a su padre, el rey Adorno Maravilloso.
25. La India, la China y el Japón.
26. Introducción a Gran concentración e introspección.
27. Profundo significado del «Sutra del loto», una de las grandes obras de T’ien-t’ai, registrada por Chang-an.
28. Las «otras siete escuelas» son las tres escuelas del Hinayana conocidas como Tesoro del Análisis del Dharma, Establecimiento de la Verdad y Preceptos, más las cuatro escuelas del Mahayana conocidas como Características del Dharma, Tres Tratados, Guirnalda de Flores y Palabra Verdadera.
29. Este pasaje alude a la «Lamentación sobre la muerte», de Lu Chi (261-303), contenida en Antología literaria.
30. Los «dos venerables» son el bodhisattva Rey de la Medicina y el bodhisattva Valeroso Dador; los «dos reyes celestiales» son Vaishravana y Defensor de la Nación.
Antecedentes
El padre, Yasumitsu, era un leal seguidor de Ryokan, prior del templo Gokuraku-ji perteneciente a la escuela Palabra Verdadera-Preceptos; desde hacía más de veinte años se oponía con vehemencia a la fe de sus dos hijos varones. A decir verdad, llegó hasta el extremo de desheredar al mayor en dos ocasiones, en 1275 y en 1277. En el Japón de esa época, la primogenitura era un elemento de importancia vital, que otorgaba al hijo mayor el derecho de heredar tanto los bienes materiales como la posición social de la familia. El individuo prácticamente no existía fuera de su contexto familiar; siglos de rivalidades en el seno de los clanes, luchas por el poder y hasta homicidios testimonian la importancia de ocupar el primer lugar en el linaje hereditario. A los que tenían la desgracia de ser desheredados les aguardaba un sinfín de sanciones sociales y económicas casi imposibles de superar.
Lo que buscaba el padre al repudiar a Munenaka, era exacerbar la rivalidad entre ambos hermanos y tentar al menor, Munenaga, para que abandonara sus convicciones a cambio de heredar el patrimonio familiar. El Daishonin envió cartas de aliento a ambos hermanos y a sus esposas, exhortándolos a unirse y a mantener la fe. En 1278, los hermanos por fin consiguieron que su padre se convirtiera a las enseñanzas de su maestro.
Cuando la salud del Daishonin comenzó a declinar en 1282, a instancias de sus discípulos partió rumbo a las termas de Hitachi. Pero al advertir que su muerte era inminente, abandonó la idea de llegar hasta las termas y decidió detenerse en la residencia de Munenaka, en Ikegami, en la actual Tokio. Allí, después de tomar medidas para asegurar la perpetuación de sus enseñanzas, falleció el día decimotercero del décimo mes, en 1282.
