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lunes, 22 de junio de 2026

Gosho - Las funciones de Brahma y de Shakra



El decimocuarto día del quinto mes recibí la alforja de taros1 que usted se tomó la molestia de enviarme. Si se tiene en cuenta el gran esfuerzo que lleva cultivar taros, hoy estos resultan tan preciados como las joyas o las medicinas. Responderé la petición que usted me hace en su carta.

Hace mucho tiempo vivió un hombre llamado Yin Chi-fu.2 Tenía un solo hijo, de nombre Po-ch’i. Padre e hijo eran igualmente sabios; costaba imaginar que alguien quisiera separarlos. Sin embargo, la madrastra de Po-ch’i a menudo hablaba mal del joven ante su esposo. Chi-fu, no obstante, nunca le prestaba atención. Sin flaquear, durante varios años la mujer puso en marcha diversos ardides contra su hijastro. Una de sus intrigas consistió en ponerse una abeja entre los senos, ir corriendo hacia Po-ch’i y pedirle que le quitara el insecto, no sin antes asegurarse de que su marido presenciara la escena. Luego, con intención de que el padre acabara con el joven, lo acusó de haberse propasado con ella.3

Bimbisara fue un sabio rey, el más grande seguidor laico del Buda en toda la tierra de Jambudvipa. Más exactamente, era monarca de Magadha, el estado donde el Buda se dispuso a predicar el Sutra del loto. Puesto que al Rey y al Buda los unía el mismo propósito, la propagación del Sutra del loto en Magadha parecía un hecho seguro. Pero un hombre llamado Devadatta quería impedirlo a toda costa, a pesar de que sus intentos fracasaban en forma sistemática. Tras mucho pensarlo, Devadatta decidió hacerse amigo del príncipe Ajatashatru, hijo del rey Bimbisara, y durante años enteros fue ganando poco a poco su confianza. Cuando esta confianza fue total, se dispuso a separar al padre del hijo. Así, fue envolviendo en sus redes al Príncipe hasta convencerlo de que matara a su propio padre, el rey Bimbisara.

Y cuando Ajatashatru, ya en poder del trono, desarrolló la misma inclinación que Devadatta y ambos aliaron fuerzas, Magadha se llenó de hombres malvados y de personas no budistas que acudieron en tropel desde las cinco regiones de la India, tal como se juntan las nubes o se esparce la neblina. A fuerza de lisonjas, Ajatashatru los sedujo entregándoles tierras y tesoros. Y de ese modo el monarca del Estado se convirtió en archienemigo del Buda.

Al ver eso, el Rey Demonio del Sexto Cielo del Mundo del Deseo descendió sobre Magadha con sus huestes incontables y se apoderó del cuerpo de DevadattaAjatashatru y sus seis ministros, entre otros. Así pues, aunque exteriormente todos parecían seres humanos, en realidad blandían el poder del Rey Demonio del Sexto Cielo, y por eso causaban más espanto, alarma y pavor que los huracanes que doblegan la hierba y los árboles, que las borrascas que levantan grandes olas en el mar, que los sismos que hacen trepidar el suelo, que el fuego insaciable que devora una casa tras otra.

Incitado por Ajatashatru, un rey llamado Virudhaka diezmó con su espada a cientos de miembros del clan al que pertenecía el buda Shakyamuni. El rey Ajatashatru soltó una estampida de elefantes ebrios en dirección a incontables discípulos del Buda, que murieron pisoteados por los animales. Y muchos discípulos más murieron en emboscadas que los soldados del Rey habían tendido a la vera de los caminos, o perecieron enfermos por tomar agua contaminada con excrementos, o inculpados de falsos crímenes4 que les habían atribuido diversas mujeres, persuadidas por el Rey. Shariputra y Maudgalyayana sufrieron terribles persecuciones,5 y Kalodayin fue enterrado en estiércol equino.6 Y el Buda se vio obligado a sobrevivir los noventa días de un verano entero comiendo forraje para caballos.

La gente pensaba que, tal vez, ni siquiera el poder del Buda sería suficiente para contrarrestar el de esos malvados. Incluso los que creían en él se tragaban las palabras, callaban y cerraban los ojos para no ver. Sólo hacían gestos de impotencia con las manos,7 mudos de consternación. Por fin, Devadatta mató a golpes a la monja Utpalavarna, madre adoptiva de El Que Así Llega Shakyamuni,8 y llegó a causarle al Buda una herida sangrante. En tales circunstancias, ¿quién hubiera dado crédito al Buda?

Pero de alguna manera, pese a todas esas persecuciones, el Buda finalmente logró predicar el Sutra del loto. Un pasaje de ese sutra expresa: «Puesto que el odio y los celos hacia este sutra abundan incluso durante la vida de El Que Así Llega, ¡cuánto peor será después de su muerte!».9 Esta frase significa que si los enemigos del Sutra del loto ejercieron una feroz oposición a dicha enseñanza aun durante la existencia del Buda, con mayor razón entonces perseguirán a aquellos que, en la última época, prediquen el Sutra del loto y crean en un solo carácter o en un solo trazo del Sutra del loto.

A la luz de esta cita, parecería que en los más de dos mil doscientos veinte años transcurridos desde que el Buda expuso el Sutra del loto, ni una sola persona vivió dicha enseñanza como lo hizo el Buda. Sólo puede decirse que alguien comprende exhaustivamente el Sutra del loto cuando ha podido soportar terribles persecuciones. Los grandes maestros T’ien-t’ai y Dengyo tal vez hayan dado la impresión de ser devotos del Sutra del loto, pero no sufrieron persecuciones tan severas como las que soportó el Buda durante su vida. Sólo se vieron ante dificultades menores: a T’ien-t’ai se le opusieron las tres escuelas del sur y las siete escuelas del norte de la China; y a Dengyo, los siete templos principales de Nara. Ninguno de ellos fue perseguido por el soberano del Estado, ni atacado por hordas portadoras de espadas o insultado por toda la nación. [Según el Sutra del loto], quienes crean en el Sutra del loto después de la muerte del Buda, sufrirán obstáculos aun más terribles que los que este soportó. Sin embargo, ni T’ien-t’ai ni Dengyo padecieron una oposición tan dura como la que debió afrontar el Buda, para no mencionar las persecuciones aun mayores o más numerosas.

Cuando ruge el tigre, sopla el vendaval; cuando canta el dragón, se forman nubes.10 Sin embargo, el chillido de la liebre o el rebuzno de un asno no provocan vientos ni nubarrones. Mientras los necios lean el Sutra del loto, y los sabios diserten sobre él, el país permanecerá tranquilo y sin disturbios. Pero está establecido que, cuando surja un venerable y predique el Sutra del loto exactamente como lo hizo el Buda, la nación quedará a merced de los disturbios, y se desatarán persecuciones más grandes que las habidas durante la vida del Buda.

Ahora bien, en lo que a mí concierne, no soy sabio y mucho menos, venerable. Soy la persona más perversa del mundo. Sin embargo, mis actos parecen concordar en forma exacta con lo que enseña el sutra. Por eso, cada vez que me veo ante una gran adversidad, mi júbilo es incontenible; más grande, incluso, que el que sentiría si mis padres fallecidos volvieran a la vida, o el que sentiría alguien si viera caer en desgracia a la persona que odia. Mi alegría suprema es pensar que el Buda pueda considerar venerable a un hombre tan simple y necio como yo. Supongamos que hubiera sabios que observan estrictamente los doscientos cincuenta preceptos, y a quienes toda la nación les concede un gran respeto, superior incluso al que sienten todos los seres vivos por el mismísimo señor Shakra. Pero ¿y si, a pesar de todo, a los ojos del buda Shakyamuni y del Sutra del loto esas personas fueran tan siniestras como Devadatta? Tal vez parezcan dignas de respeto ahora, pero ¡qué horrores les esperarán en su próxima existencia!

Si se rumoreara que usted parece ser devoto del Sutra del loto, tanto las personas cercanas como aquellas que no lo son tanto comenzarán a advertirle de pronto, con aires de buenos amigos: «Si crees en el sacerdote Nichiren, seguramente terminarás en el mal camino. Y, para peor, te ganarás la desaprobación de tu señor feudal».

Como las intrigas que trama la gente son algo temible, aun para los sabios, lo más seguro es que usted en última instancia termine abandonando su fe en el Sutra del loto. Así las cosas, no cometa la imprudencia de revelar que es creyente. Las personas poseídas por un gran mal, en cuanto logran que un creyente se eche atrás, utilizan a ese individuo como medio para que muchas otras abandonen la fe.

Tiempo atrás, Sho-bo, Noto-bo y la monja laica de Nagoe11 fueron discípulos de Nichiren. Dan la impresión de ser gente sabia, pero en realidad son profundamente codiciosos, cobardes y necios. Cuando el peso de las persecuciones recayó sobre mí, ellos aprovecharon para convencer a muchos de mis seguidores de que abandonaran la fe. Si usted se deja convencer, muchas personas de Suruga que parecen creer en el Sutra del loto y otras que están por abrazar la fe descartarán el sutra, sin excepción. En la provincia de Kai hay gente que ha manifestado el deseo de abrazar esta fe. Pero yo establecí como requisito que no se les permitiera unirse a nosotros hasta que su decisión no fuese bien firme. Algunos, pese a su comprensión limitada, fingen tener una fe inamovible y hablan con actitud despectiva a los demás creyentes, perturbando a menudo la fe de los otros. Guarde una estricta distancia de estas personas. Con toda seguridad, ya llegará el día en que toda la nación japonesa abrazará la fe en el Sutra del loto, a través de las funciones de BrahmaShakra y otras deidades. Y cuando llegue ese día, téngalo por cierto, muchas personas dirán haber creído desde el comienzo.

Si su fe es firme, decida con actitud pura y sincera:

«Mantengo la fe, no por los demás, sino en bien de mi difunto padre. No les corresponde a los demás ofrecer ceremonias recordatorias en su nombre; yo, en cambio, soy su hijo y es mi deber orar por su reposo. Administro una aldea. Con la mitad de mis ingresos haré ofrendas en bien de mi padre fallecido, y con la otra mitad, alimentaré a mi esposa, a mis hijos y a los miembros de mi clan. Y ante cualquier emergencia, daré mi vida por mi señor feudal».

Hable en tono moderado, sean cuales fueren las circunstancias. Si alguien intentara debilitar su convicción en el Sutra del loto, considere que se está poniendo a prueba su fe. Responda con ironía:

«Aprecio profundamente sus advertencias. Sin embargo, no las desperdicien en mí, pudiendo aprovecharlas ustedes. Sé muy bien que nuestro amo no aprueba mi fe. Es absurdo que vengan a amenazarme en nombre de él. Estaba pensando en ir a visitarlos a todos para ofrecerles consejo, pero veo que se me han adelantado. Tengan la plena seguridad de que ya habrán de unir las palmas de las manos implorando mi ayuda, cuando ustedes, junto a sus amadas esposas e hijos, sean arrastrados ante el rey Yama».

Es muy posible que sea verdad todo lo que me cuenta sobre Niida.12 También he oído hablar de la gente de Okitsu.13 Si la situación lo exigiera, actúe tal como hicieron ellos. Y si alguien de rango le recriminara su fe, piense que está frente a un sabio adversario del Sutra del loto, y que esto es algo tan raro y extraordinario como la floración de la planta de udumbara o como la posibilidad de que una tortuga ciega encuentre a flote un tronco de sándalo [con un hueco del tamaño justo para contenerla en su interior].14 Ante una situación así, responda con determinación y firmeza.

Se conocen casos de personas que gobernaban mil o diez mil chos de tierra y, por cuestiones triviales, fueron ejecutadas sumariamente y despojadas de sus territorios. Si usted, en este momento, tuviera que dar la vida por el Sutra del loto, ¿tendría acaso algo que lamentar? El bodhisattva Rey de la Medicina se quemó el cuerpo durante mil doscientos años y llegó a ser un buda. El rey Suzudan ofreció a su maestro su propio cuerpo como lecho durante mil años, y gracias a ello renació como el buda Shakyamuni. No se equivoque: si ahora abandona la fe en el Sutra del loto, será el hazmerreír de sus adversarios. Ellos fingirán descaradamente ser sus amigos, pero tratarán de manipularlo para que reniegue de su fe; y cuando eso ocurra, se reirán de usted y lo expondrán a las burlas de los demás. Déjelos que digan lo que quieran. Y entonces responda:

«En vez de darme consejos frente a tantas personas, ¿por qué no se hacen todas estas advertencias a ustedes mismos?».

Habiendo hablado así, levántese de inmediato y retírese.

Por favor, hágame saber dentro de un día o dos todo lo que haya ocurrido desde la última vez que me escribió. Son tantas las cosas que quiero decirle, que no puedo referirme a todas en esta oportunidad. Lo haré en mis próximas cartas.


Con mi profundo respeto, Nichiren


En el decimoquinto día del quinto mes, tercer año de Kenji (1277).

 

Respuesta a Ueno


Notas


1. El taro es una especie de ñame comestible de origen asiático.

2. Ministro que sirvió al rey Hsüan, undécimo soberano de la dinastía Chou de la China, quien reinó desde 828 hasta 782 a. C. Se dice que ayudó a Hsüan a restaurar la suerte de la dinastía en desgracia.

3. Esta historia aparece en Relatos de épocas pasadas. Con esa intriga, la madrastra logró que Chi-fu sospechara. Po-ch´i, angustiado, dejó el hogar y se ahogó.

4. Con el fin de desacreditar a los seguidores del Buda y de provocar animosidad contra ellos, Ajatashatru convenció a las mujeres de que fingiesen haber sido ultrajadas por esos seguidores.

5. Según Reglas monásticas sobre diversas cuestiones, cuando Shariputra y Maudgalyayana, destacados discípulos de Shakyamuni, se hallaban en Rajagriha para propagar el budismo, refutaron al maestro de un grupo de brahmanes. A causa de ello, la gente los atacó con palos, y se cree que así encontró la muerte Maudgalyayana.

6. De acuerdo con Las diez divisiones de las reglas monásticas, Kalodayin, discípulo del buda Shakyamuni, recibió ofrendas de una mujer cuando mendigaba en Shravasti. El marido, poseído por los celos, mató a Kalodayin y enterró su cabeza en estiércol de caballo.

7. Gesto que se usa para aconsejar silencio a los demás.

8. Tal como relatan casi todas las crónicas, la madre adoptiva de Shakyamuni fue su tía materna, Mahaprajapati, bajo cuya supervisión se dice que la monja Utpalavarna alcanzó el estado de arhat. La historia de Utpalavarna se encuentra en el Tratado sobre la gran perfección de la sabiduría.

9. Sutra del loto, cap. 10.

10. Referencia a un refrán chino tradicional. Según la creencia popular, el rugido del tigre hace que se levanten vendavales, y el canto del dragón provoca la lluvia. Nichiren Daishonin cita esos dichos para indicar que una gran acción trae como resultado una repercusión de la misma magnitud.

11. Discípulos del Daishonin que abandonaron la fe. Se cree que Sho-bo comenzó a dudar del Daishonin aproximadamente en la época del exilio a Izu, en 1261. En cuanto a Noto-bo, se supone que hizo lo propio cerca de 1271. La monja laica de Nagoe, esposa de Hojo Tomotoki —⁠hermano menor del tercer regente Yasutoki⁠— abandonó la fe en una época cercana a la persecución de Tatsunokuchi, en 1271.

12. Niida Shiro Nobutsuna, seguidor del Daishonin que vivía en Hatake, provincia de Izu. Fue hermano mayor de Nichimoku Shonin (1260-1333), y su madre, hermana mayor de Nanjo Tokimitsu. Junto a Tokimitsu y a otros, se esforzó por propagar las enseñanzas del Daishonin en el norte del Japón. No está claro qué tipo de informe había presentado Tokimitsu sobre él, pero, tal vez, el Daishonin se refiera a que Niida nunca sucumbió a las persecuciones, sino que mantuvo una firme fe.

13. Aldea costera en la bahía de Suruga. La expresión «gente de Okitsu», tal vez aluda a Joren-bo, un discípulo oriundo de este lugar que mantenía una estrecha conexión con el sacerdote laico Takahashi, del distrito de Fuji, y con otros seguidores.

14. Según la tradición, la planta de udumbara florece una vez cada tres mil años, para anunciar el advenimiento de un buda. La analogía con la tortuga ciega se menciona en el capítulo vigésimo séptimo del Sutra del loto, que afirma que encontrar al Buda es tan extraordinario como, para una tortuga tuerta, encontrar un tronco de sándalo flotando con un agujero en el que pueda caber. 


Antecedentes


Esta carta, escrita en Minobu en 1277, se titula Las funciones de Brahma y de Shakra, porque contiene el pasaje: «Ya llegará el día en que toda la nación japonesa abrace la fe en el Sutra del loto, a través de las funciones de BrahmaShakra y otras deidades». Aquí, Nichiren Daishonin alienta al joven Nanjo Tokimitsu, de diecinueve años, a mantener su fe. Este discípulo había sucedido a su padre como administrador de la aldea de Ueno, situada en el distrito Fuji de la provincia de Suruga. También le aconseja cómo responder a quienes traten de amenazarlo o de engañarlo para que abandone su fe. Pues, si logran su cometido, advierte el Daishonin, usarán a Tokimitsu «como medio para que muchas otras [personas] abandonen la fe».